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COMENTARIO NACIONAL FEDERICO ABASCAL

El lenguaje batasuno

16/ago/07 07:43
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CUANDO la izquierda abertzale o, más exactamente, filoetarra se queda sin discurso, su medio de expresión natural es una pirotecnia terrorista "de baja intensidad", atemorizante y destructiva. Como viene siendo habitual durante la Semana Grande de Donosti, los cachorros "batasunos" participan este año en las fiestas quemando autobuses, lanzando cócteles molotov contra la Ertzaintza, como en la madrugada de ayer en el "Viejo", o contra la sede del PNV en la calle Hernani, por no contar los cajeros automáticos a los que los devotos de ETA parecen tener ojeriza.

Es un problema de lenguaje. Mientras duró la última tregua de ETA, el ahora encarcelado Otegi y sus adláteres predicaban con gran desahogo verbal las consignas de ETA sobre el llamado proceso, tensándolo al máximo, y sin renunciar al acompañamiento intermitente de la "kale borroka", como ruido de fondo. Porque el ruido, excepto cuando se oye el ensordecedor/desolador silencio de un secuestro, esparce la gama de sonidos que componen la melodía terrorista, y esa melodía es actualmente la única fórmula expresiva de las terminales sociopolíticas de la banda. Porque el diálogo sobre el fin de la violencia, sin precio político obviamente, está roto, como nadie ignora, y cuando el brazo político de ETA se queda no sólo sin interlocutores sino también sin oportunidades de ejercitarse en su monólogo, aparece casi por generación espontánea el terrorismo urbano, al que se considera de baja intensidad porque no suele producir víctimas mortales.

Los medios de comunicación ya no recogen en grandes espacios las ocurrencias de Otegi y sus dos edecanes mientras duró el alto el fuego etarra. A una o media columna se recogen, eso sí, los desperfectos causados por la "kale borroka", acompañando a noticias de mayor fuste, como la detención en Francia o en España de miembros del organigrama de ETA, o el descubrimiento de sus zulos o arsenales. Y así podría seguir el Estado indefinidamente, incluso si los terroristas lograsen producir un atentado de grandes proporciones, como se teme, lo cual no podría decirse ni de ETA ni del radicalismo abertzale que la aplaude o la comprende o la tolera, porque el Estado es, por su longevidad, paciente, mientras que los hombres, más bien efímeros, envejecen, se impacientan y mueren.

Sobre la paciencia en aras de la paz disertó ayer en San Sebastián monseñor Uriarte, cuya homilía de la misa mayor dedicó un tiempo a la paciencia necesaria y la esperanza activa para que la paz no se frustre por impaciencias iracundas u obstinados maximalismos. Pero al día de hoy, y a este lado del escenario no hay otro maximalismo que el de esperar, después de aniquilada por ETA una reciente esperanza, a que los terroristas entiendan que han perdido en todos sus frentes, dicho sea por emplear su lenguaje.

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