NO SÉ SI USTEDES vieron la cara de tonto que se le quedó a Schuster, cuando el Betis le metió el gol de la victoria, y único, al Real Madrid, en el partido del miércoles. Debió de decir seguramente: "¿Y para esto he estudiado yo tanto?". Porque si hay algo imprevisible en la vida, es el fútbol. No se sabe nunca cuánto va a costar un jugador ni cuál va a ser el resultado de un partido. Lo único que se puede afirmar es que los cronistas no hacen gala en sus comentarios de originalidad y que, copiándose unos a otros, dicen todos las mismas tonterías.
¿A que ha oído usted decir "le robaron la cartera", cuando le quitan de pronto e inesperadamente el balón a un jugador; "Sacó petróleo", cuando un delantero disputa el cuero y se lo lleva ventajosamente; o "entró hasta la cocina", cuando el número "9" penetra hasta la portería contraria? ¿Por qué hay que andar con circunloquios, cuando el fútbol es un deporte directo, sobre el cual se puede hablar sin ambages?
Otra cosa que no se comprende, es por qué en esta especialidad deportiva hay libertad de contratación, mientras que a otro obrero se le imponen una serie de condiciones y se le somete a una serie de requisitos laborales, que se consideran innecesarios en el caso del fútbol. Y un obrero de una empresa tiene que justificar el trabajo realizado, mientras que al futbolista no hay ningún capítulo que le exija que tiene que poner tantos ladrillos al cabo de la jornada o meter tantos goles al cabo de cada Liga.
Nunca he comprendido por qué se discrimina tanto a los españoles en razón de sus piernas, pues a lo que sé, hay dos clases de connacionales: los que saben jugar al fútbol, y los que nunca han tocado un balón, y eso no cabe en una España democratica. Vamos, me parece a mí.
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