A LO MEJOR vuelvo sobre algunos de estos temas, pero es que, mientras otros días uno se rompe las meninges buscando algo sobre lo que escribir, en otras ocasiones se te amontonan, oye.
El primero de los apuntes se refiere a Rafael Yanes, el nuevo alcalde de Güímar que, tal como prometió en campaña, se rebaja el sueldo un 20 por ciento con respecto a lo que cobraba su antecesora, Vicenta Díaz. Es una buena manera de empezar el mandato y, si no hay muchos otros titulares de ayuntamientos que sigan el ejemplo de don Rafael, no estaría mal que, por lo menos, no se aumentaran sus emolumentos, como suele suceder tantas veces en los primeros plenos municipales de las corporaciones recién constituidas. Aunque los políticos no lo crean -o sean insensibles al respecto- esas cosas la gente las mira mucho y se decepcionan con facilidad.
Por cierto: si alguien va a acusar de demagogo al señor Yanes, que se lo piense, porque hará el ridículo.
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Don Enrique Múgica, Defensor del Pueblo, como ustedes saben, ha apuntado la conveniencia de que se suprima, en el sistema de enseñanza, el tuteo entre profesores y alumnos como una primera medida para evitar la rampante violencia en los centros docentes. La idea no es nueva. La alumbró no hace mucho en Francia el flamante presidente de la nación, Nicolas Sarzoky. Las izquierdas dicen que es una tontería y que, pese a lo que digan los patrocinadores del invento, que los profesores y alumnos se traten de usted no va a aumentar el mutuo respeto, porque nos encontraríamos ante un mero formalismo.
Y uno, que ha sido toda su vida de izquierda -en singular- se permite discrepar en parte. La formas son sociológicamente (y democráticamente) muy importantes. Aunque sólo sea en el lenguaje coloquial, un respetito es muy bonito, según el dicho isleño. Otra cosa es creer que eso va a acabar con la agresividad del alumnado. Pancho Villa, que era muy católico y enamoradizo, se casó varias veces. Pero, como la poligamia le parecía un pecado atroz, antes de casarse de nuevo (por la Iglesia, claro) mataba a la esposa anterior. Eso, sí: a todas sus mujeres las decía de usted.
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La mejor manera, le parece a uno, de rendir homenaje -un homenaje consecuente- a los seis soldados españoles muertos en Líbano a raíz de un atentado terrorista contra el blindado en que viajaban, sería la dimisión del ministro de Defensa como responsable de que el vehículo no dispusiese del inhibidor que previene y evita este tipo de ataques. Pero, aquí no dimite ni El Potito. Ni hay un presidente capaz de destituir fulminantemente a cualquier torpe de su Gabinete.
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