J.D. MÉNDEZ, S/C de Tenerife
El viernes 16 de junio de 1972 el periódico EL DÍA se hacía eco con un amplio reportaje titulado "Noche trágica para Garachico" del suceso ocurrido dos días antes en la costa del Norte de la Isla, cuando desaparecía un pescador, José Lorenzo Álvarez. Su cuerpo fue recuperado tres días después por un compañero en la costa de Los Silos y trasladado hasta el Puertito de este municipio, pero su familia, la mujer y sus tres hijos, entonces adolescentes, no han sabido encontrar consuelo a la pérdida no sólo del ser querido sino de todo un medio de vida, ya que el barco quedó inutilizable y se perdieron todos los aperos de pesca. Han pasado 35 años y la familia pide algún tipo de ayuda, que entienden les corresponde del fondo común que al efecto dispone la Consejería de Pesca del Gobierno de Canarias con la que ya se han puesto en contacto. Antonio Lorenzo, hermano de José y también pescador, contó su historia a EL DÍA .
Antonio explica que "nuestra familia procede de La Caleta de Interián y ya mi padre era pescador, lo mismo que mi hermano José y yo. El miércoles 14 de junio de 1972 salió a pescar y nunca volvió vivo. A los dos días, el periódico hizo el reportaje y uno más tarde apareció el cuerpo, que encontró otro compañero en la zona de la actual piscina de Los Silos cerca de la Punta de Teno".
José, que tenía en ese momento 49 años, había salido a faenar como era habitual con su hijo de 17 años, Andrés. Era un día de mar tranquilo, pero de forma repentina una ola hizo que el trasmallo que estaba echando le cogiera la hélice y terminara haciendo virar el barco. Al no saber nadar, el mar se tragó a mi hermano, mientras su hijo salvaba la vida sin poder hacer nada por la de su padre".
Antonio recuerda como "en estos 35 años hemos estado buscando la forma de que la familia pudiera tener una ayuda. Antonia, la viuda, que tiene ahora 85 años, sacó adelante al chico y a las otras dos hijas, también adolescentes, con apenas 30.000 pesetas que le dieron como paga, pero pensamos que la familia merece entrar en ese fondo común que tiene ahora la Consejería de Pesca y que entonces no existía, claro está. Lo último que nos dicen desde los servicios jurídicos de la Consejería es que tenemos fundamento en la petición hecha, pero que hay que esperar a la llegada al cargo del nuevo consejero".
El hermano de José aclara que "él era pescador profesional y lo perdió todo, hasta los papeles del mismo barco, del que sólo apareció a poco del accidente la mitad del casco. También se quedaron en el agua los útiles de faena, redes, nasas y demás. Llevaba 14 años, 11 meses y un día cotizados en el momento de fallecer, tal y como figura en la vida laboral que conseguimos en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Esa cotización la tramitó en la oficina del Puerto de la Cruz del Instituto Social de la Marina, aunque ese no era el nombre en otra época tan distinta de la historia de España".
Una vida dedicada a la mar.- José Lorenzo Álvarez nació el 8 de julio de 1921 en La Caleta de Interián (Garachico) en el seno de una familia de pescadores. Hijo de José y de Emerenciana fue inscrito como marinero de profesión en la Comandancia de Santa Cruz el 18 de agosto de 1939, apenas cumplidos los 18 años. Era una época muy complicada, la de la posguerra, y un trabajo muy duro, el de la mar, y había que ayudar en casa.
Antonio recuerda "una casa humilde y una familia trabajadora que se dedicó desde siempre a la faena en la mar. Heredamos el oficio de nuestro padre y ahí hubiera seguido todo si ese día José no hubiera tenido tanta mala suerte".
Antonio se estableció en Santa Cruz y actualmente vive en el barrio de Chamberí. Recuerda a su hermano y mantiene viva la lucha por esa indemnización que considera una manera de "saldar una injusticia que dura ya 35 años". Tanto tiempo después, EL DÍA cuya página de aquel viernes, 16 de junio de 1972, conserva Antonio como oro en paño vuelve a recordar a José Lorenzo, un pescador anónimo, pero que representa el esfuerzo de tantos profesionales de la mar, cada vez menos en estos tiempos, a los que un desgraciado accidente arrebató un día para siempre de su familia y de la vida.
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