HAY ALGO PEOR que tropezar dos veces en la misma piedra: tropezar por primera vez tras presenciar el batacazo ajeno. Por ello, los primeros pasos del nuevo Gobierno autonómico tras unas elecciones en las que Coalición Canaria recibió un duro varapalo en Canaria, al que se sumó un pequeño castigo en Tenerife, no cabe calificarlos sino como una reedición de los gravísimos errores que cometieron el presidente Adán Martín y su corte de aduladores de todo aquello que luciese u oliese a canarión. Pensaban Martín y sus allegados que preocupándose más por Canaria que por las restantes islas, que invirtiendo más en Canaria que en los otros territorios del Archipiélago, los electores de la plaza canariona iban a caer rendidos a los pies de los nacionalistas, lo que fortalecería a dicha opción política. Craso error, de planteamiento y de conocimiento de una realidad que es la que es, y que nadie va a poder cambiar empleando una fórmula tan simplona. Los canariones, apegados como siempre a los partidos estatalistas, a todo aquello que mantenga una conexión directa y sumisa con Madrid, se decantaron mayoritariamente por el PSOE y el PP e infligieron una derrota a los nacionalistas que sólo cabe calificar de ridícula, toda vez que prácticamente han desaparecido del mapa en aquella isla. La lección fue contundente, de esas que no se olvidan jamás. Sin embargo, el nuevo Ejecutivo comandado por Paulino Rivero parece mirar hacia otro lado e incide nuevamente en el mismo error. La historia, no sólo porque lo digan los entendidos, sino porque lo dicta el sentido común, está para ser analizada y, cómo no, para evitar un nuevo tropiezo en la misma piedra. El recién estrenado equipo gobernante, sin embargo, parece estar empeñado no en evitar la piedra, sino en machacarla a cabezazos. Cuando la cabeza les sangre, cuando no les quepa una herida más sobre la testa descarnada, se darán cuenta de que la piedra se mantiene intacta y conserva todas y cada una de sus aristas.
Y es que primero fueron las declaraciones de Rivero obviando lo obvio, que la Virgen de Candelaria es la Patrona General de Canarias, que lo es porque lo es, no porque lo diga EL DÍA . Y ahora resulta que nos enteramos, a través de una información de este mismo periódico, cómo no, del trato de favor que el Servicio Canario de Empleo está brindando a Canaria en detrimento del resto de las Islas. No nos inventamos nada: ahí están las declaraciones y las cifras. Y por supuesto que no ignoramos que se trata de un Ejecutivo de coalición con el PP, un partido fuertemente procanarión y proestatal que tratará por todos los medios de barrer para casa, pero Coalición Canaria, su líder, el presidente del Gobierno, está obligado a impedirlo.
El panorama que se avecina resulta contundentemente nítido: si Coalición Canaria no corrige su desaforado "amor" por los "desagradecidos" canariones, serán Tenerife y las restantes islas occidentales quienes le censuren en las urnas, lo que supondría prácticamente su desaparición y, con ello, el desastre total para Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura, que quedarían a merced de los poderes fácticos de Las Palmas, tan aficionados a hacer desaparecer lo que les hace sombra. Coalición Canaria debería recapacitar y darse cuenta de que su supervivencia, su fortalecimiento, es más importante para el Archipiélago de lo que sus propios dirigentes creen.
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