EFE, Camagüey (Cuba)
Raúl Castro, presidente provisional de Cuba desde hace un año, aprovechó ayer una fecha clave de la revolución para hacer un repaso crítico de las deficiencias económicas del país, subrayar la necesidad de cambios estructurales y tender la mano al próximo Gobierno de Estados Unidos.
En ausencia de Fidel Castro, convaleciente de una grave enfermedad intestinal, el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) siguió la tradición de utilizar el discurso del 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional, para hacer balance del año y dibujar las líneas de su política interna y exterior.
No vaciló en reconocer que Cuba no ha superado aún el "periodo especial" y en abordar algunos de los más graves problemas de la economía, como la precariedad salarial, la escasa productividad y la autocomplacencia, y adelantó también que, pese a que se trabaja en los cambios estructurales necesarios, "no habrá soluciones espectaculares". "Se requiere trabajar en sentido crítico y creador, sin anquilosamiento ni esquematismos", afirmó durante el acto organizado en Camagüey.
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