r. madrid (2) 83
barcelona (0) 80
Real Madrid(23+17+21+22): Tunceri (5), Bullock (21), Mumbrú (9), Moiso (2), Reyes (23) -inicial-, Sekulic (6), Smith (3), Hervelle (2), López (9) y Tomas (3).
Barcelona(21+16+20+23): Lakovic (11), Navarro (14), De la Fuente, Vázquez (4), Marconato (8) -inicial-, Trías (2), Kakiuzis (17), Basile (18), Kasun (4), Grimau y Ukic (2).
ÁrbitrosMartín Bertrán, Pérez Pizarro y Redondo. Excluyeron a Vázquez (m.32), Hervelle (m.39).
IncidenciasPabellón Vistalegre, ante 13.780 espectadores. Presencia de Laporta, presidente del Barça.
EFE/JORNADA, Madrid
El domingo conquistó la Liga de fútbol y ahora tiene bien encarrilada la final de la Liga ACB. Sí, el Real Madrid de Joan Plaza, campeón de la Copa ULEB, está a una victoria de proclamarse campeón. Y tiene tres oportunidades para ello. Dos en el Palau Blaugrana y una tercera en Vistalegre. La historia juega a su favor: nadie ha remontado un 2-0. Eso sí, el Barça está "herido", pero no está "muerto". Si hace bien los deberes ante su público, el quinto partido será de infarto. Como afirma "Pepu" Hernández, con todo esto gana el BA-LON-CES-TO.
El internacional español Felipe Reyes volvió a ser determinante con su recital de puntos, rebotes y trabajo. Los dos banquillos aparcaron los nervios del primer partido. Les sentó mejor, de salida, a los blancos que a los azulgrana pese a que el Barça ponía media liga en juego sobre el parquet.
El Madrid brilla menos que en otras fases de la temporada. Es algo constatable en los números. Sin embargo, atesora algo dentro del vestuario que hace grande a este equipo y a este club: sabe sufrir, sabe lo que representa jugar con esa camiseta y sabe lo que vale ganar al Barcelona, que cuenta con un equipo magnífico.
El Barcelona sabía que marcharse del feudo blanco con un 2-0, aparte de condenarle, como poco, a disputar el desempate en territorio madridista (día 26), le ponía la Liga a una distancia sideral. Pero Joan Plaza maneja la pizarra, la psicología y la ilusión y la ambición. Cree que es mejor apostar por la propia identidad que buscar fórmulas para anular la del contrario. Y es cierto lo que dice. Eso sí, no se olvidó de preparar antídotos contra Navarro, el mejor anotador de la Liga con vitola nacional en los últimos 34 años.
El croata Marko Tomas paró los pies al escolta azulgrana. Aunque no fue el único. Tampoco Ivanovic olvidó a Louis Bullock, a quien dedicó regalos como la vigilancia de auténticos "perros de presa". En cualquier caso, las pizarras marcaron un paso, que en gran medida condicionó el choque, y los jugadores aportaron lo intangible a las tácticas.
El Barcelona, con problemas para conectar con el hombre que le enseña habitualmente el camino hacia el final del túnel -"La Bomba" Navarro- y ante un Madrid mucho más consistente, convencido de lo que hacía, también exhibió corazón, hombría y calidad para jugar a este deporte tan difícil.
Perdía por once puntos a cuatro minutos del final del primer tiempo y parecía al borde del colapso (37-26). Olía a fiesta mayor en Vistalegre. Lo cierto es que aún era pronto. Ivanovic cuenta con muchas posibilidades en el banco para variar el guión. Con las suficientes para anotarse un 0-9 (37-35) y resucitar en cancha enemiga (37-35; 40-37 al descanso).
Ahora bien, el técnico barcelonista no debía tenerlas todas consigo porque, pese a romper la hegemonia madridista en el rebote -clave en el primer partido de la serie-, que es equivalente a anular una de las grandes armas blancas, el Madrid adoptó un papel dominador que no cedía bajo ningún concepto.
Juan Carlos Navarro colocó el tanteador en un puño nada más arranca el tercer cuarto (40-39), pero los locales ni siquiera pestañearon. Mantuvieron la calma, apostaron por el estilo que predican y salieron de un serio atolladero (52-46 m.26).
Aún faltaba mucho. El Barcelona estaba jugándose media Liga y cuenta con hombres que han demostrado de sobra quiénes son en este mundo. A siete minutos para el final, con la grada en ascuas, el Madrid pedía tiempo muerto. El esloveno Jaka Lakovic acababa de poner el choque, desde el arco de triples, donde quería el Barca (64-65 m.34).
La pugna iba a decantarse en los últimos minutos. Como casi siempre que dos expresos marchan por la misma vía en sentidos contrarios. Y había mucho que jugar, mucho (73-73 m.38). El Barca, a pesar de los pesares, seguía vivo. El Madrid, mejor o peor, también. Una Liga entre estos dos equipos es un ruleta rusa.
Sólo había una estrella que había acudido puntual a la cita: Felipe Reyes. Sin ruido, sin aspavientos, a lo suyo, granito a granito. 75-75 y el balón acaba en manos del internacional español. Reverso, extensión de brazo delante del italiano Denis Marconato y el Madrid, con mucho sudor, al lado del título (77-75). Quedaba partido. Un montón (veintiocho segundos). Y ese pequeño lapso volvió a sonreir a los blancos.
Falló el Barcelona su ataque y cometió falta para que Reyes, a falta de 13.9 segundos, regresara a la línea de personal. Anotó los dos (79-75), sentenció el partido y colocó al Madrid a un paso del título. La estrella de la final se llama Felipe Reyes, juega en la selección española y es campeón del mundo.
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