COLPISA, Nueva York
Cuando las posturas son tan alejadas y el conflicto tan enconado como el del Sáhara Occidental, el simple hecho de que las dos partes acepten sentarse a la mesa del diálogo es ya motivo para congratularse. Ayer, el anfitrión de las conversaciones que se llevan a cabo en un pueblecito de Long Island expresaba en privado su satisfacción por haber logrado que los actores permanecieran durante dos días en la residencia de Greentree, donde Marruecos y el Polisario han hablado por primera vez en siete años.
De acuerdo con los deseos de Van Walsum, representante personal del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, las delegaciones han estado "secuestradas" durante dos días en la finca que un millonario altruista cediese a la ONU para facilitar "el entendimiento humano". Durante dos días han comido juntos y dormido en la serena mansión de 30 dormitorios y más de 1.600 metros cuadrados, sin móviles ni contacto exterior.
Van Valsum dejó que la primera ronda que se realiza desde las conversaciones que auspiciase en Houston el ex secretario de Estado estadounidense James Baker hace diez años comenzase con una plenaria en la que los interlocutores expusieron en voz alta sus posturas. Luego se reunió por separado con cada una de las partes en conflicto, además de los dos países vecinos invitados como observadores, Mauritania y Argelia.
Las propuestas
Marruecos propone un estatuto de autonomía inspirado en el modelo español que podría ser refrendado por la población en referendo, mientras que el Polisario insiste en que la autodeterminación sea parte de las opciones que tengan los votantes en esa consulta, pospuesta desde 1992. Una vía fuera de consideración para el gobierno de Mohamed VI, que ha jurado no ceder "ni un gramo de nuestro amado desierto del Sáhara".
Lo que está en juego no es sólo el futuro de cerca de 300.000 saharauis, de los que 155.000 viven desde hace 30 años en los campamentos de refugiados de Tinduf, sino el de todo el Magreb. Marruecos busca reanudar relaciones con Argelia para promover el desarrollo de la región a cambio de certificar su anexión del Sáhara Occidental. Al mundo le ofrece resolver los problemas que preocupan a Occidente en cuestiones tan clave como la inmigración, la seguridad y, en particular, el terrorismo de Al Qaeda.
"Si resolvemos el tema del Sáhara, Marruecos progresará, igual que Argelia y el Magreb", tentaba con astucia Taieb Fasi Fihi, ministro delegado para Exteriores de Marruecos.
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