PERO QUE NO OLVIDEN que son canarios, no sólo nativos, y mucho menos siervos de nadie. Queremos decir de Madrid y sus políticos y de Las Palmas y sus aves de rapiña. Aunque ya las circunstancias políticas de todos los días nos llevarán a informar y opinar sobre la actualidad política, queremos anticipar que estamos de acuerdo con las personas elegidas para ocupar tanto la Presidencia del Parlamento de Canarias como la del Gobierno autónomo. Los lectores saben que Antonio Castro no es santo de nuestra devoción, pues desde su anterior puesto de responsabilidad, la Consejería de Infraestructuras, Transportes y Vivienda, primó a Canaria con una red viaria única en el mundo mientras Tenerife sufre un claro déficit de carreteras. Sin embargo, nos parece bien la labor que ahora tiene encomendada. Por la representatividad de su isla, por un lado, y porque desde la Presidencia de la Cámara no podrá cometer los atropellos que realizó estando en el Gobierno.
La elección de Paulino Rivero nos parece aún mejor, pues es el único tinerfeño capaz de timonear a Canarias en estos tiempos de zozobra. Nos disgusta el batacazo que su formación se dio en la tercera isla en las últimas elecciones, pero estamos seguros de que con su talento e inteligencia -que no es lo mismo- podrá sacar adelante y consolidar el nacionalismo que este Archipiélago precisa, así como un Estatuto de Autonomía que no incluya aberraciones y contemple la soberanía de las Islas. El despertar de la "nación dormida".
En referencia a los hombres y mujeres que conforman el nuevo Gobierno de Canarias, también nos parecen bien y les damos un margen de confianza, ya que algunos de ellos son nuevos en estas lides y no están aún contaminados. Lamentamos la salida del Ejecutivo de Marisa Tejedor, Marisa Zamora y Pedro Rodríguez Zaragoza, todos ellos tinerfeños y auténticos baluartes en la defensa de los intereses de Tenerife y de Canarias. El único punto negro, a nuestro juicio, del Gabinete de Paulino Rivero es el titular de la Consejería de Presidencia, Justicia y Seguridad de quien no olvidamos su histérica actitud en el Parlamento. A él le recordamos ahora que, pese a su insistencia, su isla de origen no es "gran", no es "gran", no es "gran". Y si no lo ve así tal vez el nuevo presidente del Gobierno debería plantearse si José Miguel Ruano se merece formar parte de su Consejo. Tampoco olvidamos su etapa como consejero de Educación y su actuación con la ULL. Ni el informe jurídico con el que comenzó la expropiación de las viviendas para ampliar el Parlamento de Canarias. Pensamos que el presidente se ha equivocado con él, pero vamos a ver si el consejero se arrepiente y corrige su anterior trayectoria.
Ahora esperaremos a que todos ellos se centren en su nueva misión y con serenidad nos cuenten su diagnóstico del área que han asumido y sus proyectos. Antes sería precipitarse.
En cuanto al pacto CC-PP que va a sustentar al nuevo Gobierno, entendemos que es el más conveniente para defender los intereses de Canarias y regir sus destinos. Se trata de dos formaciones centristas y conservadoras, con muchas dosis de moralidad, disciplina, orden y liberalismo y, sobre todo, amantes de las Islas, con exceso, por parte del PP, de su Canaria grande.
Tendrán que estudiar con prontitud cómo hacer para que desaparezca la propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía que un día aciago salió del Parlamento y que está pendiente de aprobarse o no en las Cortes Generales. Ahora mismo se trata de un juguete en manos de los diputados que no han tenido otra forma de justificar su sueldo. Es una verdadera impudicia que no sirve para nada, pues continúa incluyendo tres mentiras que son una auténtica aberración para los canarios: el "gran" de Canaria; el orden alfabético al enumerar las islas y un escudo de Canarias, cuyo diseño es un agravio para Tenerife.
Hace falta que se redacte un nuevo texto, en el que se contemple la soberanía del Archipiélago. Canarias es ya mayor de edad y quiere ser libre y no depender de ningún chisgarabís político de la Península, que todos la consideran como si fuera una colonia. No se puede seguir admitiendo que vengan de allá los "Pepiño" Blanco, Acebes, López Garrido... a darnos lecciones. En manos de Paulino Rivero y su Gobierno está que Canarias resurja y deje de ser esa "nación dormida" a la que nos hemos referido antes, otras veces y hoy mismo.
En relación a la paridad con la que nace este Gabinete, nada que objetar, siempre que antes que el sexo se haya tenido en cuenta su inteligencia, porque lo verdaderamente importante es que tengan el cerebro bien desarrollado, no si son féminas o varones. El pueblo no se debe olvidar que para llevar a cabo la empresa que antes hemos citado y situar a Canarias donde se merece, con prestigio, hacen falta personas inteligentes, no siervos de otro país lejano.
Por último, queremos recordar al nuevo presidente del Gobierno que tenga cuidado con los canariones que integran su Ejecutivo, pues le pueden hacer una pinza. ¡Con los canariones, ni a misa: a los canariones, ni agua! No lo olvide. Confiamos en usted, don Paulino, para que salve el nacionalismo canario. La unidad de la nación española nos parece no bien, sino muy bien, pero allá en el continente.
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