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TIERRA BAJA ÁNGEL ISIDRO GUIMERÁ GIL

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22/jul/07 02:54
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CINCUENTA INMIGRANTES más enterrados en el mar. Al lado de nuestras costas. En un solo día. Es como para que no salga hoy el sol. Es un "drama colosal ante el que no valen excusas", como ha dicho acertadamente el presidente canario, Paulino Rivero. No entenderé nunca que tragedias de esta magnitud sean sólo portada de los periódicos por unas horas. Que nos acostumbremos a ello. Qué barbaridad y qué insensibilidad. Cincuenta mañanas plenas de esperanza engullidas por el mar; cincuenta jóvenes desesperados por sentir de verdad; cincuenta vidas que se van en un instante. Sueños rotos, sepultados en el océano, que ya nunca saldrán a la superficie. ¿Hasta cuándo esta incesante y reiterada tragedia que convierte las costas canarias en la gran cruz de los ahogados en sus aguas? ¿Cuántos dramas como éste, o de mayor magnitud, tienen que repetirse para que los verdaderos responsables den la cara, digan la verdad y asuman sus responsabilidades? ¿Cuántos miles de muertos necesitan cada año? ¿Es demagógico hacerse estas preguntas, ante la inmensidad de estos dramas, o lo es mucho más la complicidad del silencio, que no es otra cosa que la espera de una nueva e inminente tragedia?

Y, mientras tanto, el delegado del Gobierno de la nación en nuestra Comunidad sólo está preocupado porque entren o salgan más o menos cayucos que el pasado año por estas fechas. De auténtica pena y vergüenza. Aunque este año lleguen menos cayucos, es lo cierto que están dejando más muertos por el camino. La vida de nuestros compatriotas, que murieron asesinados el 11-M en Atocha y de la que tanto nos hemos ocupado estos últimos años, no vale ni un solo céntimo más que la de estos negritos subsaharianos que desafían la muerte para poder vivir. Sentimos la muerte de los nuestros en el alma, con indignación y rabia, como algo propio. Y, sin embargo, la de los negritos africanos se aleja, se difumina y se marcha para siempre, y en muy poco tiempo, del corazón de los españoles y de los canarios.

Y es que olvidamos muy pronto que, en diciembre del pasado año, por referirme a fechas recientes, al menos 102 personas murieron ahogadas o por inanición durante una travesía frustrada a Canarias. En marzo de ese mismo año mueren al naufragar 45 inmigrantes que se dirigían a Canarias, y al mes siguiente 32 subsaharianos mueren al norte de Mauritania y rumbo a Canarias. Las cifras, año tras año, y con un gobierno de España cruzado de brazos en este asunto, son escalofriantes. Resulta repugnante y deleznable, además, que el Ministerio de Fomento y el delegado estatal en Canarias se esfuercen en destacar el rescate de los 48 supervivientes por encima de los cincuenta desaparecidos restantes de la patera. ¡Qué falta de respeto a la memoria de las víctimas y a todos los que tenemos que leer esos comunicados oficiales tan degradantes!

No sirven ya las falsas excusas de diplomacia ridícula e inoperante. Estamos ante un problema de lesa humanidad, y probablemente ante una criminal complicidad que, comenzando por el gobierno español, salpique inexcusablemente a toda la Unión Europea por acción u omisión. Algo inconcebible en este siglo a nivel institucional. ¿De qué sirve esa entelequia de dispositivo europeo llamado Frontex, incapaz de detectar nada durante días y días, aunque sea una barcaza con más de cien inmigrantes a bordo? Estamos en presencia del siniestro hasta ahora más grave de los producidos en las rutas de la inmigración irregular a Canarias. No veo por ninguna parte, salvo la mera propaganda política hoy del PSOE y ayer del PP, los medios aéreos y marítimos para controlar y evitar tragedias como ésta.

El nuevo gobierno canario tiene que actuar ya aquí y en Madrid. No podemos esperar a más muertos.

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