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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Menos, y menos tiempo

23/jun/07 02:13
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HAY UNA FORMA DE TURISMO, llamémosla "a la japonesa", consistente en recorrer toda Europa en una semana. Al final, el afectado sabe que está en Bélgica porque es miércoles por la tarde. Una opción de viajar que apenas permite apreciar los lugares a donde lo llevan a uno. Siempre he pensado que por eso los japoneses no paran de hacer fotos. Imágenes que, cabe suponer, miran con detenimiento cuando vuelven a su país para apreciar realmente lo que les ha sido imposible contemplar durante su periplo.

En cualquier caso, y sin llegar a los extremos nipones, es una realidad que la gente cada vez viaja más lejos durante menos tiempo. Una consecuencia de los billetes aéreos baratos. En este contexto, cuando se le pregunta a los responsables del sector turístico por qué continúa el crecimiento en el número de camas cuando los guarismos de visitantes están estancados o incluso sufren mermas, suelen responder que se intenta perseverar los porcentajes de ocupación. La estancia media por turista sigue rondando, si no me falla mucho la memoria, los nueve días. Si vienen los mismos turistas aunque durante menos tiempo, no hace falta calcular mucho para llegar a la conclusión de que dicha ocupación hotelera desciende.

Un remedio peligroso esas huida hacia delante, se mire como se mire. Siempre he pensado, y no soy el único, que viviríamos bastante mejor con la mitad de los turistas, siempre que pagasen el doble. Menos presión sobre el territorio, menos consumo de recursos naturales -siempre escasos en unas islas-, menos atascos en las carreteras y aeropuertos? Menos de todo, en definitiva, pero más dinero y calidad de vida para propios y foráneos.

Sin embargo, los empresarios del sector no quieren ni oír hablar de esa posibilidad. Fundamentalmente porque nos hemos tirado al barranco del turismo de masas, y el cholero sólo es rentable si llega en grandes cantidades. Lo cual desplaza al visitante de mayor poder adquisitivo a otros destinos menos saturados. Hasta el señor Guimerá Gil, antaño un dandy conservador pero trasmutado hoy en ciudadano santacrucero y admirador del PSOE en la persona de alguno de sus dirigentes más estalinistas, lamentaba no hace mucho que ya no puede pasarse un puente en un hotel del Sur sin padecer un sofoco. "No puede ser que pidas un whisky y el camarero te lo traiga ya servido, en vez de servírtelo en el vaso delante de ti", deploraba. Cuánta calamidad.

Lo malo es que el asunto de la calidad no es tan simple como servir un whisky de la forma adecuada en el vaso correcto. Lo selecto nuna fue abundante. Por eso sonrío, al menos internamente, cuando alguien habla de turismo de calidad en Tenerife o Las Palmas. No obstante, mal que bien hasta ahora hemos salido adelante con los visitantes de tatuaje y jarra de cerveza, porque han sido numerosos. ¿Qué ocurriría, empero, si además de venir para menos días con lo justo para la hamburguesa, disminuye la cifra de los que llegan, como ha ocurrido en Canarias durante los cuatro primeros meses de este año? ¿Qué sucederá con todos los foráneos que han venido no sólo para trabajar entre nosotros no sólo durante nueve días? ¿Se volverán a marchar cuando escasee el trabajo, como ocurría hasta no hace mucho para los propios nativos?

rpeyt@yahoo.es

 

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