LUNES POR LA MAÑANA. Un individuo llega frente a una cafetería con un camión pesado. Lo aparca pero no para el motor. Entra a tomarse "el cortadito" y retorna al vehículo, sin prisas, quince minutos después. Un cuarto de hora de contaminación acústica y de todo tipo, incluidos los efectos de calentamiento global. Alguien dirá que frente a la polución que produce una central eléctrica, y la cantidad de gases que generan el efecto invernadero inyectados en la atmósfera por muchísimas instalaciones industriales, lo que aporta el motor de un camión mientras su conductor se desayuna sin prisas es una bagatela. Lo malo es que cantidades muy pequeñas se tornan en inmensas si las multiplicamos muchas veces. Bien está que personas como Al Gore nos cuenten por enésima vez esa incómoda gran verdad. Sin embargo, existen miles de millones de verdades más pequeñas, como la de desayunar con un motor en marcha, a las que sólo se puede poner remedio desde la conciencia personal. Lo cual no es fácil.
No es fácil entre otras circunstancias porque el domingo, al entrar en una gasolinera, contemplé una escena que ya he visto bastantes veces en esta isla. Un padre estaba llenando el pequeño depósito de la minimoto de su retoño: un niño que posiblemente no había cumplido los diez años. Y no es el único. No es la primera vez que encuentro a infantes con esos artefactos por las aceras o las calzadas de cualquier ciudad, pese a que está prohibido su uso en las vías públicas. Tampoco es la primera vez que me pregunto si no es mejor comprarle una bicicleta a un crío, habida cuenta que además del calentamiento y la contaminación, uno de los principales problemas de hoy es la poca actividad física. Cierto que los padres de la opulencia ?de la pretendida opulencia, convendría precisar? quieren que sus hijos disfruten de cuanto no tuvieron ellos. Aspiración para la que no alcanza una simple bicicleta. Aunque no sólo los padres que pasaron hambre. También causa cierto asombro ver a un potente todoterreno ?vehículo oneroso e innecesario si su propietario sólo circula por carreteras asfaltadas, como ocurre en un altísimo porcentaje de los casos? pasar a gran velocidad con el cartel "No al puerto de Granadilla". Por ejemplo. Signo evidente de que la conciencia ecológica dista bastante de las actitudes realmente ecológicas.
Ante estas paradojas ?o directamente hipocresías?, insisto en que nunca está de más que alguien nos ponga la realidad ante los ojos. Se trata, empero, de una verdad no sólo incómoda sino también a medias. Muchas recomendaciones de carácter personal para moderar el calentamiento global atacan directamente al consumo: no conducir vehículos tan potentes y a tanta velocidad, gastar menos gasolina, encender las luces más tarde y apagarlas más temprano, no usar tanto el aire acondicionado y la calefacción, viajar menos en avión, evitar diez millones de desplazamientos apenas caen tres días de puente en el almanaque, etcétera. Pero el consumo es algo difícil de moderar sin que se nos hunda la economía planetaria, y muchos mueran de hambre antes que ahogados por la subida del mar. Dato aplicable de forma especial al país del que procede el señor Gore. Quizá sea esta la más incómoda de las verdades sobre el cambio climático.
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