Santa Cruz de Tenerife
FELIPE JUAN GONZÁLEZ GARCÍA

San Juan de la Rambla y las fiestas de San José

30/ago/07 1:13 AM
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EL AMBIENTE FESTERO se nota en estos días en todo el área donde El Santo ejerce su patronazgo. En las fechas previas a la celebración de la fiesta, cuyo día solemne corresponde al lunes siguiente al segundo domingo del mes de septiembre, los vecinos se movilizan para adecentar las fachadas de las casas más deterioradas y tomar las medidas oportunas de higiene y limpieza de sus hogares, así como decidir sobre el mejor menú y el mejor vino para atender al amigo o familiar que, habitualmente, por tan destacadas fechas, suele hacer acto de presencia.

Por otro lado, la comisión responsable de los actos "pone la carne en el asador" tratando de recaudar los ingresos suficientes que permitan llevar a cabo la programación que consiga -que no es nada fácil- el gusto unánime de jóvenes y mayores. Por eso se afanan en incrementar la recaudación, yendo casa por casa, intentando persuadir al vecindario, cuyo estímulo consiste en disparar cohetes en función de la cantidad aportada espontáneamente por cada "contribuyente". Incluso el propio Ayuntamiento, además de proporcionar todas las facilidades necesarias, también "arrima el hombro" con una cantidad en metálico que, aunque no sea habitualmente generosa, viene como anillo al dedo para engrosar el activo destinado a tal fin. El caso es que siempre la comisión se ve obligada a realizar auténticos malabarismos para que el desarrollo del programa se acerque lo más posible al gusto de todos.

Hay que hacer constar que la fiesta en honor de San José, en medio siglo, ha sufrido un cambio asombroso, salvo las actividades de índole religiosa, todo el aspecto profano ha cambiado totalmente. Ya no se ve por ninguna parte aquel sabor a parrandas y ventorrillos de antaño. Todas las actuaciones han dado un giro de ciento ochenta grados. Antes, con motivo de la bendición del ganado, se contemplaban ejemplares de vacuno y caballar de singular belleza. Hoy, el problema del progreso: el cúmulo interminable de vehículos que, únicamente, respiras hondo cuando encuentras un aparcamiento no muy lejano.

Igualmente, los que pasamos la infancia y juventud en aquel medio rural, recordamos con lamentable nostalgia la prioridad que tenían las labores de trilla en relación con la fiesta del Santo Patrono. Todo lo demás se dejaba; sin embargo, si te tocaba el turno de trilla en esos días, había que olvidarse de la fiesta. La cosecha del año, por un sólo día, podía sufrir alguna contrariedad climatológica y había que impedir ese riesgo. Sobre todo, y con razón, esa era la mentalidad de los mayores.

En fin, son muchos los ejemplos que podemos contar a los jóvenes acerca de la verdadera metamorfosis -como todo en general- de los cambios experimentados. Todos, o casi todos, para bien, afortunadamente.