EFE, Tokio
El número de fallecidos como consecuencia del terremoto registrado el pasado lunes en la provincia de Niigata, en el centro de Japón, se ha elevado a 10 después de que las autoridades encontraran ayer un nuevo cadáver sepultado entre los escombros de un templo nipón que se había desplomado completamente durante el temblor.
Además de la decena de muertos el terremoto ha dejado a miles de heridos y a 12.000 desplazados.
Asimismo, ya se contabilizan más de 900 casas destruidas, así como importantes daños en carreteras y vías de ferrocarril, y la falta de suministro eléctrico en el que continúan más de 25.000 viviendas. En otras 35.000 ni siquiera tienen el servicio de agua y gas.
A todo ello se une el hecho de que las autoridades locales japonesas obligaron ayer a suspender totalmente las actividades de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa.
El terremoto, con epicentro a tan sólo nueve kilómetros de la central superó la intensidad máxima para la que estaba calculado este complejo y provocó al menos una docena de incidentes de diversa gravedad en las instalaciones, según las autoridades locales. Los mayores problemas detectados hasta el momento en esta central nuclear, la mayor del mundo por capacidad de producción, fueron una fuga de agua radiactiva, que fue a parar al Mar del Japón, y la caída y rotura de varios depósitos de residuos tóxicos. Aún se investiga si el contenido de los depósitos rotos se filtró a tierra y provocó un segundo vertido radiactivo.
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