Washington, EFE Las autoridades de Utah decidieron hoy suspender por un tiempo indefinido las tareas de rescate bajo tierra para recuperar a los seis mineros atrapados desde hace once días en una mina de Huntington, como consecuencia de la muerte, la pasada noche, de tres trabajadores.
Así lo anunció esta tarde el responsable de la Dirección de Seguridad y Salud Minera (MSHA), Richard Stickler, quien afirmó que de momento nadie sabe si existe la posibilidad de que se puedan reanudar las tareas de rescate bajo tierra con las suficientes medidas de seguridad para los equipos de emergencia.
Huntington, una localidad de Utah, al oeste de Estados Unidos, golpeada por una tragedia tras otra desde que se derrumbara la mina de Crandall Canyon el pasado 6 de agosto, amaneció hoy conmocionado por el accidente, en el que resultaron heridos otros seis trabajadores.
Para los familiares y amigos de los mineros atrapados parece haberse detenido el tiempo desde hace días, pues todos sus esfuerzos se centran en recuperar con vida a sus seres queridos.
Este nuevo suceso ha supuesto un duro revés para sus esperanzas y el agotamiento de toda la comunidad se refleja ya en los rostros de quienes se enfrentan a diario a las múltiples cámaras de televisión que informan de este suceso.
Los estadounidenses siguen con gran interés lo que ocurre en Huntington y se han solidarizado con el pequeño pueblo, que estaba esta mañana pendiente de lo que decidieran las autoridades locales.
Tras el accidente, que se cree se originó a partir de un leve movimiento sísmico que provocó un desprendimiento en la mina, todos los equipos de rescate fueron evacuados del lugar y los trabajos bajo tierra fueron suspendidos.
Se desconoce todavía qué trabajos realizaban los mineros en el momento del desprendimiento de la mina, ni dónde se encontraban.
Un portavoz del Departamento de Trabajo de EEUU, Rich Kulczewski, afirmó anoche que "todavía está por determinar" si prosiguen las labores de rescate.
Los expertos creen que este segundo derrumbe no es casual, dado que, según Lee Siegel, portavoz de la Universidad de Salt Lake City, que registró el seísmo, "la montaña (donde se encuentra la mina) se está desintegrando paulatinamente".
Esta mañana tres de los seis mineros heridos fueron dados de alta en el Hospital de Castelview, en Price, mientras que otro permanece "estable" en la Unidad de Cuidados Intensivos y podría abandonar el centro en "dos o tres días", según el presidente del hospital, Jeff Manley.
Los heridos, que fueron trasladados en helicópteros a hospitales en Price, Provo y Salt Lake City, eran empleados de la mina siniestrada, además de dos funcionarios de la MSHA.
El incidente ocurrió 24 horas después de que una cámara de vídeo en el interior de la mina mostrara la existencia de un hueco que no había sido dañado y detectara cierta ventilación, lo que despertó algunas esperanzas de que los mineros podrían seguir con vida.
Ahora el optimismo se ha desvanecido y, esta mañana, la alcaldesa de Huntington, Hilary Gordon, describió con pesar los sentimientos de todo el pueblo, y sobre todo, los de quienes se han involucrado con toda su dedicación a la labor de rescate.
En declaraciones a la cadena CNN, Gordon dijo que el accidente fue un "golpe realmente duro de digerir" después de los esfuerzos que todo el pueblo ha hecho para recuperar a los mineros atrapados.
En cualquier caso, las probabilidades de recuperar a los mineros vivos son mínimas después de más de diez días bajo tierra, según los expertos, pero no se puede descartar esta posibilidad.
De hecho, en mayo de 2006, dos mineros fueron rescatados después de permanecer durante 14 días atrapados en un yacimiento de Australia y en 1968, seis trabajadores fueron encontrados con vida en una mina de Virginia tras diez días de sufrimiento.
Los mineros atrapados son los mexicanos Luis Alonso Hernández, Juan Carlos Payan, y Manuel Sánchez, y los estadounidenses Don Erickson, Brandon Phillips y Kerry Allred.
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