Madrigales de urgencia
I
Unos ojos irradiantes
que iluminan
cuanto ven,
y unos labios
escarlata
que van destilando
miel.
Y un alma más grande
aún
que de fijo no se
ve;
pero que su risa alegre
siempre deja
por doquier,
como deja el son angélico
del más fino
carcabel.
II
Amanece en el cielo
y los astros
se apagan.
Amanece en el campo
y los pájaros
cantan.
Amanece en mi vida,
hecha flor
la mañana,
y un ensueño despierta
como el sol
en mi alma.
III
¡Oh noche de luna
llena!
En el valle ha florecido
-toda pompa-
una azucena.
IV
La noche oscura
y dos
luceros.
¡Ay, cómo brillan
allá
en el cielo.
Del mismo modo
aquí
yo veo
-todo dulzura-
la luz que envían
tus ojos negros.
V
¡Ay! los suspiros al viento
que a las estrellas
van.
¡Ay! del llanto de las penas
que se funden
con el mar.
¿Por qué no será el amor
¡Ay!
como las rosas abiertas
en los tallos
del rosal?
VI
Las estrellas
despertaban,
y en el mar
dormía el sol.
Un gran silencio
reinaba;
las flores
daban
su olor...
Y en el rosal
del crepúsculo
se enredó
mi corazón.
Francisco González Tosco
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