Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

EDITORIAL

Más de lo mismo

9/jul/07 07:22
Compartir
Edición impresa .

QUIEN HAYA LEÍDO los términos del pacto de gobierno entre Coalición Canaria y el Partido Popular ya se habrá dado cuenta de que estamos ante más de lo mismo, es decir, este Archipiélago seguirá sin avanzar en la única dirección que le permitiría resolver la mayoría de sus problemas ancestrales: el de la soberanía, es decir, la capacidad para decidir por nosotros mismos. Porque todo lo que sea hacer depender las decisiones de nuestra vida insular de instancias externas significa seguir supeditados a la conveniencia del Estado y de los partidos que lo gobiernan. Y el texto del llamado "Pacto para la gobernabilidad de Canarias", suscrito la semana pasada por los nacionalistas y los populares en Madrid, deja bien claro que eso es lo que habrá estos próximos cuatro años.

De entrada, el marco elegido para escenificar el acuerdo no puede ser más significativo: los representantes de un partido que se dice nacionalista, CC, se desplazan más de mil kilómetros hasta la capital de España para que el presidente nacional del PP dé su visto bueno. Pero eso no es más que el principio: el PP ha obligado a incluir en el texto del Estatuto de Autonomía que defienden los nacionalistas una apostilla a la definición de Canarias como Archipiélago Atlántico: "En el marco de la unidad de la Nación española". Frase que recuerda, salvando las distancias, aquella otra de "España, una grande y libre".

Resulta difícil entender semejante concesión por parte de una fuerza que se considera nacionalista y, de seguro, que habrá causado gran irritación en su reciente coaligado, el Partido Nacionalista Canario, que, de momento, calla y, por tanto, otorga. No cabe duda de que, a estas alturas, los términos del pacto CC-PP habrán decepcionado a aquellos canarios que desean llegar a la raíz del verdadero autogobierno, al punto que permitiría dejar atrás casi seis siglos de sometimiento: la soberanía.

En estas circunstancias, hablar del nuevo Estatuto de Autonomía, reformado, equivale a cerrar los eslabones de la cadena que Canarias misma se está poniendo al cuello. Cadena nueva, reforzada, que lo único que hace es sustituir a otra vieja y herrumbrosa. Y para rematar el daño, el añadido del yugo canarión, que, a través de esta fórmula, consolida el trato de favor que recibe Las Palmas desde siempre de los Gobiernos autónomos y los de Madrid. Canaria, que se queda en ese Estatuto con el añadido injusto y antihistórico de "gran" y, por contra, a Tenerife se le relega al último lugar de la enumeración de islas que componen el Archipiélago, por culpa del criterio de orden alfabético -en lo que es una excepción mundial- y, además, se le minimiza en el nuevo escudo-logo de la Comunidad, reduciendo su tamaño. Tres malintencionadas aberraciones cometidas para favorecer a Canaria, la tercera isla, y perjudicar a Tenerife clarísimas. Y, por si fuera poco, ese Estatuto ni siquiera reconoce en toda su importancia el papel de los cabildos insulares. Más bien al contrario.

Y para conseguir tan pobre resultado, CC libra desde hace meses una batalla política, de negociaciones entre bastidores, concesiones, trueques y otras humillaciones a las que le han venido sometiendo su propio "amigo" de ahora, el PP, como el PSOE, que, a raíz del pacto, está poniendo todos los obstáculos posibles.

En definitiva, tras las elecciones del 27 de mayo, Canarias está donde estaba, o peor, porque va a perder una oportunidad para reconducir su futuro hacia horizontes de mayor libertad, justicia y concordia entre las islas. Así que para este viaje no hacían falta alforjas. O el nacionalismo vigente en las Islas rectifica el rumbo o está abocado a ser residual, por la abstención de tantos y tantos miles de canarios que ahora están comprobando con decepción y rabia cómo sus representantes hacen lo contrario de lo que ellos desean.

La última oportunidad de rectificar está en manos de Paulino Rivero, no sólo presidente in péctore del Gobierno autónomo, sino también, todavía, de Coalición Canaria, máximo exponente del nacionalismo isleño. En él confiamos para que, en cuanto tenga la oportunidad, dé un golpe de timón que reconduzca el rumbo de la nave. Esperamos de él que no siga la senda de sus predecesores tinerfeños, que lo único que han hecho ha sido engrandecer a Las Palmas en detrimento de Tenerife y afianzar las amarras que nos unen a la metrópoli. Que Rivero piense sólo en esto: si ahora se entrega de tal manera al PP, ¿qué va a ser del nacionalismo canario? ¿Quiere pasar a la historia como el presidente de Canarias y del único partido nacionalista con entidad que frustró la ilusión de sus paisanos de intentar ser libres de verdad algún día?

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: