YA NO ME QUEDA ninguna duda de que el envío a Canarias de Juan Fernando López Aguilar como candidato a la Presidencia del Gobierno Autónomo en las elecciones del 27-M fue una jugarreta de Rodríguez Zapatero para sacarlo del Ministerio de Justicia y quitárselo de encima, a fin de que no le creara más problemas. Al principio creí, por su currículum, que López Aguilar podría ser un buen presidente de nuestro Gobierno autónomo. Cuando Zapatero, ganadas las últimas elecciones generales, premió a los Caldera, Rubalcaba, Pepiño, López Aguilar, Bono y otros sobradamente conocidos, siempre salía en los medios informativos rodeado de estos pretorianos de nuevo cuño, con los que creyó, además de con su permanente sonrisa, que se ganaría las simpatías hasta de los vecinos de Chipude. No pensó que, a primera vista y por simple amistad o agradecimiento a la adulonería que le prodigaron, no podía acertarse a escoger a buenos políticos y buenas personas. Le falló el propósito y la vista y -eso lo preví sin ser adivino- algunos de los buenos y los serios lo dejarían en la estacada, como ocurrió con José Bono y, a más distancia, con Rodríguez Ibarra, Alfonso Guerra y el mismo Felipe González, que, realmente, no le han reído las gracias ni celebrado lo que Zapatero llama éxitos. Sólo darle sombra. Zapatero formó su Gobierno y aquí se empezó a especular con López Aguilar, que era uno de los favoritos del presidente. No se hablaba de José Segura, que, para mí, debió ser ministro en otros gobiernos socialistas desde el de Felipe González. Y en esta columna expuse la conveniencia de que Pepe Segura ocupara el ministerio que tenía para los dos canarios reservado Zapatero. No esperaba que iría a llamar a López Aguilar para Justicia. A Pepe Segura le dio un "premio de consolación". Y bien pudo hacerlo al revés, porque, aparte de que Segura, por su formación, su sabiduría y su prudencia, posee cualidades sobradas para ocupar un ministerio, nosotros, los canarios, hubiésemos comprobado cómo respira López Aguilar, y por qué creaba problemas en el departamento de Justicia.
Ahora hubiéramos sabido cómo gobernaría Canarias este individuo farol que me recuerda a mis compañeros canariones del Frente de Juventudes cuando hacíamos competiciones. Y cuando le salió el tiro por la culata por ciertas combinaciones que, desde luego, no aplaudo. Pero él sabía a lo que se exponía. En vez de adoptar una actitud prudente, resignada y hasta humilde, como corresponde a una persona inteligente, se ha dedicado a insultar, menospreciar y chantajear con el Estatuto de Autonomía y, por último, cuando lo han dejado fuera de la poltrona presidencial, amenaza a los partidos del Gobierno con amargarles la vida en el Parlamento, recordándoles constantemente que son los perdedores. Tengo curiosidad por saber cómo va a cumplir su amenaza, con el nulo acierto que han tenido todas sus actuaciones. A lo peor, colgándoles machangos en la espalda a los diputados enemigos.
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