J.E., S/C de Tenerife
La constitución del Parlamento de Canarias, fruto de los resultados arrojados por las elecciones del pasado 27 de mayo, deparó ayer pocas sorpresas. Si hace cuatro años, en el inicio de la VI Legislatura, el protagonista fue el entonces líder del PIL Dimas Martín, a quien los socialistas consideraban inhabilitado por el Tribunal Supremo para desempeñar cargos públicos por un delito de cohecho, en esta ocasión no ha existido nadie que le hiciera sombra a Antonio Castro Cordobez, nuevo presidente de la Cámara autonómica gracias a los votos de Coalición Canaria y Partido Popular. El pacto entre ambas formaciones, sin ser todavía oficial, funcionó sin ningún tipo de fisuras y con una precisión de reloj suizo.
Ni siquiera los candidatos de CC y PSC-PSOE, Paulino Rivero y Juan Fernando López Aguilar, que se sentaban por primera vez en los escaños del salón de plenos de Teobaldo Power, restaron minutos de gloria al ex consejero de Infraestructuras. Y eso que al palmero, pese a ser un punto vanidoso, no le agrada ser el centro de atención más allá de lo necesario y, prueba de ello es que ayer, en lugar de ocupar su escaño como miembro del Gobierno en funciones, prefirió sentarse en la segunda fila hasta tomar posesión como presidente de la Cámara.
Tampoco le hizo sombra Adán Martín, que ayer estaba en Buenos Aires camino de Nueva Zelanda y que quizás sin quererlo se ha convertido en el primer presidente del Gobierno canario en funciones que no asiste a la constitución del Parlamento.
Tal vez por todo ello y también porque es consciente de que la gloria es efímera -como alguien recordaba ayer en los pasillos de la Cámara- Antonio Castro dedicó su discurso a agradecer que hubieran depositada en él tanta confianza como para presidir el Parlamento canario durante los próximos cuatro años; prometer lealtad y trabajo para estar a la altura de las circunstancias, y evocar el pasado, del que, sin duda, es uno de los protagonistas.
Un pasado que ha proporcionado al político palmero una experiencia que muchos de los diputados que ayer se sentaron en los escaños de Teobaldo Power quisieran para sí y que al ex consejero de Infraestructuras le servirá para arbitrar durante los próximos años unas sesiones que se prometen duras, aunque él en su intervención prefirió calificarlas de apasionadas.
Incluso para tratar de suavizar a las huestes socialistas y a su impetuoso líder, Castro recordó que entre los 60 diputados que ayer tomaron posesión se encontraban personas que habían ocupado cargos de alta responsabilidad, lo que se debería traducir en el trabajo y el nivel de los debates que va a acoger en la Legislatura que ahora comienza el antiguo conservatorio.
Sin embargo, los esfuerzos del nuevo presidente de la Cámara y sus llamadas a la ilusión, la entrega y la altura de miras debieron pasar desapercibidas para las filas socialistas, pues nada más culminar la sesión constitutiva, López Aguilar aprovechó los micrófonos de la veintena de periodistas que se abalanzaron sobre él para recalcar que su partido recordará todos los días a CC y PP que son los perdedores y que fue el PSC la formación que ganó las elecciones.
Una promesa que rememora lo dicho hace cuatro años por Francisco Hernández Spínola, quien también dejó claro que el Partido Socialista Canario se había convertido en la única fuerza política en la oposición y que su papel no iba a ser de mera comparsa de lo que dijera la mayoría.
Hernández Spínola, que repetirá como portavoz socialista en esta legislatura, ahora con otro presidente del Grupo Parlamentario, una vez que Juan Carlos Alemán ha sido expulsado a la Vicepresidencia segunda de la Mesa de la Cámara, será el encargado de rectificar la política ejercida los últimos cuatro años, pues al final, su formación terminó apoyando los Presupuestos Generales de la Comunidad Autónoma de Canarias dos años seguidos.
Pero ayer, además de elegirse al presidente del Parlamento y de evidenciarse que el pacto entre CC y PP está, de momento, bien engrasado, también quedó meridianamente claro que la Mesa del Parlamento, al menos en esta Legislatura, se ha convertido en un auténtico retiro dorado al que enviar a aquellos diputados que no gozan de las simpatías de los máximos responsables.
Así, junto a Antonio Castro -que en algún momento intentó disputar la candidatura a la Presidencia del Gobierno a Paulino Rivero-, se sitúan Cristina Tavío -cuya amistad con Soria no goza de buena salud-, Juan Carlos Alemán -aún secretario general de los socialistas canarios, pero, a su vez, uno de los lastres con los que ha tenido que luchar López Aguilar en los últimos meses- y María del Mar Julios, que ha pasado de ocupar la Vicepresidencia del Ejecutivo canario y la Consejería de Sanidad, a ser secretaria primera de la Mesa.
Con todo ello, la séptima seguramente va a ser una Legislatura intensa y apasionante, tal y como la definió el nuevo presidente del Parlamento, aunque existen ciertas dudas de en qué van a poner la pasión los diputados, si en solucionar los problemas de los ciudadanos -así se lo pidió Antonio Castro- o en resolver las diferencias surgidas tanto antes como después de las elecciones.
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