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Un enamorado del Teide al frente de su conservación

8/jul/07 01:23
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MANUEL DURBAN VILLALONGA nació en Castellón de la Plana en el año 1958, cuatro años después de la declaración del Teide como Parque Nacional. Ingeniero de Montes por la Universidad Politécnica de Madrid, inició su carrera profesional en Canarias en el año 1987 especializándose en gestión y conservación de Espacios Naturales Protegidos, teniendo el honor de formarse bajo el magisterio de ingenieros tan ilustres como José Miguel González Hernández, Isidoro Sánchez García y Miguel Castroviejo Bolíbar. Su primer destino, el Centro de Coordinación de Parques Nacionales en La Laguna, le permitió conocer en profundidad las características y problemáticas de los parques canarios, pasando posteriormente a ejercer la Dirección del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente durante 5 años. En 1994 es nombrado director-conservador del Parque Nacional del Teide, puesto que desempeña en la actualidad, considerando como hitos más destacados en este periodo: la ampliación del parque en el año 1999, la aprobación del nuevo Plan Rector de Uso y Gestión en el año 2002, la obtención de la certificación EMAS, sistema europeo de gestión y auditoría medioambiental, en el 2006 y, por supuesto, la reciente inscripción del Teide en la lista de Bienes de Patrimonio Mundial de la Unesco. Una vocación Especialista en planificación y gestión de Parques Nacionales ha participado en misiones de cooperación internacional, especialmente en América Latina, colaborando en la mejora de los sistemas de planificación y gestión de numerosas áreas protegidas. "El Teide es para mí no sólo un trabajo, sino sobre todo una vocación. Los canarios se refieren al volcán como Padre Teide y creo que nunca una definición popular ha sido tan acertada. Por un lado, su omnipresente figura nos inspira un profundo respeto y, por otra parte, siempre que lo necesitamos podemos acudir a él, para gozar de sus paisajes, de sus amaneceres, de sus puestas de sol, o para caminar por sus senderos y sentirnos parte de una naturaleza prístina, que cada día echamos más en falta en nuestras agitadas ciudades", señala con orgullo.

 

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