CLAUDIO ANDRADA, Tenerife
Fernando González Urbaneja (Burgos, 1950), además de un conocido periodista que se ha curtido en mil batallas en casi todos los frentes posibles de esta profesión en España, es, además, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y uno de los responsables, junto a Juan Luis Cebrián y al recientemente fallecido Jesús de Polanco, del nacimiento de El País, donde trabajó durante cuatro años al frente de la sección Economía -"difíciles tiempos para la economía de entonces", recuerda-, director del periódico Cinco Días, participante en diferentes foros y ter- tulias radiofónicas, y escritor. Sin embargo, tiene muy claro que es periodista por encima de cualquier otra cosa.
Con motivo de un acto de la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife, EL DÍA pulsó ayer su opinión sobre diferentes temas de actualidad y trató de indagar en aquellos otros aspectos de su vida profesional que lo han situado como una de las voces autorizadas de este país en la defensa del periodismo y los periodistas.
-¿Cómo se encuentran la profesión periodística y los periodistas en este país?
-Pues la verdad es que tenemos una precariedad en el empleo similar, por otra parte, al resto de profesiones, cercana al 30%. Aún así, tenemos una problemática específica en lo que se refiere a la inserción de los recién salidos de las facultades. Y tiene una explicación: es una carrera muy atractiva y hay mucha gente que quiere titularse y, lógicamente, ejercer como periodista. La realidad es que hay un número de estudiantes en las facultades de toda España que ronda los 60.000, para un mercado que, aunque ha crecido muchísimo, tiene un tope de 30.000.
-O sea, que algunos titulados ni siquiera ejercerán como tales...
-Eso, o le preguntas a chicos de 30 años que comienzan a consolidarse en la profesión y que han trabajado en más de 10 empresas diferentes. Es una situación singular y que no ocurre en otros países.
-Esto en el terreno de los que empiezan, pero ¿cuál es diagnóstico del ejercicio de la profesión en España en la actualidad, en definitiva de la libertad de expresión?
-Yo creo que estamos en una situación razonable. La salud general es buena, pero con muchos agujeros.
-¿Uno de los agujeros se sitúa en los medios de titularidad públi- ca?
-Sí, pero es irrelevante. Ningún país del mundo tiene prensa escrita pública, salvo aquellos totalitarismos que todos conocemos. Y la presencia de lo público en el terreno de los medios audiovisuales no ha sido garantía de nada, todo lo contrario, más que un agente promotor ha sido distorsionador.
-Y en la prensa escrita privada, ¿cómo están los periodistas?
-Yo creo que los convenios que hay en los grandes medios nacionales como El País, La Vanguardia, El Mundo... etc. son buenos.
-Aún así, ¿cuál ha sido la dificultad para disponer de un convenio marco a nivel nacional que garantice los derechos y deberes de los periodistas y que ponga coto a las contrataciones en precario?
-La verdad es que hay uno. Es bastante malo, todo hay que decirlo, pero es mejor que no tener ninguno. Aquí, los editores nunca han querido nada conjunto o compartido. Jamás. Por eso, que tengamos ese convenio que todos dicen que es malísimo y con el cual nosotros no tenemos nada que ver, al menos es un referente.
-¿No interesa a los editores tener un marco de relaciones laborales estable a nivel del Estado?
-Pues parece que no, pero en general es que los editores de este país tienen bastantes déficit. Y yo creo que es una lástima que no se profesionalicen más. Se meten en la batalla de los derechos de autor, algo que no viene a cuento, donde pretenden que seamos totalmente irresponsables, aunque sí somos responsables penalmente de lo que escribimos. Los editores deberían haber mejorado lo que es la gestión del talento periodístico en sus medios.
-¿Tiene algo que ver que una parte importante de los editores de este país no vengan del sector?
-Pero eso no sería grave. Conozco, por ejemplo, a un editor de mi Burgos natal que llegó del sector de la construcción, pero que tiene un buen convenio y unas buenas relaciones laborales con sus periodistas. El problema no es de dónde provengan, sino que les guste. La señora Graham, del Washington Post, era un ama de casa, y entendió a la perfección de qué iba este negocio. Cuando el editor entiende esto, el camino es más sencillo para todos.
-¿Habla usted de sus inicios en El País, por ejemplo?
-Por ejemplo. Jesús de Polanco entendió a la perfección cuál era su parcela y cuál la del director del periódico. Si esa sintonía la tuvieran todos los editores con sus directores, la cosa marcharía mejor. Yo jamás sentí la interferencia del editor en mi tiempo de responsable de Economía en El País. Ni siquiera en Cinco Días, de la que fui director.
-Y ¿no se producen presiones del poder político y empresarial cuando uno dirige un medio?
-Lo importante no es el número de presiones que recibas, sino a las que te sometes. Es como la virtud: el que no ha tenido nunca la oportunidad de ser virtuoso no sabe hasta qué punto lo es. En periodismo no tener presiones es un signo malísimo.
-Con todo lo que han cambiado los medios al alcance del periodista, ¿ha variado también la profesión?
-La realidad es que el periodista debe tener siempre el mismo objetivo: contar la verdad, y el redactor jefe debe hacer lo mismo en los titulares, que se corresponda con el grueso de la noticia.
-¿Cree necesario que exista la titularidad pública en medios audiovisuales como TVE?
-Yo creo que sí. Como medio público es imprescindible.
-¿Qué garantiza?
-Garantiza el principio de subsidiariedad. Esto es, que llegue a zonas y noticias que las televisiones privadas no van a cubrir. Tiene que garantizar el espacio básico de información y de identidad. Y me gustaría, además, que la televisión pública no se dedicara a territorios que no son de su competencia y desatendiera esos otros que son los únicos que los cubren, y que son los que justifican la parte pública. Y creo que en la actualidad RTVE lo está consiguiendo.
-Usted fue del "consejo de sabios" para la reforma de RTVE, y fue criticado por su posición discordante. ¿Por qué?
-Bueno, para lo que pensamos que iba a ocurrir, tampoco fue tanto. Cuando entré tenía mis dudas del principio de titularidad pública, pero después, y ahora mismo, no tengo duda sobre su utilidad. Y en lo que discrepé es porque creo que la televisión pública no debe estar en el mercado comercial y soy partidario del establecimiento de una fórmula inteligente de canon para que sea absolutamente pública, al estilo de la BBC, una televisión de prestigio y calidad.
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