LA GUERRA EN IRAK provocada por la invasión norteamericana de 2003 ha alcanzado una condición poliédrica ahora inseparable de todo análisis político convencional, evoluciona en un sentido que la hace en cierto modo distinta, nueva incluso, y Washington utiliza a fondo esta evolución para explicar su conducta o su proyecto regional.
Ayer hubo un ejemplo arquetípico: al anunciar un nuevo bombardeo sobre Ciudad Sadr, el gran bastión chií de Bagdad, el mando norteamericano dijo que los treinta muertos eran miembros de los "Grupos Especiales -así, con mayúsculas- de redes dedicadas a aportar armas iraníes de contrabando y a llevar a Irán a terroristas para recibir entrenamiento".
Si se repasan los comunicados militares americanos se verá que hasta hace apenas seis u ocho semanas se mencionaba la mano iraní como una hipótesis, se asumía la posibilidad de que fueran medios concretos del régimen iraní, no necesariamente su gobierno, los que se dedicaban a la tarea y era frecuente el añadido clásico de "no hay pruebas concluyentes de una involucración directa del gobierno".
Eso ha concluido y hay una tendencia deliberada a situar las operaciones, que, también ayer, causan muchas bajas entre civiles inocentes, como una parte de "otra" guerra: la que se libra contra Irán. Mientras ocurría en Sadr City lo que ocurrió, por cierto, estaba en Teherán el primer ministro iraquí, Muri al-Maliki, siempre visto como pro-iraní.
La otra innovación dialéctica, y con explícitas expresiones gramaticales, se prefigura en lo que será política del presidente Bush en el país tras la presentación dentro de cinco semanas más o menos del esperado informe del general Petraus sobre cómo van las cosas y qué hacer. No es petulante sugerir lo que dirá el informe: hay mejoras en la seguridad y algún progreso en el entrenamiento del ejército iraquí, pero fracaso en el proceso político interno y, en particular, en la reconciliación nacional.
La culpa, pues, sería principalmente de los propios iraquíes, incapaces de ponerse de acuerdo, lo que abre la puerta a la consideración de si merecen el sacrificio y la ayuda del gobierno y el pueblo norteamericanos. Varios aspirantes a la presidencia, por cierto, aprovecharán este argumento para pedir una salida por etapas pero dejando unidades anti-terroristas y anti-iraníes.
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