Probablemente muchas de las actuales generaciones de canarios, ni siquiera han oído hablar de la Guerra Civil española, en cierto sentido ha de considerarse una suerte. Nuestra fuente oral de hoy en "EL DÍA de ayer" sí vivió aquellos tristes días. Él nos llevará a aquellos días en los que jóvenes como los de hoy fueron movilizados para luchar por unos ideales, que en muchos casos ni siquiera conocían.
Justamente el pasado miércoles 18 de julio se recordaba cómo desde Santa Cruz de Tenerife en esa misma fecha, pero en 1936, a las cinco y cuarto de la tarde el General Franco proclamaba el comienzo de la Guerra que enfrentó a dos bandos, tristemente bandos hermanos mal denominados azules y rojos. Esta contienda movilizó a muchos jóvenes tinerfeños.
En este espacio histórico es en el que se debe establecer la narración de nuestra fuente oral de hoy, Maximino González, un icodense nacido en el pago de El Amparo, que vivió la Guerra Civil como "cartero" en el Frente de Zaragoza.
"Los Marcelos"
Maximino González de "Los Marcelos" nació en El Amparo, Icod de los Vinos, el 29 de mayo de 1920. Su infancia estuvo marcada por la necesidades económicas de su familia Los Marcelos. "De niño aprendí a leer algunas letras seguidas y escribirlas, pero no podía leer de corrido. Casi fui analfabeto. Lo poco que aprendí fue de noche a la luz un quinqué", recuerda Maximino quien mantiene viva en su memoria su dura infancia. Este icodense desde su más temprana edad hubo de acudir a buscar "pinocho al monte para venderlo después en La Coronela, a 50 céntimos el jase". Tenía que bajar desde el monte hasta la costa para vender "el pinocho" que habían recolectado con la fresca. "Nos pegábamos parte de la mañana en subir al monte y bajar luego a la costa para vender el pinocho".
Los Marcelos, éste es el testigo que Maximino recogió de sus antepasados. La familia de Maximino recibe el nombre de "Los Marcelos". "Nos pusieron este nombre por mi abuelo Francisco, que era más conocido por Pancho Marcelo. El fue el creador de la popular Parranda de El Poleo", nos aclara. "Una parranda de tocadores que era muy conocida aquí en El Amparo. Ellos tocaban toda la música de siempre de nuestros mayores. Eran tocadores del tambor y de la flauta. Lo tocaban a la vez. Lo suyo era el tajaraste. Mi abuelo Pancho era contrincante de Cho Pancho Ramón". Y así bailaban y tocaban en "contrinca" durante las tres fiestas señaladas de El Amparo: San Antonio Abad, San Juan y la Virgen de El Amparo, patrona del pago de El Amparo.
La adolescencia de Maximino no fue menos severa. Con 14 años arranca su vida laboral y "trabajé en Campino, en la recolección de frutas y verduras, ganando dos pesetas al día". En 1938, con sólo 18 abriles le llaman a filas "pa' ir a la guerra y luchar como un hombre, cuando todavía era casi un niño", nos afirma. Así, Maximino parte de su barrio El Amparo hasta Güímar y luego a Hoya Fría, donde recibe su instrucción. "Un buen día nos meten en el camión y vamos pal' puerto de Santa Cruz y pa' dentro pal Machuco y Limpio que nos lleva hasta Cádiz". El periplo bélico de Maximino continúa y es destinado a África y finalmente a su puesto en el frente. "En pocos meses estábamos en el Frente de Zaragoza. A mí, fíjese usted siendo casi analfabeto, me meten de cartero", nos cuenta. "La cosa fue así. Me pusieron en el Regimiento de Infantería de Zaragoza, 5º Batallón, 4ª Compañía, División 53, Estafeta 11", recuerda. "El teniente nos iba llamando y ya todos habían sido nombrados para hacer cosas, menos yo. No me nombraban y pensé que se habían olvidado de mí. Entonces fue cuando me dijo el teniente que yo iba a ser el cartero".
Maximino ha de seguir en su oficio de cartero hasta el final de la contienda, mientras su compañía avanza por el Frente de Zaragoza, remontándose hasta Cataluña, donde ve finalizar la Guerra en 1939. "Pasé muchos días y noches amargas. Tenía que llevar cartas y paquetes a los soldados mientras las balas pasaban a mi lado. Los compañeros me ayudaban a leer el destinatario porque yo no sabía casi leer. Terminé el servicio militar dos años después de acabar la guerra". Maximino pasó cuatro años "haciendo el cuartel y estuve dos años más o casi tres después de la Guerra". Este joven icodense sigue su larga historia militar concluida la contienda, y antes de regresar a su isla natal pasa varios años entre la Península y el Norte de África. "En 1943 creó que me licencié por fin. No me lo creía".
Y así, Maximino hoy sigue en El Amparo, con sus recuerdos de aquella Guerra Civil que llevó a muchos tinerfeños en el Marqués Comillas hasta Cádiz para enfrentarse a "algo de lo que no entendíamos". Nosotros el próximo lunes estaremos en Garachico con Antonio González, Tono. Les esperamos.
FUENTE: ANSINA
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