"Mi esposo siempre decía que cuando nuestros hijos se casaran y ya estuvieran asentados, que íbamos a descansar y a cobrar la paga, porque ya estábamos cansados de tanto trabajar. Pero a los 64 años se murió", nos comenta. "Todo lo que teníamos lo he mantenido. Yo estoy sola y no voy a sentarme en casa de una hija sin nada que hacer. Tengo mi casa, que nos ha costado una vida entera de trabajo, y la quiero disfrutar y me lo paso bien aquí, en mi venta". Olga, sin duda, es un ejemplo de pundonor y amor a lo que ha constituido los pilares de su vida de siempre: su venta.