EN EL RECIENTE Debate de Investidura de Paulino Rivero como presidente del Gobierno de Canarias, el ex alcalde de El Sauzal, en respuesta a la segunda intervención del presidente del Grupo Parlamentario Socialista, Juan Fernando López Aguilar, se mostró orgulloso de ser canario por encima de todas las cosas y europeo, añadiendo segundos más tarde, que también español.
Desconocemos si este tropiezo en la enumeración fue consciente o inconsciente, pero desde luego nadie se puede rasgar las vestiduras por haber situado el termino europeo antes que el español, pues quien conozca la historia de las Islas sabe que antes de que España atendiera al Archipiélago, Canarias ya tenía relaciones con otros países europeos.
Somos españoles en último término y aspiramos a lograr la soberanía para poder pasearnos por el mundo como canarios, con la cabeza muy alta, al igual que lo hacen otros países como Malta o Cabo Verde. ¿Por qué nosotros no podemos seguir sus pasos? No renegamos a los lazos económicos, culturales y afectivos que nos unen con España, pero sí al sometimiento político y administrativo que por culpa de algunos chisgarabís sufren las Islas. Canarias se encuentra ahora mismo en esa encrucijada y debe decidir su ser o no ser, es decir, seguir sometida o ser soberana.
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La pasada semana el Parlamento de Canarias eligió al socialista José Alcaraz y al nacionalista Alfredo Belda como senadores en representación de la Comunidad Autónoma.
Nada que objetar con respecto al primero, aunque no así en relación al segundo, pues todavía nos estamos preguntando qué ha hecho Alfredo Belda para que Coalición Canaria lo mande ahora al Senado. Dicen que es un hombre bregado y laborioso. Muy bien, pero no hay que olvidar que ha sido miembro de la ponencia que redactó la propuesta de reforma del Estatuto de Canarias y que con su firma ha ultrajado a Tenerife al permitir que se mantenga el "gran", continúe el orden alfabético para enumerar a las islas y el nuevo diseño del escudo reduzca el tamaño de Tenerife para igualarla a las demás. Esos son los méritos por los que le envían a la Cámara Alta a ganar dinero, por haber hecho daño y para no hacer nada ahora.
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A punto de jubilarse, el catedrático de Bioquímica Enrique Meléndez Hevia deberá enfrentarse a un pleito contencioso-administrativo con la Universidad de La Laguna por un proyecto doctoral. ¿Qué ha hecho este investigador para tener que soportar tanta persecución? En lugar de ayudarle a sacar adelante sus proyectos se ha convertido en la diana de algunas instituciones. Entre ellas la Consejería de Sanidad, que en los dos últimos años no ha tenido ningún reparo en poner obstáculos a sus investigaciones en vez de comprobar si estaba o no en lo cierto. ¿Mantendrá el nuevo Gobierno el mismo comportamiento?
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