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ALBERTO VÁZQUEZ-FIGUEROA

Por mil millones de dólares (13)

8/ago/07 02:09
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VIENE DE AYER

-¿Es cierto eso? -inquirió Smith vivamente interesado.

-Lo es. Trabajamos codo con codo durante casi cuatro meses en la preparación del desembarco. Era un brillante organizador que no dejaba nada al azar.

-Lo está demostrando.

-¿Acaso le conoce?

-Intento conocerle, pero resulta prácticamente imposible. Por lo visto es un tipo muy escurridizo.

-No lo sabe usted bien, llevamos años tras él.

-¿Significa eso que llegaron a sospechar que pudo ser él quien les traicionó en Bahía de Cochinos?

-Tardamos demasiado en comprenderlo... -respondió el recién llegado con apenas un susurro como si aquel fuera un tema que le afectaba de forma muy especial-. Por lo menos cinco años.

-¿Qué fue lo que le hizo llegar a la conclusión de que había sido él?

-Conversaciones en la cárcel por las que nos dimos cuenta de que había hecho creer a cada uno de nosotros que se embarcaba con otro grupo, y lo cierto es que nadie recordaba haberle visto a bordo de ninguno de los barcos a partir del momento en que zarpamos de Nicaragua.

-¿O sea que, según usted, entra dentro de lo posible que no tomara parte en la invasión y por lo tanto no pudieran matarle en Cuba?

-Así es. Lo organizó todo, nos envió a la muerte y suponemos que se escondió en tierra. Cuantos logramos sobrevivir al desastre, así como nuestras familias y nuestros amigos, le buscamos desde entonces, pero aún no hemos conseguido dar con él. Contamos con colaboradores en todo el mundo pero es como si se lo hubiera tragado la tierra.

-En ese caso tal vez podamos sernos de ayuda mutuamente. Hábleme de él.

-¿Qué quiere que le diga?

-Todo lo que recuerde: cómo era, qué aficiones o qué aspecto tenía, qué clase de mujeres frecuentaba... Cualquier detalle que pueda servir para localizarle.

-No existía.

-¿Qué pretende decir con eso de que "no existía"?

-Que dejando a un lado su extraordinaria inteligencia, su capacidad organizativa y su meticulosidad, era un hombre que se esforzaba por pasar desapercibido.

-Sin embargo, quienes le conocieron de joven aseguran que era tremendamente presuntuoso -argumentó Gregory Gregorian un tanto confundido-. ¿Seguro que estamos hablando de la misma persona?

-Puede que en cualquier otra circunstancia Mauro Rivero mostrara una cierta soberbia, pues admito que era, y él lo sabía, muy superior a cuantos le rodeábamos, pero en cuanto se refiere a la operación de desembarco su comportamiento fue siempre el de quien se limita a aportar su granito de arena, aunque al final quedó claro que se había afanado echando arena a paletadas.

-¿Qué aspecto tenía?

-¿Y eso qué puede importar a estas alturas...? -dijo quien había pasado casi la tercera parte de su vida entre rejas por culpa de una traición-. Me gustaría poder decir que nunca olvidaré su cara, pero no es cierto. Nos consta, porque como le digo lo hemos buscado hasta debajo de las piedras, que hace ya muchos años se hizo la cirugía estética, pero aunque no fuera así, no le reconocería aunque pasara a mi lado.

-Sorprendente en alguien a quien odia tanto.

-Pero es la pura verdad. En una ocasión se disfrazó de mujer con el fin de asesinar a un senador que se oponía a la invasión y recuerdo que estuvimos media hora hablando sin que ni siquiera me percatara de que se trataba de él. Mauro era como un pedazo de barro que adoptaba la forma o la personalidad que más le convenía en cada caso. Hubiera sido un actor extraordinario -concluyó convencido.

-¿Qué clase de mujeres frecuentaba?

-De ninguna clase.

-¿Insinúa que era homosexual?

-No, que yo sepa.

-¿Entonces?

-¿Y qué quiere que le diga? En mi opinión el sexo le tenía sin cuidado porque nunca demostró el menor interés ni por hombres ni por mujeres. Era un tipo asexuado, retraído y solitario que no bebía, no fumaba, no se drogaba, y cuando al fin se cargó al senador y le pregunté qué había sentido en el momento de apretar el gatillo, me respondió que nada en absoluto.

-¿Nada en absoluto? -se sorprendió Alejandra Zanaj decidiéndose al fin a intervenir en el interrogatorio.

-Nada, y recuerdo que solía decir: "Matar a una persona que te perjudica no tiene por qué estar más castigado que matar a un perro, ya que por lo general los hombres suelen ser más enemigos de los hombres que los perros. Por lo tanto nunca he aceptado ni aceptaré una ley que ordena respetar una vida por el simple hecho de que se trate de un semejante. Se me antoja absurda. Es precisamente el hecho de que se trata de un semejante lo que le convierte en nuestro peor enemigo".

-¿Lo consideraría un psicópata? -quiso saber Smith.

-¡En absoluto!

-¿En ese caso qué definición le daría?

-Nadie podría definir a Mauro Rivero. Tras tanto perseguirle y pensar en él a todas horas he llegado a la amarga conclusión de que se trata de una especie de alienígena llegado de un planeta muy caliente que ni sentía ni padecía. Lo único que conseguía sacarle de sus casillas era el aire acondicionado.

-¿El qué?

-El aire acondicionado. No lo soportaba, palidecía, se le entumecían las manos, se le amorataban las orejas, le salían ronchas en la cara y se ponía histérico. Era una especie de alergia, o como si de pronto hubiera ingerido un poderoso veneno de acción inmediata.

-Eso ya me lo habían comentado... -admitió Gregory Gregorian-. Al parecer sufre una forma anormalmente acusada de un mal poco común que los médicos denominan "Síndrome de Raynaud".

-Nunca había oído hablar de él -reconoció con absoluta sinceridad don Raimundo Morales-. No tenía la menor idea de que existiese.

-¡Pues anda que yo...! -añadió Alejandra Zanaj-. Si le ocurren esas cosas está claro que jamás podrá poner los pies en un casino de Las Vegas, ni en la mayoría de los restaurantes de California donde suelen bajar la refrigeración hasta el punto de que o llevas un chal o te congelas. Recuerdo que en cierta ocasión tuve que cubrirme con un mantel. ¿Por qué reaccionan así los que sufren ese síndrome?

-Tengo entendido que se trata de un problema de circulación; cuando la temperatura desciende los vasos capilares se les contraen impidiendo que la sangre fluya con normalidad, por lo que en casos extremos puede acabar por degenerar en gangrena.

-¿Algo parecido a lo que les ocurre a los alpinistas que se han perdido en la nieve, y a los que en ocasiones tienen que amputarles las manos o los pies?

-Supongo que sí, aunque sólo hablo de oídas. Aún no he consultado con un especialista que me pueda proporcionar una información más fiable.

-Pues hazlo cuanto antes porque convendría tener la absoluta seguridad de que ese hijo de la gran puta, sea cual sea su aspecto actual, se ve obligado a vivir en una zona cálida y a no frecuentar lugares en los se utilice aire acondicionado...

-¿Tienes una idea de cuantos miles de millones de personas viven en zonas cálidas y jamás han puesto los pies en un local con aire acondicionado? -quiso saber Gregory Gregorian.

-En California no muchas, querido... -le replicó ella con una ancha sonrisa que devolvía algo de alegría y vitalidad a su fatigado rostro-. No en la fabulosa California de los multimillonarios, donde el mayor consumo de energía eléctrica se produce en las horas de más calor por culpa de los aires acondicionados, y donde los taxis parecen neveras rodantes. Moverse por California intentando evitar los espacios refrigerados debe resultarle una tarea harto complicada.

-Puede que tengas razón... -admitió él-. Puede que intentar localizar a un hombre de setenta y tantos años que maneja muchísimo dinero, sobre todo negro, y evita a toda costa poner el pie en un local cuya temperatura sea inferior a la ambiental constituya una nueva pista. Lo malo del caso es que hemos seguido ya tantas pistas que empiezo a desanimarme.

-En eso no estoy de acuerdo contigo -discrepó Alexandra Zanaj-. Ahora sabemos muchas cosas sobre Mariel de las que hace un mes no teníamos ni la menor idea. Y don Raimundo nos está proporcionando una nueva y valiosa información que abre caminos que espero que a la larga nos lleven a buen puerto. Nuestro mayor problema se centra en el tiempo, porque lo que no sabemos es cuándo piensan cometer el atentado.

-¿Qué clase de atentado? -quiso saber el viejo cubano.

-Creemos que Mariel pretende asesinar a un alto cargo de la administración.

-Si se trata de un alto cargo es de suponer que cuente con una buena protección.

-Sin duda alguna.

-En ese caso, conociéndole como le conozco y si no ha cambiado de hábitos, elegirá un fin de semana.

-¿Y eso?

-Mauro siempre mantuvo la teoría de que son los momentos en los que la continua tensión a que están sometidos durante la semana los guardaespaldas se distiende, por lo que son más propensos a cometer errores. Como ya les he dicho, es extremadamente meticuloso en su trabajo y le gusta tener en cuenta hasta el último de los factores. Por eso nunca falla.

-Podría creerse que en el fondo le admira.

-Le odio y me gustaría arrancarle la piel a tiras pese que ni aun así me compensaría por los veintitrés años de vida que me arrebató, pero ello no impide que reconozca que es el ser humano más astuto del que tengo conocimiento. La prueba indiscutible está en que lleva medio siglo burlándose de todos.

Nunca pudo imaginar que pudiera existir un lugar tan plácidamente hermoso.

Los extensos prados, cuidados como alfombras, aparecían de un color verde muy intenso salpicados aquí y allá por parterres

de flores, y los bosques, densos y olorosos, se perdían de vista en la distancia.

El aire era fresco y limpio en las mañanas y apenas tibio en los atardeceres, blancas nubes corrían por un cielo muy azul sobre el que los aviones dejaban de vez en cuando una blanca estela, y caminos de grava de los que podría creerse que cada piedra había sido colocada con exquisito mimo serpenteaban de un edificio al siguiente como en los cuentos infantiles.

En sus horas libres, chicos y chicas se tumbaban sobre la hierba a estudiar o tomar apuntes, y raramente se escuchaba una palabra más alta que otra, por lo que el trino de miles de aves era el sonido que solía prevalecer a todas horas.

Dentro de los edificios, los pasillos siempre aparecían relucientes y los baños impecables, y aunque en ocasiones se escuchara rumor de jóvenes voces en las aulas, en cuanto un profesor cruzaba el umbral imperaba el respeto.

Orden, silencio, limpieza y disciplina realzaban el contraste de aquel mundo de apariencia bucólica con el caos de la ciudad en la que Salka Embarek había pasado la mayor parte de su vida, y en la que cada día estallaban bombas o se escuchaban desgarradores gritos de dolor, ira o desesperación.

Algunos de los alumnos le recordaban al joven marine cuyos despojos había visto colgando de un columpio del parque, por lo que no podía por menos que preguntarse cuál sería la absurda razón que había empujado a un muchacho que podía disfrutar de aquel ambiente en su propio país a ir a que le despedazaran de un modo tan bárbaro al otro lado de la tierra.

¿Estaban locos?

El largo viaje había resultado tenso y agotador. Primero en coche de Bagdad a Damasco, de Damasco en avión a Roma, de Roma a Londres, de Londres a Chicago, y de Chicago a una inmensa y elitista universidad que al parecer en pleno invierno aparecía siempre cubierta de nieve.

Pero ahora centenares de estudiantes entre los que abundaban muchachos y muchachas de distintas razas y de un incontable número de países que al parecer pretendían mejorar su inglés, disfrutaban en ropa deportiva de un suave clima y un entorno adorable.

Allí, sentada en mitad de un prado y a la sombra de un árbol, le resultaba muy difícil aceptar que una horrenda muerte le aguardara impaciente, y que muy pronto, y mientras algún asqueado policía se aplicara a la desagradable tarea de recoger en cualquier calle su desfigurada cabeza o sus ensangrentados brazos introduciéndolos en una bolsa de plástico, la linda pelirroja que se tumbaba cara al cielo unos metros más allá continuaría mordisqueando el mismo lápiz hasta que viniera a buscarla el atlético muchacho que la llevaba a cenar cada noche.

El casi interminable viaje y el hecho de haber visto tantos lugares distintos y a tanta gente de apariencia extraña le habían hecho comprender que su sacrificio carecería de sentido a no ser que realmente consiguiera arrastrar a la tumba al culpable de las desgracias que se abatían sobre su pueblo.

-No es justo que para que estos chicos mantengan esta clase de vida, mi familia haya tenido que ser aniquilada -solía decirse-. No es justo.

¿Qué aspecto tendría la provocativa pelirroja del lápiz entre los dientes si de improviso un rugiente misil perdido estallara a sus pies, le vaciara un ojo y le abrasara media cara?

¿Acudiría el apuesto mozarrón de ojos azules y camiseta deportiva a invitarla a cenar en la hamburguesería del pueblo?

¿Y qué aspecto tendría ese mismo mozarrón si le hubieran partido la columna vertebral de una paliza para arrojar más tarde su cadáver a un basurero?

¿Se mostraría tan amable y educado, o tan equilibrado y razonable el inteligente profesor de literatura inglesa si se encontrara sentado en los escalones de su casa contemplando los despojos de su esposa y su hijo?

¿Continuaría mostrándose tan distante y taciturno aquel chico latino con el que compartía aula, que jamás aceptaba relacionarse con nadie, como si odiara al mundo?

A menudo escuchaba a algunos alumnos hacer comentarios sobre el desarrollo de la guerra en Irak y se veía obligada a morderse la lengua para no correr el peligro de gritarles a la cara que no tenían ni la menor idea acerca de aquello sobre lo que discutían tan acaloradamente.

En el falso pasaporte de Salka figuraba ahora que era hija de padre inglés y madre tunecina, aunque su familia residía desde siempre en la isla de Malta, lo cual le había obligado a leerse durante las interminables horas de vuelo cuanta documentación le había proporcionado Mufti sobre Túnez y Malta.

Por fortuna, entre los muchos estudiantes extranjeros de la universidad no figuraba ni un solo tunecino, ni mucho menos un maltés.

La única persona que hablaba árabe, era un camarero de Larache que ni tan siquiera se atrevió a dirigirle la palabra, consciente de que para la mayoría de los alumnos de aquella universidad un camarero marroquí y un terrorista afgano venían a significar más o menos lo mismo, pese a que sus respectivos países se encontraran a miles de kilómetros de distancia.

A decir verdad, Salka Embarek apenas hablaba con nadie a pesar de que varios muchachos la habían invitado al cine o a tomar una copa en el bar del cruce de la carretera, muy cerca del cual se abría una extensa explanada casi siempre repleta de automóviles en los que incontables parejas tenían por costumbre demostrarse un profundo afecto.

La iraquí no tenía el menor interés en que se repitiera la historia del marine.

No tenía el menor interés en nada que no fuera esperar a que vinieran a buscarla para acomodarle un chaleco cargado de explosivos e indicarle el camino que la conduciría directamente a la muerte.

Cualquier otro acto, cualquier otro pensamiento, excepto quizás el de intentar comprender y ayudar a aquel infeliz sudamericano que tan desgraciado parecía, se le antojaba una traición a su familia.

Quería creer que la estarían esperando cuando llegara, aunque fuera en pedazos, porque allí donde se encontraban no tendrían el menor problema a la hora de rehacer su cuerpo. Todos volverían a ser como eran antaño.

Como eran hasta la noche en que aquellos que ahora la invitaban al cine decidieron enviar sus misiles, sus bombas y sus tanques a destrozar su casa.

Los animales de sangre caliente pueden permanecer activos en ambientes fríos en los que los animales de sangre fría difícilmente consiguen moverse. Los animales de sangre caliente sobreviven en las regiones árticas o en altas montañas donde la mayoría de animales de sangre fría difícilmente lo harían. Los animales de sangre caliente consiguen comida o se defienden en un variado rango de temperaturas. Los animales de sangre fría solamente lo hacen cuando están suficientemente calientes. El nivel de actividad de un animal de sangre fría depende de la temperatura de su medio ambiente; un reptil incrementará la temperatura de su cuerpo antes de cazar y le resultará más fácil escapar de los depredadores cuando está caliente. También necesitan dicho calor para reproducirse.

Sin embargo, tener la sangre fría ofrece ciertas ventajas, ya que precisan mucha menos energía para sobrevivir. Los mamíferos y aves exigen más comida y energía que los animales de sangre fría del mismo peso, debido a que en los animales de sangre caliente el calor perdido es proporcional a la superficie de sus cuerpos, mientras el calor creado por sus cuerpos es proporcional a su masa. La razón del área de superficie de un cuerpo a su masa es menor mientras más grande es el animal. Esto significa que animales grandes de sangre caliente pueden generar más calor que el que pierden por lo que mantienen estable la temperatura de su cuerpo. Los pequeños animales de sangre caliente pierden calor más rápidamente. Los animales de sangre caliente no pueden ser demasiado pequeños ya que perderían calor con más rapidez de la que lo producen.

El ser grande requiere una mayor cantidad de comida, pero para los mamíferos el ser pequeño también requiere una gran cantidad de comida para generar calor. Los mamíferos pequeños necesitan comer frecuentemente para sobrevivir porque necesitan más energía para mantener una temperatura constante. También necesitan ingerir comida con alta energía, tal como fruta, semillas, insectos u otros mamíferos. Los mamíferos más grandes pueden ingerir comida con menor nivel de energía o comer menos. En un ambiente donde la comida es escasa, como en el desierto, los reptiles tienen una ventaja: no se ven obligados a quemar una gran cantidad de comida para mantener una temperatura constante en su cuerpo, son más eficientes en lo que respecta a su energía y pueden sobrevivir durante períodos más largos sin alimentarse.

Muchos animales de sangre fría tratan de mantener la temperatura de sus cuerpos tan baja como sea posible cuando la comida es escasa.

Otra desventaja de ser de sangre caliente es que sus cuerpos proveen un ambiente cálido propicio para el desarrollo de virus, bacterias y parásitos. Los mamíferos y aves tienden a tener más problemas con estas infecciones que los reptiles, cuyo constante cambio en la temperatura de su cuerpo hace la vida más difícil a los invasores.

Gregory Gregorian permaneció largo rato con la mirada fija en la pantalla del ordenador, meditando sobre el informe que acababa de leer en la página de la "Cool cosmos"-"NASA", y que a decir verdad se le antojaba francamente interesante, puesto que hasta aquel día jamás había sentido la menor curiosidad respecto al por qué de las diferencias entre los distintos tipos de animales en relación con la temperatura de su sangre.

Lo que le había empujado a buscar tal información no era otra cosa que intentar comprender las pautas de comportamiento de un ser humano que evidentemente no era un animal de sangre fría, pero que por una extraña anomalía tal vez de origen genético experimentaba en determinadas circunstancias reacciones parecidas a las que sufriría en el caso de que se tratara de una serpiente o un lagarto.

Si quería ser sincero consigo mismo, jamás se le había pasado por la cabeza el hecho de que la mayor parte de los alimentos que consumía estaban destinados a generar calor. Energía sí, pero no calor, aunque el calor fuera una forma de energía.

-Cada puñetero día aprendo algo nuevo... -masculló para sus adentros-. Pero el gran problema estriba en que me moriré sin saber ni la milésima parte de lo que me gustaría saber. Tiene razón Jessica al señalar que acabaré siendo el cadáver mejor informado del cementerio, aunque no tengo idea de si haber aprendido esto me ayudará a encontrar a ese hijo de la gran puta.

Tal vez el carácter de Mauro Rivero fuera una consecuencia directa de un mal que le afectaba desde que nació y que al parecer afectaba de igual modo a su madre y quién sabe si a algún otro de sus antepasados.

Quizá marcase las pautas de su comportamiento tal como las hubiera marcado el hecho de haber nacido ciego, sordo o minusválido.

¿Podía influir el hecho de poseer unos vasos capilares demasiado sensibles al descenso de las temperaturas en el hecho de haber desarrollado una determinada personalidad?

Si cada vez que se le amorataban las manos y los pies sufría fuertes dolores hasta que la sangre comenzaba a circular de nuevo con naturalidad, resultaba lógico suponer que desde muy pequeño había desarrollado mecanismos de defensa destinados a evitar tales padecimientos.

Y nadie más que él podía determinar cuál debía ser el nivel de tales mecanismos, puesto que nadie más que él podía calibrar la intensidad del dolor que experimentaba.

Por desgracia, aún no se había inventado un termómetro capaz de medir el nivel del dolor, dado que no debían existir dos seres humanos que lo resistieran de igual forma.

De hecho, la mayoría de las mujeres lo soportaban mejor que unos hombres de los que solía decirse que serían incapaces de dar a luz.

El dolor no constituía únicamente una reacción lógica a una determinada agresión, ni respondía a unos parámetros predeterminados; el grado de dolor que se experimentaba en cada caso dependía mucho de la personalidad del individuo e incluso de su estado de ánimo en un determinado momento.

Recordaba el caso de un hombre que durante un incendio había sufrido tan terribles quemaduras en las manos que en cualquier otra circunstancia le hubiesen obligado a perder el conocimiento, pero inmerso como estaba en la desesperada tarea de salvar de las llamas a sus hijos ni siquiera lanzó un lamento hasta que los supo fuera de peligro.

Mauro Rivero, Mariel, o quien quiera que fuese en aquellos momentos, lo tenía todo a su favor a la hora de continuar burlando a la justicia hasta que se muriera de viejo en una cama, pero Gregory Gregorian empezaba a ilusionarse con la idea de que había conseguido encontrar un talón de Aquiles que por primera vez le volvía vulnerable.

Acudió a visitar a Nelson Miller en su original casa de las afueras de Pasadena con la intención de hacerle partícipe de sus esperanzas, y se lo encontró flotando boca arriba en una pequeña piscina desde la que dominaba un maravilloso paisaje.

-¡Buena vida te pegas...! ¿Así es cómo trabajas? -le reprendió afectuosamente.

-No he descubierto otro medio mejor -fue la respuesta-. El agua me aísla y me permite pensar con claridad. Y mi trabajo es pensar.

-También el mío, aunque suelo hacerlo en una simple butaca. ¿Has averiguado algo más sobre esas dichosas productoras de cine?

-Que la Nevada Opus 38 Films ha anunciado el comienzo del rodaje de una nueva versión de La Batalla de El Alamein. A primera vista, sus posibilidades de éxito son escasas, pero es una película que ofrece la ventaja de que se rodará en el norte de África, lo que significa que contará con cientos de tanques, miles de extras, paisajes exóticos, un derroche de efectos especiales y todas esas cosas que se supone que atraen a los espectadores.

-Lo que el día de mañana justificará unos sorprendentes ingresos en taquilla...

-¡Justo!

-¿Y quién se oculta detrás de esa tal Nevada Opus 38 Films?

-Lo estoy investigando.

-Dudo que encuentres la respuesta flotando en una piscina -le reconvino de nuevo Gregory-. Y el tiempo apremia.

-En eso creo que te equivocas.

-¿Por qué? ¿De qué estás hablando?

-De que he llegado a la inteligente conclusión de que en este caso concreto el tiempo no apremia sino todo lo contrario. A mi modo de ver, cuanto más tardemos en encontrar a Mariel mejor para todos.

-Eso sí que no lo he entendido... -reconoció su visitante al tiempo que iba a tomar asiento bajo una sombrilla y se servía un vaso de limonada de la jarra que descansaba sobre una mesa vecina-. ¿Te importaría aclararme en qué beneficiaría a nadie que se retrasara la investigación por la que intentamos evitar que asesinen a una persona?

-En que en mi opinión lo ideal sería que los que van a cometer ese atentado tuvieran todo el tiempo que necesitaran para poder acabar de una vez por todas con un nefasto personaje que siempre estará mejor muerto que vivo.

-¿De qué demonios hablas?

-De que una cosa es desenmascarar al asesino de un Vicepresidente, lo cual constituye un crimen de Estado que no tiene excusa posible, ya que se trata de un delito capital, y otra muy distinta desenmascarar a alguien al que sólo podríamos acusar, sin pruebas contundentes, de estar tramando una supuesta conjura.

-¡Pero qué barbaridades se te ocurren!

-No es una barbaridad, querido. Alguien que lleva casi treinta años chapoteando en las más oscuras cloacas de la política, que ha cometido infinidad de crímenes siempre protegido por leyes torticeras y que por simple avaricia ha llevado a miles de personas a la muerte, merece un castigo ejemplar, no que intentemos salvarle la vida a costa de arriesgar la nuestra. Y no estaría de más que fuera su propia gente quien le impusiera ese castigo asesinándole, y proporcionándole un poco de su propia medicina. Luego, una vez muerto el perro, seríamos nosotros los que presentaríamos pruebas indiscutibles de la autoría de ese asesinato.

-Visto así aún se me antoja una barbaridad, pero una barbaridad bastante razonable.

-Te consta que la Dall & Houston es una de las compañías más poderosas del mundo, y que por lo tanto cuenta con un auténtico ejército de picapleitos que sabían desmontar la teoría de una supuesta conspiración -insistió el dueño de la casa-. Sin embargo, lo tendrían mucho más difícil si tuvieran que enfrentarse al hecho consumado e indiscutible de un Vicepresidente de la nación más poderosa, y más pagada de sí misma de la tierra, de cuerpo presente. En ese caso, los medios de comunicación y la opinión pública nunca permitirían que se echara tierra al asunto.

-Será cuestión de pensarlo.

-Te aconsejo que no te molestes en pensarlo -puntualizó Nelson Miller saliendo del agua y tumbándose al sol en una hamaca-. Tú eres quien me ha convencido de que el Vicepresidente, Wolf Lukas, Tony Walker y el malnacido de Mariel tienen sobre su conciencia miles de muertes de seres inocentes, incluidos mujeres, niños y soldados americanos. ¿O es que te he entendido mal?

-Sabes que no.

-Pues a pesar de ello, y por muchas pruebas que presentáramos en su contra, lo peor que podría ocurrirles es que acabaran en la cárcel. ¿O es que crees que los ejecutarían?

-¡No! Está claro que nunca los ejecutarían.

-Sin embargo... -insistió con absoluta tranquilidad el californiano-, bastará con que se demuestre que son culpables del asesinato de un único político, aunque se trate de un auténtico canalla y uno de sus cómplices, para que les condenen a muerte, que es lo que en realidad merecen.

-Lo cierto es que así funcionan las cosas... -admitió muy a su pesar Gregory Gregorian.

CONTINÚA MAÑANA

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