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"Queda usted detenido"

El último arresto de Palmer en Tenerife revela que Canarias continúa siendo un escenario muy propicio para pasar inadvertido, pero, a su vez, deja en un buen lugar a los grupos especiales de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
15/jul/07 1:13 AM
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"¿Ante Gotovina?" Fue lo único que le dijo el agente especial de la Policía Nacional que, disfrazado de camarero, atendía la mesa en la que cenaba plácidamente el ex general croata, en las primeras jornadas de diciembre de 2005. Se había registrado en el hotel Bitácora de Playa de las Américas con una identidad falsa, pero no pudo evitar girar la cabeza al oír su nombre. Llevaba fugado de la Justicia desde el año 2001, cuando se le acusó de liderar crímenes de guerra. Incluso, se especuló con la posibilidad de que éste se hubiera enclaustrado en un convento franciscano con el objeto de impedir caer en manos del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY).

Gotovina eligió el sol y el bullicio del sur de Tenerife para intentar pasar desapercibido, estrategia que repitieron un poquito más tarde Pietro Nocera, el cerebro del clan napolitano de los Nuvoleta; Claus Oswaldo Corpancho Kleincque, un peruano de 51 años que está relacionado con numerosos episodios de corrupción durante el gobierno de Fujimori, o John Edward Palmer, capturado esta misma semana en el aeropuerto Tenerife-Sur tras desembarcar de un vuelo procedente del Reino Unido.

Durante la estancia de Gotovina en el sur de la Isla su conducta fue de lo más normal. Bajaba al comedor en las horas puntas -para evitar quedar expuesto a demasiadas miradas-, pero normalmente solía sentarse en una mesa que estaba alejada del portal principal. La noche en la que lo capturaron no sospechó nada de la soledad existente en el salón. Solicitó una botella de Ribera del Duero, media ración de queso blanco y mojo picón. Antes de que le sirvieran el primer plato, el mismo camarero que le trajo el vino se dirigió a él; "¿Ante Gotovina?"... El cliente le devolvió la mirada, pero no soltó ni una palabra... "Queda usted detenido".

El sirviente sacó un arma corta debajo del delantal, le mostró su placa identificativa y la habitación se llegó de policías armados hasta los dientes. Dicen que se escuchó algún que otro aplauso debido a la magnitud del operativo. La captura de Gotovina fue una de las condiciones que impuso la UE a Croacia para negociar su adhesión: su paso por la región de Krajina fue demoledor, ya que se le imputa la muerte de 150 serbios y la deportación forzosa de 200.000 personas. ¡Un loco de la guerra!

Como camaleones

Pietro Nocera cambiaba cada diez días de casa hasta que fue detenido en la calle Pío XXII de la capital grancanaria. Antes, el que está considerado como el responsable económico del clan Nuvoleta estuvo residiendo en Adeje. Contrabando, tráfico de drogas, extorsión... son sólo algunas de las actividades ilícitas en las que aparece el nombre de este napolitano de 48 años: su patrimonio personal superaba los 400 millones de euros cuando fue apresado por el Cuerpo Nacional de Policía en Canarias.

Un par de días antes de que los Reyes Magos dejaran los regalos de 2007, un equipo especial del CNP localizó en un apartamento de Radazul Bajo a Claus Oswaldo Corpancho Kleinicque, un peruano de 51 años, que estaba afectado por una orden de busca y captura por su participación en delitos de asociación ilícita, encubrimiento real, cohecho y corrupción de funcionarios durante el gobierno presidido por Fujimori (1990 a 2000).

En una tierra que recibe más de 12 millones de turistas cada año es relativamente sencillo camuflarse bajo el sol. No es el caso de John Palmer, quien el pasado martes fue interceptado en el Reina Sofía por orden del juez Garzón cuando pretendía entrar en Tenerife, una vez que cumplió su pena de cárcel en Gran Bretaña, con toda la tranquilidad del mundo. Sin usar una identidad trucada y ajeno a lo que se le venía encima, unos agentes del CNP que lo seguían desde que salió de Londres se acercaron a él y le dijeron "Queda usted detenido", y luego se lo llevaron a Madrid.

Un capítulo especial se merece la muerte del Robert Maxwell, el 5 de noviembre de 1991, cuando navegaba a bordo de su lujoso yate -el "Lady Ghislate"- a 20 millas al suroeste de Gran Canaria.