Tenerife Norte
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VIERNES, 27 DE JULIO DE 2007
CELESTINO GONZÁLEZ HERREROS

Un Puerto de la Cruz felizmente trasnochado

LA CIUDAD de Puerto de la Cruz, como en ediciones anteriores, dio esta vez muestras de civismo en sus fiestas mayores, y la multitud de visitantes, de miles de personas que asistieron a todos los actos celebrados pueden dar fe de ello.

Sería injusto si hiciera comparaciones de éstas respecto a las otras. El espíritu del portuense y su buen hacer no necesitan de ideologías políticas; se mueven por su ciudad con dedicación altruista; nadie les obliga a ser distintos y se dejan llevar en determinados y serios momentos, igual que en los festeros, por ese amor al Señor del Gran Poder de Dios, nuestra Virgen del Carmen y el acompañante perpetuo, san Telmo, que nunca falta a la cita. Esos días todos somos iguales, generosos por condición natural, alegres y participativos y, ante todo, amantes de la mar que nos baña y al que dedicamos el más noble sentimiento marinero, de cuyas olas hemos aprendido la más dulce sinfonía. Su arrullo siempre nos recuerda las tiernas nanas de nuestras madres y abuelas para que conciliásemos el feliz sueño del descanso. ¡Duerme, niño, duerme!

Será que ya soy algo mayor y algo más sensible cada año que por mí pasa, pero esta vez casi no pude resistir la mirada profunda, y por momentos tan expresiva, de nuestro "Viejito", como si quisiera decirnos algo, como si quisiera darnos algo que sólo Él sabe cuánto necesitamos y sólo con su tierna fijación en nosotros puede darnos. Como si nos oyera y adivinara nuestros pensamientos, nuestras dudas y preocupaciones, como si quisiera consolarnos y advirtiera en nuestras dudas la inquietud por nuestro futuro: aquí en la tierra y allá en los Cielos. ¡Ay!, y cómo consuela mirarle fijamente a los ojos; con el mismo cariño, respeto y amor. Igual que si al despertar de una larga noche nos sorprendiera un risueño amanecer, nuestro espíritu renovado destilando felicidad, sintiéndolo cuando el Señor del Gran Poder de Dios nos mira.

Nuestra Señora la Virgen del Carmen, ¡qué bonita y hermosa es!, cómo nos recuerda también su deificada mirada la ternura de nuestra madre cuando nos decía sin palabras que siempre estaría con nosotros, acompañándonos y dándonos su apoyo moral y espiritual, en todos los momentos que fuéramos viviendo, más en los difíciles; que para ayudarnos nos brindaría todo su aliento con la propia vida. Nuestra Virgen del Carmen, cómo nos arranca las más amorosas lágrimas para besar su rostro, con ellas, para besarla toda. Con razón, san Telmo no se separa de ellos y les acompaña a todas partes, como si fuera un hijo agradecido, un buen amigo.

Estos días pasados, jornadas de fiesta en Puerto de la Cruz, fiesta religiosa, lúdica, alegre... Este hermoso y atractivo solar, este patio marinero y turístico por excelencia, pienso que habrá sido, desde las alturas, agraciado con las más afortunadas bendiciones por tantas oraciones dirigidas al Cielo desde nuestros templos religiosos, nuestras multitudinarias procesiones y, desde la silente alcoba y nuestros hospitales, desde donde hubiere un enfermo imposibilitado clamando a Dios. Ese caudal de amor, esa adoración por nuestro "Viejito" y nuestra madre marinera nos dignifica más cada vez. Levantemos nuestros brazos y el corazón y miremos al Cielo, también, que, aunque sólo veamos su clara luz, allá está nuestra esperanza.

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