TODO INDICA que está ya cercana la formación de un gobierno en minoría de Unión del Pueblo Navarro (UPN), el partido que ganó las elecciones autonómicas del 27-M aunque perdió la mayoría absoluta de que disfrutaba junto al CDN, la escisión encabezada por Juan Cruz Alli. En medio de injerencias externas de toda índole, algunas justificables y otras no tanto, parece excluida por inviable la opción alternativa, el acuerdo PSN-Nafarroa Bai-IU, que hubiera llevado a UPN -la fuerza que representa al Partido Popular en la comunidad foral- a la oposición. Según se publicaba ayer, el candidato del PSN, Fernando Puras, habría dado garantías a Miguel Sanz de que no tiene el propósito de desestabilizar a dicho Ejecutivo en minoría si llega a constituirse.
Este desenlace, si se logra, es ulterior a una carrera de sinrazones que conviene recapitular. Es manifiesto -y lo recordaba ayer descarnadamente el profesor Andrés de Blas en un artículo- que Navarra es ambicionada por el nacionalismo vasco como elemento indispensable de su proyecto para conseguir una masa crítica demográfica y territorial susceptible de reivindicar y lograr la independencia para Euskadi. Esta evidencia explicaría ya en 1978 la insistencia nacionalista en que la Constitución española incluyera la disposición transitoria cuarta que contempla y ampara la hipótesis de la incorporación de Navarra a Euskadi -o de Euskadi a Navarra, como sostienen algunos-, y que en su momento fue otorgada con el fin de facilitar la incorporación del PNV al consenso constituyente. Así las cosas, es lógico que los grandes partidos estatales, que comparten criterio sobre la naturaleza indivisible del Estado español, se opongan a cualquier avance de las pretensiones nacionalistas en Navarra.
Sucede sin embargo que UPN ha hecho una gravísima campaña denigratoria contra el PSN-PSOE durante el "proceso de paz". Significativamente, uno de los personajes más caracterizados de ese partido, Jaime Ignacio del Burgo, ha publicado incluso un libro titulado "Navarra, historia de una traición", prologado por Rajoy, que presagia cesiones y claudicaciones que evidentemente no se han producido en absoluto... Y el propio Sanz organizó en época preelectoral una masiva manifestación en Pamplona de agresivos tintes antisocialistas, que fracturó la sociedad navarra. Además, Rajoy, incluso en el reciente debate sobre el estado de la Nación, ha planteado con innecesaria demagogia un falso dilema navarro: un hipotético pacto PSN-NB significaría que los socialistas se estarían humillando ante ETA, consumando así la "traición" de que habla del Burgo en su panfleto, en tanto su acercamiento a UPN acreditaría su desmarque de aquella posición...
NB, una coalición del PNV, Aralar, Eusko Alkartasuna y Batzarre, es una formación nacionalista democrática que no tiene vínculo alguno con ETA ni con Batasuna (Patxi Zabaleta, líder de Aralar, salió de Batasuna por no compartir el apoyo a la violencia de esta organización, con evidente riesgo de su integridad personal). En consecuencia, es una organización respetable con la que cualquier partido democrático podría pactar legítimamente... si encontrara suficientes puntos ideológicos de coincidencia. Parece claro que el PSN tiene objetivos bien diferentes y escasísimos lugares comunes con ella, aunque las dos formaciones sean sedicentemente "progresistas". Y como ha escrito el propio de Blas en el artículo mencionado, es absurdo pretender que NB renuncie para siempre a su pretensión de integrar Navarra en Euskadi porque ésta es precisamente su razón de ser. Se podía quizá formalizar un acuerdo coyuntural sobre la base de una renuncia temporal a tal objetivo, pero tampoco ha sido posible, al menos de momento.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD