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JOSÉ MARÍA SEGOVIA CABRERA *

Mi Atlético de Madrid

19/ago/07 01:37
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NUEVAMENTE, el Dr. Enrique González ha venido a refrescarme la memoria con motivo de su admirable artículo del domingo 12 de agosto relativo a su carácter de hincha del Atlético de Madrid, afición en la que coincido también y seguramente con anterioridad a la suya, que es una de las ventajas o incovenientes de eso tan prosaico y demoledor como es la edad. Porque mi afición de simpatía y devoción comenzó no con el Atlético de Madrid del Metropolitano, sino con aquel Atlético Aviación de Vallecas de justo después de la guerra, año 39, en que las fuerzas militares se hicieron cargo del Atlético de Madrid y con el que llegamos a ser campeones de Liga.

Como recordaba en un anterior comentario de hace un par de meses acerca de la vida del Dr. don Antonio Perera y mi amistad con él y su conocida afición al fútbol, comentario basado en otro trabajo admirable del Dr. Enrique González con motivo del fallecimiento de mi amigo de infancia y juventud, tuve ocasión incluso de entrenar con el Atlético Aviación, donde se me probaba como posible colaborador y hasta fichaje, operación que no fructificó porque tampoco se prolongó más de un día ya que mis estudios me impedían seguir la disciplina impuesta a los jugadores en cuanto a entrenamientos y presencia en los locales del Club. No eran aquellos años de finales de los 30 y comienzos de los 40 como para pensar que se podía vivir del fútbol, aunque sí que había varios jugadores de equipos de primera división que eran, efectivamente, estudiantes y el más próximo para mí fue un estudiante de la Escuela de Ingenieros de Minas de un par de cursos anteriores al mío, Falo Suárez del Villar, ya fallecido, que jugaba como defensa reserva en el Madrid y nos solía comentar sus viajes en los desplazamientos del equipo en el que, en verdad, jugaba en contadas ocasiones, pero jugaba.

Mi afición provenía de haber jugado en aquellos equipos juveniles durante la fase final de la contienda civil, en competiciones y encuentros que organizaba don Domingo Rodríguez del periódico "La Prensa" y que se solían celebrar en el Stadium del Tenerife, donde también se celebraban carreras de galgos y que fue donde gané mis primeras perras como jugador del Iberia, ya que don Domingo repartía entre los jugadores algo de la recaudación de aquellos partidos. Jugaba yo de medio derecha en un equipo que entrenaba el entonces famoso ex jugador Graciliano y recuerdo haber ido a jugar a Las Palmas contra el Victoria, viaje que realizamos en un correíllo, claro, en cubierta, y donde alguno se mareó. El viaje se realizaba de noche, con lo cual el partido al día siguiente nos cogía medio mareados, sin haber casi dormido y no en las mejores condiciones físicas, pero la ilusión y los pocos años hacían que no pensásemos en ello. Y recuerdo, ahora que hablamos del Atlético Aviación, que allí, en el campo grancanario y antes del partido, conocí a Mesa, defensa del Atlético, que bajó a saludar a aquellos incipientes jugadores. Por aquellos años, las calles de la isleta eran mayormente aún de arena, cosa que a todos nos asombró, pues ni en el Toscal ni en el Cabo se daba esta circunstancia.

En aquel Atlético Aviación al que me acerqué tan esporádicamente y por consejo de jugadores tinerfeños que sí habían jugado en la Península como Chicote (delantero centro) y Morera (defensa), ambos del Tenerife, así como por sugerencia de Dieguito, medio que había sido del Iberia y que trabajaba en uno de los remolcadores del puerto o de la Junta de Obras, aproximación debida mayormente a la presencia de un extremo izquierdo llamado Pepote, que jugaba en el equipo madrileño y que me acompañó a aquella entrevista y a mi primer y último entrenamiento; en aquel equipo de entonces, la defensa la formaban Mesa y Aparicio, mientras que en la media estaban nada menos que Gabilondo, Germán (fallecido hace bien poco) y Machín, el primero estudiante de medicina y al poco ya médico, mientras que Machín era canario como indica su nombre, al tiempo que en la delantera había dos canarios más, Arencibia y Campos, con Pruden como ariete, si bien este luego se fue al Madrid, formando aquellos dos una pareja de interiores, derecho e izquierda, respectivamente, que dieron innumerables tardes de gloria al club y a la selección nacional. Y según he tenido ocasión de mencionar, el doctor Gabilondo, allá por el año 42, dio la casualidad que de recién casado estuvo unos días viviendo en la misma pensión en que vivía yo y un grupo de estudiantes y opositores tinerfeños, pensión en la calle del Prado, 10 y que era propiedad de una familia vasca, Amiano, como también lo era el futbolista Gabilondo. Fue una sensación para todos el que tan famoso jugador compartiese por breves días mesa y mantel con nosotros sus admiradores, como también fue una gran novedad la continua afluencia de familias judías que llegaban huyendo de los países europeos en guerra y que al cabo de un par de días seguían viaje hacia América Central y del Sur generalmente.

Ya en los años 50, el Atlético Aviación, que ya no era de Aviación sino que había recuperado su original nombre madrileño, se trasladó al Metropolitano cerca de la Ciudad Universitaria, estadio ya desaparecido y donde recuerdo haber ido a un partido de Liga con el Celta de Vigo, también cuajado de jugadores canarios como el extremo izquierda Roig y los medios Sabina y Antoñito, el Cuñado, aquel del Price y estos dos de mi Iberia, partido en el que Roig marcó dos goles directamente desde el córner, para sorpresa y admiración de todos. Aquel estadio Metropolitano fue sustituido por el actual Calderón en la ribera del Manzanares, mientras que en sus terrenos surgían grandes edificaciones de viviendas y oficinas, estadio éste del Calderón que pronto va a ser a su vez cedido al Ayuntamiento por el traspaso, no gratuito, por cierto, del estadio pre-olímpico de La Peineta, donde esperamos que le lleguen al fin a nuestro "Pupas" días gloriosos como aquellos que el Dr. Enrique González rememora y yo añoro. Si Dios me da tiempo, será el cuarto estadio que le conozca al Atlético de Madrid, mientas que el eterno rival madrileño sigue, más o menos, en su sitio de siempre en la Castellana, que hasta para eso hay que tener suerte.

* Madrid

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