ÁLVARO MORALES, Pto. Cruz
Dantesco, infernal, triste... Los adjetivos se han ido agotando desde el lunes sin que, por eso, pierdan vigencia y razón, aunque quizás ahora haya más perspectiva. Las consecuencias de las enormes y caprichosas llamas que han arrasado copas de múltiples pinos y la parte baja de numerosas áreas del monte norteño desde Los Realejos a Buenavista deberán analizarse con detalle en los próximos días, pero, con independencia de la profunda tristeza que sienten los más afectados, una batida de este periódico durante el día de ayer por la zona incendiada aliviaba un poco el balance si se atiende a que se temía incluso mucho más, y confiamos en que esto no moleste a nadie ni permita ninguna excusa o argumentos a los políticos con responsabilidades directas.
Y es que, aunque el consejero de Medio Ambiente insiste en que sus medidas sobre el monte no tienen nada que ver y que no se prohíbe ni se multa a nadie por coger pinocha, lo cierto es que hasta compañeros de su partido, como el primer teniente de alcalde de Garachico, Heriberto González (CC), le contradicen al afirmar que "los de Medio Ambiente incluso le prohíben al ayuntamiento coger palos de brezo y otros materiales para decorar. La burocracia que hay para conseguir permisos convierte lo que antes era gratuito y libre en algo casi prohibitivo", sostiene, muy en línea con numerosos vecinos y asiduos del monte. "Hay que aprender de esto", sentencia.
De los propietarios de viviendas incendiadas en el Norte, las escenas más tristes se vivieron ayer en el pabellón de Buenavista, donde se encontraban algunos de los dueños o habitantes de los inmuebles perdidos en Masca. Una de ellas era la inglesa Susana, que desde hace 16 años vive con Calvin en una casa muy particular, hecha artesanalmente por ellos (con muros en los que se han empleado hasta cartones de leche) y que tenía mucha madera, que prendió por completo. Por supuesto, le resultaba imposible disimular su pesar.
Lo mismo le ocurría a la hija del dueño del restaurante La Fuente, en la zona de El Lomito, cuya vivienda anexa se quemó. Riquelme es otro de los afectados. Vecino de siempre de Masca, vivía de alquiler desde hace cuatro años en una casa de grandes dimensiones junto a su compañera e hijos, a la espera de que le dejen reformar y ampliar su propiedad, situada por debajo. A las cuatro de la mañana del miércoles contempló impotente desde la ladera cómo las llamas se cebaban con el famoso caserío. Justo al lado, también se incendió la de Carlos, un orotavense que lleva muchos años viviendo en Buenavista y que poseía en Masca una preciosa casa con balcón y mucha madera que ha resultado, lamentablemente, alimento perfecto para el implacable fuego. En esta misma zona de El Lomo, el conocido y siempre chistoso José "El Chamo", que durante tiempo regentó un curioso bar junto a su difunto padre, perdió su cocina.
Al ex consejero insular de Carreteras y ex alcalde de Garachico, Lorenzo Dorta, se le quemó por completo su casa de dos plantas (segunda residencia) en La Montañeta, donde guardaba cajas de cedro antiguas, cuadros y libros firmados por autores famosos. El techo se derrumbó, pero, por lo menos, la tiene asegurada, según nos comentó González, aunque seguro que esto no le consolará en exceso. La presencia de una zarza muy elevada y situada en una finca anexa hizo que las ventanas y la tea interior acabaran derritiéndose. Muy cerca, también se incendió una pequeña vivienda, denominada Jara. Ni la cocina, ni la bañera ni la taza del baño resistieron el cruel castigo de las llamas.
En San José de los Llanos (El Tanque), la entrada de una pequeña casa de un lagunero quedó arrasada, mientras que en Las Abiertas (Icod) la vivienda de Inés Pescoso, una señora mayor que vive con su marido, se vio afectada en el poste de la luz y en el gallinero, quemándose los animales y viviéndose momentos de pavor al intentar salvar el inmueble.
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