N.M., S/C de Tenerife
Que el de ayer fue un buen día para Dolores Irmgard y Heinz Schneider era algo tan sencillo como mirar a las caras de ambos en su casa de Las Huertas -San Andrés-, situada sobre un terreno por el que llevan luchando desde el año 2000 y que, gracias a la sentencia dictada el pasado martes por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, están más cerca de recuperar.
Pese a que sus apellidos y su fuerte acento delatan su origen germano, en el pueblo son simplemente Lola y Enrique, dos alemanes que se asentaron hace décadas en la zona y que comparten con al menos otras 80 familias el drama de haber descubierto por casualidad que las tierras que les habían pertenecido desde hacía décadas ya no eran suyas sobre el papel, sino que estaban registradas a nombre de Inversiones Las Teresitas SL.
¿Cuál es el origen de esta extra- ña situación? El relato que hace la Fiscalía Anticorrupción del "caso Las Teresitas" lo sitúa el 30 de diciembre de 1996. Ese día tuvo lugar una Junta General Ordinaria de propietarios de miles de metros cuadrados en el ámbito de Las Teresitas -muchos de ellos muy humildes- que se encontraban englobados en lo que se denomina una Junta de Compensación. En esa reunión se aprobaría la venta de todos los terrenos a la empresa.
Pero había un problema. Según la Fiscalía, hubo un importante número de propietarios que no estaban presentes y a los cuales no se les consultó. Lola y Enrique van más allá. Ellos no pertenecían a dicha Junta ni ese organismo les comunicó la venta, un testimonio que coincide con el de otras familias de la zona. Pese a ello, las parcelas que tenían a su nombre dejaron de estar ahí, de existir.
Dolores poseía un terreno en Las Huertas, donde se asienta su casa, que fue adquirido en los años cincuenta del siglo XX por su padre. A su marido le corresponden otras dos parcelas. Todas ellas las adquirió Inversiones Las Teresitas, que mantiene la propiedad, ya que nunca las vendió ni al ayuntamiento ni a otra empresa, que compraron las dos grandes bolsas de la zona.
La primera en enterarse del cambio de manos de la propiedad fue Dolores. "En el año 2000 -relata-, una vecina de San Andrés me dijo que si yo me había asegurado de que el terreno seguía siendo mío, lo cual me extrañó muchísimo porque no tenía por qué ser de otra forma, así que fui al Registro de la Propiedad y descubrí con asombro que, efectivamente, era de Inversiones Las Teresitas", añade.
Irmgard y su marido aseguran que nunca tuvieron contacto con la Junta de Compensación, "salvo una vez, a finales de los años ochenta, cuando vino a casa una chica a pedirnos la escritura de la propiedad que, por su puesto, no le dimos". Sin embargo, es consciente de que aparece en las actas de una reunión de este organismo "en 1991 junto a un vecino nuestro que llevaba diez años muerto. ¿Cómo es posible?", se pregunta.
La versión de esta propietaria alemana, que asegura que tiene paciencia suficiente para aguantar unos años más hasta que vea los terrenos registrados otra vez a su nombre, coincide con la de la Fiscalía nuevamente cuando explica que, pese a que ni a ella ni a muchos otros propietarios se les comunicó la venta, "el ex presidente de la Junta fue al registro de la propiedad y declaró estar de acuerdo con que se englobaran todas las parcelas en una sola propiedad" que fue reparcelada más tarde y vendida a la empresa.
La pareja asegura haber puesto en conocimiento del ayuntamiento esta situación "muchas, muchas veces, pero nos dejaron esperando horas, días, tanto el alcalde como el concejal de Urbanismo, Manuel Parejo, pero sin resultado ninguno", añade Enrique, que califica su historia de "increíble".
La corporación municipal no sólo no atendió sus quejas. Según la sentencia del TSJC del pasado martes, aprobó todo el procedimiento sin respetar los derechos de Dolores Irmgard, a la que hace referencia el fallo, y no le dio el preceptivo derecho de audiencia, por lo que el procedimiento vuelve a 1989.
Irmgard asegura que hace unos meses representantes de la empresa se pusieron en contacto con su abogado para ofrecer la devolución de las tierras y una compensación, "pero desaparecieron y no se ha vuelto a saber nada", explica.
"Ahora -añade- son ellos los que deben hacer el primer movimiento. Nosotros vamos a esperar, porque ahora el problema lo tienen ellos. Nos amargaron nuestro paraíso, pero no nos quedaremos tranquilos hasta recuperar lo que es nuestro. ¿Qué podemos perder? Unos años más no importa".
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