UN SERVIDOR se ha equivocado al considerar a este Gobierno que tenemos en Canarias según los resultados de las elecciones autonómicas del 27-M, un Ejecutivo serio, como Canarias requiere y como Dios manda. Afirmo ahora, cuando, desgraciadamente, ya no podemos dar marcha atrás, que me he llevado la peor sorpresa que haya podido recibir y que, de sospechar lo que está ocurriendo, hubiera votado y aconsejado el voto a Juan Fernando López Aguilar, candidato del PSOE aunque yo no soy socialista ni simpatizante de este controvertido sujeto, a quien rechazo por haber cometido varios disparates, que demuestran su catadura. Sin embargo, López Aguilar, pese a que no aplaudo, insisto, su comportamiento, sé que, en lo que dijo, hubo verdades y buenas intenciones en un político. Y a su rival nacionalista, Paulino Rivero, de quien tenía otro concepto más positivo de su amor a Canarias y a los canarios, tengo que desagradecerle el que haya ocultado sus intenciones, no haya expuesto programa alguno, y se haya parapetado tras esa apariencia de hombre honrado, inofensivo, bueno y trabajador, cuando, además de unas cualidades, en un político, lo primero debe ser la inteligencia y la preparación, por la carencia de las cuales, dije antes de las elecciones que no daba la talla. Y lamento no haberme equivocado. Si Paulino Rivero y sus partidarios hubieran proclamado, como parte de su programa de Gobierno, en su campaña electoral, que una de sus primeras medidas a tomar hubiera sido aumentar los altos cargos de su Gobierno, ya con exceso de enchufados y bienpagados, en 118 personas, de dudosa preparación y merecimiento. De permitirle a una consejera de su Ejecutivo cometer una irregularidad rozando lo delictivo y, coincidiendo con una muy próxima elevación de precios de los alimentos básicos, anuncie el aumento de altos cargos y altos sueldos en su Gabinete, lo hubieran votado solamente sus familiares más próximos y sus adulones, porque el pueblo está cansado de elegir para cargos políticos a personas que entienden que la caridad empieza por uno mismo y los amigos.
Para el Gobierno del señor Rivero, el cambio climático, en vez de traernos agua y nieve, por lo visto, nos trajo lluvias de euros. Además del supergasto de un tranvía que no era de necesidad imperiosa, ahí tenemos esperando el Anillo Insular, los trenes al Sur y al Norte, los gastos en los adefesios de la Plaza de España y cara marítima de Santa Cruz, la Sanidad por los suelos. Un Puerto de Granadilla necesario sin idea de cuándo van a empezar las obras y los gastos sociales que tanto cuida el Gobierno de la Nación, aquí son cosa secundaria. Todo el dinero es poco para los nuevos altos cargos.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD