Tenerife Norte
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

ANTONIO-PEDRO TEJERA REYES

Las tribulaciones del Puerto de la Cruz

17/ago/07 07:49
Compartir
Edición impresa .

LOS COMENTARIOS despertados por mi anterior artículo sobre la tragedia que se cierne sobre el Puerto de la Cruz (así se le conoce, con el artículo "el" delante) nos han llevado a participar en varias reuniones en las que se han debatido, de forma seria y profesional, las perspectivas que le esperan a nuestra primera ciudad turística de Canarias.

No son muy optimistas las apreciaciones que los diferentes sectores de la población tienen sobre el tema. El panorama lo ven bastante negro.

Existen muchos motivos para que este escenario se les presente así a quienes han luchado, y siguen haciéndolo "a brazo partido", por sacar adelante el futuro de la ciudad.

Como los rectores políticos y empresariales (el componente social poco puede hacer) de la ciudad deben conocer, el modelo tradicional del desarrollo turístico de los años sesenta-setenta está agotado. Seguir insistiendo en él, como se ha venido haciendo, es poco menos que un suicidio.

Según los datos de la Organización Mundial del Turismo, el sector turístico mundial ha entrado en una nueva fase de crecimiento, más moderado, más sólido y más responsable. Los gobiernos, las empresas y los consumidores, tienen hoy elementos de juicio, debidamente puestos a su servicio por organismos internacionales de respetada solvencia, para actuar sobre los mercados.

De nada valen ya las "pachangas" promocionales, ni los fastuosos "partys" de antaño, donde se botaba a manos llenas el dinero, y que intentaban proyectar falsas imágenes de supuestos paraísos turísticos, donde después -a la hora de conocerlo- salían a relucir las más absurdas carencias, y los irrecuperables destrozos y atentados cometidos a sus más valiosas señas de identidad, de todo lo cual tenemos más que sobradas muestras en nuestro Puerto de la Cruz.

La situación actual -no podemos engañarnos- sigue siendo de un deterioro evidente. Se sigue sin saber aprovechar lo que tenemos, y continuamos siendo una ciudad en obras. Sólo hay que darse un pequeño paseo por el entorno de ella para ver cómo tenemos que evitar obreros y carretillas en las aceras, saltar obstáculos y todos los implementos que todo esto conlleva.

Como un paréntesis de cuanto estamos escribiendo, podemos mencionar el atropello y despropósito ocurrido con el Gran Hotel Taoro y su casino, el cual no debió nunca desaparecer, aunque hubiese que habérselo regalado a Mr. Wolfgang Kiessling, si hubiese sido necesario... Un ejemplo.

Analizando el tema en profundidad, la situación de los empresarios hoteleros -soporte de todo este desarrollo- no puede ser más caótica. Los precios están por los suelos en una desesperada acción tendente a intentar continuar con las puertas abiertas. La peor parte se la llevan los empresarios individuales, que no tienen otro soporte que su propia empresa. Los pocos hoteles que hay de empresas multinacionales viven en una burbuja del mundo exterior donde se consideran una frías cifras ante un panel en el cual significan -a lo mejor- una pequeña parte de un todo, donde un año se puede ganar algo y otros sirven para nivelar los grandes ingresos que provienen de otras zonas más modernas, mejor gestionadas y, evidentemente, más de moda en el mundo del turismo moderno.

La cara más triste la dan los apart-hoteles. Esas empresas que se crearon ante el "boom" de la falta de camas, y donde a pequeños inversionistas se les garantizaba una buena renta, comprando un apartamento en unos grandes edificios que se gestionan con unas empresas operadoras y que en los últimos años han ido desapareciendo, al no poder ni seguir manteniendo la renovación de sus más importantes elementos de servicio -toallas, sábanas, colchones, pinturas, etc.- ni tampoco abonarles nada a los propietarios de los apartamentos, que veían así deteriorarse por el uso su propiedad, sin que les rindiese nada económicamente y, en algunos casos, teniendo que aportar capital para pagar gastos producidos por una propiedad que se les había convertido en un cáncer. ¿Qué ha ocurrido aquí? El sistema se ha desmoronado y son múltiples los apartamentos cerrados, con muchos edificios convertidos en viviendas y los propietarios alquilando sus apartamentos de forma individual... No da para más. El modelo ha caducado.

La repercusión de toda esta situación en el ambiente turístico de la ciudad está ahí. La vemos en la calle, nos lo comentan en todos los comercios... en cualquier lugar y en toda la ciudad. La gestión de la misma podemos considerarla un desastre. No nos duelen prendas de escribirlo. No estamos inventando nada. Sólo hay que salir a la calle y ver el escenario...

Nos escribe desde Málaga una agente de viajes portuense que hace años que vive fuera de la ciudad, alabándonos la valentía de poner en el papel impreso estas realidades. No podemos hacerlo de otra manera. Nuestra ilusión nos hace entrever que quizás baje de los cielos un alma redentora que sea capaz de rescatarnos las señas de identidad de nuestro viejo Puerto de la Cruz, construirnos, de una vez para siempre, ese litoral empobrecido que es una auténtica vergüenza, dotándolo de esa belleza marina que al verla en otras latitudes -dentro de Canarias, precisamente, sin ir más lejos- nos dan hasta ganas de llorar ante la impotencia de tener que soportar manidos discursos "progresistas", promesas electorales en las que ya nadie cree y cientos de disparatadas opiniones de quienes no tienen ni idea de lo que se está tratando, en estos momentos, en el mundo del desarrollo sostenible mundial.

El Puerto de la Cruz, su porvenir, su futuro, su actualidad... Todo tiene solución. Haber despreciado los conocimientos de quienes lograron su expansión en el mercado turístico mundial -muchos tristemente hoy desaparecidos, pero otros vivos y coleando- y jugar con la ciudad como si fuese un juguete -ahora le pongo esto, después le quito lo otro- ha sido una locura de la cual debería haber alguien responsable que restituyera lo que destrozó, aniquiló y destruyó con su supina ignorancia, aunque haya cosas naturalmente irrecuperables...

La solución de toda esta triste panorámica tendría que empezar en lo que desde Málaga nos dice María T. Díaz Luis: "involucrarnos todos y no esperar a que otros vengan a barrer nuestra casa..."

La ilusión que nos persigue...

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Tenerife Norte

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: