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El secreto está en la tapa

30/jul/07 07:39
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EL DÍA, Santa Cruz de Tenerife

Un nuevo sistema permite detectar la presencia de bacterias en latas de conserva, gracias a una tapa diseñada para advertir al consumidor de que el producto no es apto para el consumo. El sistema, basado en un mecanismo biológico, podría ser de interés para la industria alimentaria. La tapa experimental provoca el cambio de color de la lata debido a la interacción con los gases expulsados por bacterias

La inventora es una mujer, Ruth López, científica de la Facultad de Biología de Santiago de Compostela (USC). López, que obtuvo un premio universitario a la mejor investigación por este hallazgo, ideó una tapa para conservas que funciona en base a un mecanismo biológico: "Cuando crecen las bacterias, expulsan gases al medio en el que se encuentran, y esta circunstancia delata su presencia". El invento consiste en el cambio de color del envase con la aparición de estos gases, indicando que el producto enlatado no es apto para el consumo humano.

Está previsto que este nuevo método de detección de bacterias pueda empezar a aplicarse en empresas del sector alimenticio, mejorando su rédito en materia de seguridad y aportando una ventaja competitiva frente a las empresas que desestimen este trámite.

La historia de la seguridad en las conservas arranca históricamente de un país de talante tan conservador como es el Reino Unido. En plena era victoriana, la Marina Real sufría en la salud de sus marinos los efectos que la exposición de los alimentos a los agentes ambientales acarrea con el tiempo. Las intoxicaciones por ingerir alimentos en mal estado eran un continuo en muchos barcos transoceánicos que se ocupaban del tráfico de especias y esclavos hasta que, en 1812, una empresa inglesa perfeccionó el sistema de esterilización de las raciones y optó por envasar los productos en latas.

A partir de entonces, los alimentos podían aguardar intactos todo el tiempo que hiciera falta hasta su consumo, lo que supuso una verdadera revolución alimentaria.

Habría que añadir que, lejos de los registros históricos, los romanos ya habían ensayado "conservas" de vino ultramarinas, depositando sus néctares en ánforas herméticamente cerradas y, antes que ellos, los griegos bañaban sus odres con resina de pino para que quedaran impermeables.

No obstante, el verdadero inventor de la lata, según consta en los anales, fue el cervecero francés Nicolas Appert, quien en 1795 ideó unas jarras herméticamente cerradas y posteriormente calentadas para eliminar las bacterias. Su método fue, precisamente, el que adoptó en 1812 la empresa inglesa Donkin, Hall and Gamble, sustituyendo las jarras por latas metálicas.

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