Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

COMENTARIO INTERNACIONAL VALENTÍ PUIG

Putin reclama su parte

21/jul/07 07:37
Compartir
Edición impresa .

LO QUE MÁS cuesta de una victoria es ser magnánimo con el vencido. Las heridas de la Primera Guerra Mundial no cerraron bien y vino lo que vino. El revanchismo francés algo tuvo que ver en la posterior emergencia del Tercer Reich. Aparecen en estos casos los demagogos que instrumentan la humillación de un pueblo. Con mecanismos similares juega Putin, principal actor de una reversión autoritaria que reclama para la Rusia energéticamente potente el viejo y gran papel de la Rusia de los zares. La Unión Soviética perdió estrepitosamente la Guerra Fría pero ahora busca revitalizar el orgullo herido. Hay una añoranza imperialista en la gélida sonrisa de Putin.

Poco a poco, Putin está metiendo mano en donde puede y, sobre todo, a la hora de amenazar. Si los británicos expulsan unos diplomáticos rusos, Moscú pone en la frontera a unos diplomáticos británicos. Como en los mejores tiempos de la guerra fría, salvo que no estamos en tiempos -ni buenos ni malos- de guerra fría. Eso es un cliché para analistas domingueros. Estamos en la geo-estrategia del petróleo, en la petro-política. Wlamidir Putin se ha revelado un maestro en tales artes. Enarbola viejos mitos con nuevo "atrezzo".

Su pretensión es estar entre los que tienen derecho a decir la última palabra en todo, como la tenía la Unión Soviética a medias con los Estados Unidos durante la guerra fría. Eso ocurre en el diminuto Kosovo: Moscú añora su histórica influencia en los Balcanes y rechaza el borrador del tratado para la independencia de la zona, una independencia que consistiría en depender de la Unión Europea en materia de seguridad y política exterior, por ejemplo. Ya se sabe que en los Balcanes cada condado busca autodeterminarse o entrar en guerra con el vecino. El caso es que a Moscú poco le concierne el futuro de Kosovo: su objetivo en tener un pie en el guirigay balcánico. Su método es la obstrucción.

Otra línea de fricción elegida por Putin es la instalación de interceptores de misiles que George W. Bush propone para Polonia. El objetivo es crear un escudo ante posibles lanzamientos desde Irán, pero Putin ha replicado sugiriendo que los interceptores se instalen en la exrepública soviética de Azerbaiján. Es una especie de partida de póker en la que el menor parpadeo delata a quien tiene malas cartas. Posteriormente, Putin se ha retirado del tratado de limitación de armas convencionales, un gesto de más estilo que sustancia, pero al fin y al cabo revelador de una estrategia. En todo eso hay elementos que son meras hipótesis y otros que corresponden a innovaciones armamentísticas en ciernes. En Europa no pocos se preguntan porque la OTAN no se le da la oportunidad de decir lo que corresponda.

Habrá que acostumbrarse a que, gracias al gas y el petróleo, la Rusia desvencijada por el final de la guerra fría haya recuperado músculo. En las tácticas de Putin se detectan a la vez una honda voluntad de reafirmar la presencia de Rusia en el mundo y la inseguridad por el peso político perdido en las últimas décadas. Su creciente autoritarismo coincide con una recuperación de auto-estima en amplios sectores de la sociedad rusa, en un momento de optimismo económico. Por eso Putin maniobra para no verse asediado por la OTAN. Los rasgos autoritarios de Putin no invalidan la forma democrática rusa, a pesar de Chechenia y de los graves ataques del sistema a la libertad de expresión. Mientras tanto, lo más claro es que Europa necesita del gas ruso y que Putin -con el monopolio estatal de Gazprom- siempre tiene a mano el grifo del gaseoducto. Algo parecido harán sus sucesores.

 

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: