LA SEMANA PASADA, refiriéndome a los incendios forestales en las Islas, uno de ellos al menos provocado, hacía hincapié en la importancia de la prevención, superior incluso que el disponer de medios aéreos, por muy actualizados que estos sean, porque lo mejor que puede ocurrir es que no haya incendios o se aborten en sus inicios, porque una vez desencadenado, según los vientos, las condiciones climatológicas en general y la morfología del terreno, puede hacerse ingobernable, especialmente en sus inicios, que es cuando normalmente presenta más virulencia, como ocurrió en esta ocasión en Tenerife, que en las primeras 72 horas se quemaron la mayoría de las zonas. Para lograr esto es necesario disponer de personal capacitado, conocedor del terreno y de los procedimientos de extinción, por supuesto dotados de los medios adecuados.
En España, según las estadísticas, la gran mayoría de los incendios forestales son provocados por la mano del hombre, bien por negligencia, bien a propósito, por motivos mercantiles (posible urbanización de los terrenos), por enfermedad (pirómanos, los menos), por venganza, para poder ser contratados (como en el caso de Las Palmas de G.C.), etc. Procede por tanto un endurecimiento de las leyes, en los últimos incendios de Galicia, otra autonomía castigada por este flagelo, se detuvo a una serie de personas y la gran mayoría han sido puestas en libertad, prohibir en un plazo suficientemente disuasorio la posible venta y urbanización de los terrenos quemados, y por supuesto disponer de suficiente personal cualificado y profesional para el cuidado y vigilancia del monte arbolado, y desde luego dedicado a esta función durante todo el año para que de esta forma conozca el terreno y los vecinos, con su manera de pensar y actitudes.
En mi artículo anterior hice referencia al organismo de Extensión Agraria como custodia y vigilancia de los montes, me cabe la duda de si realmente es este organismo o el SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza), en cualquier caso, se trata de la necesidad de contar con personal profesional los 365 días del año al cuidado de los montes, y si este personal está centralizado mejor, porque no tendrán duda de quién dependen y se evitarán las órdenes y contraordenes tan perjudiciales. La figura del Mando Único y el disponer de protocolos y Planes de Emergencia es fundamental.
Se ha hablado y escrito mucho en estos días sobre la humilde "pinocha", que si bien al menos en Tenerife dicen que se propagó por las copas de los árboles, en otros casos suele ser la causa más probable de los incendios y de su propagación. Anteriormente era recogida por las "pinocheras", porque era rentable hacerlo y estaba permitido, se usaba como cama para el ganado, para empaquetar los racimos de plátanos, etc., hoy en día se han buscado otras soluciones. Todo empezó cuando algunos ecologistas y biólogos opinaron que sería bueno dejarla en el monte sin recoger, para abono o algo similar, la realidad es que desde siempre los bosques se habían desarrollado normalmente aunque se recogiera la pinocha, y se evitaba la posible causa del posible incendio. Todavía hay gente interesada en recoger la pinocha, pero al haber fincas particulares y "subastadas", no suficientemente informadas para conocimiento de este personal, no se les permite esta labor. Debería obligarse a estas propiedades a tener limpio el monte, y en las fincas de propiedad pública no subastadas no sólo se debería permitir esta labor, sino incentivarla económicamente, todo menos mantener esta posible causa de incendio. La pinocha podrían, si no se necesita ya para otros menesteres, trasladarla a puntos determinados y que la universidad, o el Instituto Tecnológico Regional (ITER), investiguen y le den una salida lo más sostenible posible, si fuera posible con algún rendimiento: combustible, biocombustible, abonos...
Otro tema a considerar para proteger al monte sería el evitar el abandono de las tierras cultivadas que lo rodean, que se convierten fácil y rápidamente en barbechos muy inflamables, y posible causa de incedios o de su propagación. Los Cabildos como organismos insulares deberían buscar fórmulas para que esto no se produzca, bien mediante subvenciones (nunca mejor empleadas), obligando a poner en producción zonas no cultivadas, en general haciendo más atractivas y rentables las labores del campo, tratando de involucrar a la juventud en un trabajo que nos asegura nuestra propia supervivencia, pues se espera un importante encarecimiento de las materias primas. No hace mucho en Tenerife existía una variedad de papas riquísimas, sobre lo que escribí en uno de mis artículos, y ahora a veces hay que comprar papas inglesas (King Edward), a donde nosotros exportábamos, para comer unas papas decentes. El turismo no es la panacea aunque nos haya traído épocas de prosperidad, pero es algo voluble y si se repitieran los incendios y la falta de seguridad actuales, junto a la competencia de zonas turísticas próximas, muchas con capital canario, puede darnos una desagradable sorpresa. Con lo que se ha pagado por los 15 helicópteros, 3 aviones de carga, 2 brigadas helitransportadas, una enormidad de vehículos especiales y el costo de la reforestación, ¿cuántos agentes forestales se podían haber contratado todo el año?, y muy posiblemente tendríamos nuestros montes intactos, o un poco chamuscados.
Se gasta demasiado en grandes edificios e importantes y costosos eventos, sin embargo se han adelgazado hasta extremos inverosímiles, con el consiguiente aumento del paro, el personal básico dedicado a tareas de vigilancia y custodia: revisores de guaguas, vigilantes de parques y jardines, servicios públicos (no hay), y agentes forestales entre otros, antes tenían sus casas en medio del monte y se sabía que estaban allí, se les veía y actuaban. En cierto modo, ha habido suerte, no se han producido víctimas (sí de la fauna, difícil de recuperar), pero se han perdido muchos efectos personales, entrañables, insustituibles, que las "posibles" subvenciones, cuando lleguen (si llegan) no pueden compensar. ¡Que les pregunten a los del Delta!
Para terminar, dos palabras sobre la Unidad Militar de Emergencias, ¡la unidad del presidente!, con ella han decubierto una gran unidad de bomberos, como la que existe en París, para su control y el de su entorno o en Lisboa. Pero a mí no me parece lógico, ni creo que haya antecedentes de una unidad militar cuya misión principal sea acudir a emergencias de protección civil, a pesar de sus retribuciones superiores, el anuncio de vacantes no se ha cubierto, ni con mucho. En Francia e Italia existían unidades militares dotadas de medios de protección civil e instruidas en esos menesteres, pero su principal misión era la defensa de sus países, y además intervenían en primer lugar, no como aquí, que se les llama cuando todo está perdido...
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