EL PRESIDENTE del Parlamento de Canarias, el palmero Antonio Castro, no cuenta con el favor de la diosa Fortuna a la hora de efectuar declaraciones públicas. Conste que en EL DÍA , aunque pueda parecer lo contrario, no tenemos nada de índole personal contra él. Sí es cierto que en el plano político no guardamos muy buen recuerdo de su paso por la Consejería de Infraestructuras, Transporte y Vivienda, donde reconocemos que realizó dos cosas muy importantes: barrer para su isla natal, La Palma, lo cual nos parece muy bien, muy patriota -como hacen los canariones-, y barrer para Canaria, olvidándose de Tenerife, lo que ha provocado que no sea santo de devoción en esta Casa.
No obstante y abstrayéndonos de estas consideraciones previas, queremos analizar unas manifestaciones recogidas en la última página de nuestra edición de ayer y efectuadas el pasado miércoles por Antonio Castro con motivo del veinticinco aniversario del Estatuto de Autonomía de Canarias que se celebra hoy. En opinión del presidente de la Cámara, "el Estatuto de Autonomía ha permitido que Canarias tenga una identificación propia como nunca había tenido en su historia".
¿A qué Estatuto se refiere el señor Castro Cordobez? Debería ser más explícito y aclarar si el texto al que él hace mención es el mismo en el que los canarios aparecemos a los ojos del Estado y de los españoles continentales como nativos, indígenas de allá lejos, o es otro que, por ahora, desconocemos. ¿Olvida, quizás, que nos encontramos a unos 2.000 kilómetros de la metrópoli?
Con sus palabras, al hablar de "identificación propia", da la impresión de que Antonio Castro desconoce, pese a haber sido y ser parlamentario -presidente de la Cámara, que no es nada- y haberse sentado durante varias legislaturas en el Consejo de Gobierno, el contenido del Estatuto de Autonomía y su proyecto de reforma.
¿Cómo va a sentirse Canarias identificada con un documento cuyo título preliminar contiene errores de tanto calado como denominar a la tercera isla del Archipiélago de una forma que no le corresponde y que es el resultado de la ambición de sus dirigentes? ¿No se da cuenta de que el "gran" que acompaña a Canaria es similar al que utiliza alzas o tacones para elevar su altura? Fruto de este disparate, porque no se le puede calificar de otra forma, tenemos un nombre engañoso -lo hemos comprobado recientemente con los incendios y, a diario, con el turismo- y desde fuera se identifica a Canaria con Canarias y la tercera isla es vista como la principal. Y con el "gran" mentiroso añadido figúrense los lectores lo que pasa.
Mientras tanto, la mayor, la más poblada, la principal y más atractiva aparece en último lugar en el Estatuto y se ve degradada en tamaño en el diseño del escudo -donde siempre apareció en la base con mayor amplitud y altura-, una decisión que va contra la tradición, la historia, y la propia realidad física del Archipiélago, pues Tenerife es la más alta y cuenta con el pico más alto de España, desde hace unos meses Patrimonio Natural de la Humanidad.
¿Es ese el Estatuto de Autonomía que según Antonio Castro permite que Canarias tenga "una identificación propia como nunca había tenido en la historia"? ¿Merece el Parlamento de Canarias tenerlo como presidente? Hechos como estos nos hacen sentir aversión por la política y ciertos políticos.
La política parlamentaria y gubernativa pasada -veremos qué pasa con la presente- no nos merece crédito suficiente, pero la respetamos y acataremos por "imperativo legal". No sucede lo mismo con la insular y municipal, que sí nos vale.
La mejor forma de que Canarias se sienta identificada con su Estatuto de Autonomía es que éste permita a sus habitantes ser canarios, pero con soberanía y, por tanto, libertad, independientes política y administrativamente, sin renunciar a la vinculación histórica y cultural que las Islas han mantenido siempre con la madre patria, pero sin más lazos que los afectivos y económicos. Al igual que ocurre con Europa, con la que desde siempre el Archipiélago ha sostenido unas estrechas relaciones económicas y culturales. Nada que ver con el hecho de sentirnos, porque así nos tratan, sometidos política y administrativamente.
Nos irrita la política falsa y el sentimiento falaz de algunos representantes públicos que no se dan cuenta del daño que ocasionan con sus actuaciones o declaraciones. Con estos políticos Canarias no puede salir adelante y el pueblo seguirá sometido a las decisiones de los de siempre.
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