... El nuevo Gobierno canario ha comenzado a andar. Fijados los retos en el discurso de investidura, ahora habrá que ver si los consejeros designados por Paulino Rivero han asumido bien los propósitos del presidente o cada uno de ellos va a ir por libre. De momento, lo que está claro es que todos tienen bien aprendido que no deben escatimar esfuerzos a la hora de exigir responsabilidades al Estado y achacarle determinados problemas que afectan al Archipiélago. Sin faltarles razón en algunos asuntos, lo peligroso de esta estrategia es que se convierta en norma y se utilice para ocultar las deficiencias propias. Ahí está, por ejemplo, el problema de la sanidad, comentado ayer en estas líneas. Bien que Madrid debe aumentar la financiación, pero qué hay de la gestión realizada en estos últimos cuatro años por la flamante secretaria primera de la Mesa del Parlamento, María del Mar Julios. Pero hay más asuntos en los que lo más fácil es atribuir al Gobierno central que no funcionan como los canarios se merecen. ¿Qué decir de la Educación o la formación de nuestros jóvenes? ¿Y los bajos sueldos, también hay que imputárselos a ese ente abstracto denominado Madrid?
... Bueno sería que cada consejero y también el presidente realizaran un diagnóstico certero de la situación en que se encuentra cada departamento y las materias que tienen encomendadas y, posteriormente, enunciaran las medidas que van a aplicar para resolver o mejorar todo aquello incluido en el ámbito de sus competencias. Una vez concluida esta tarea y haber asumido sus responsabilidades es cuando tendrán que plasmar sus exigencias al Gobierno de Estado. Si en lugar de obrar por este orden empiezan por el final, entonces estarán dando pie a la sospecha de que con tanta alusión a la administración inmediatamente superior tratan de encubrir su propia incompetencia. Preciso será que también la oposición, ocupada ahora en otras batallas, esté muy atenta, pues suya es la responsabilidad de controlar al Ejecutivo y ofrecer alternativas. Sus propuestas serán la mejor forma de demostrar que el Gabinete de Paulino Rivero utiliza a Madrid para tapar sus vergüenzas.
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