Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

ENRIQUE MARTÍN BRAUN

Ayer y hoy en el Sur

20/jun/07 01:29
Compartir
Edición impresa Un comentario

QUIENES CONOCIMOS lo que era nuestro Sur a principios de la década de los sesenta y en lo que se ha transformado en la actualidad, podemos afirmar que los sueños del que fuera presidente del Cabildo Insular tinerfeño, José Miguel Galván Bello, no imaginaban que, años después, otros políticos tuvieran que legislar en forma de leyes contenidas en un Plan Director de Infraestructuras para frenar las barbaridades que se han cometido-consentido sobre nuestro territorio. El prohombre tinerfeño, pensamos, quería que el Sur despertara y, sobre todo, que se acercara a la capital de la Isla o que ésta tuviese en cuenta no sólo intereses procedentes del Norte. El equilibrio era el reto entre proteger lo que ya existía y la creación de zonas nuevas que inyectasen vigor a la economía. Surgió, entonces, la primera medida que iba a suponer un cambio radical, trascendental, en la vida tinerfeña: la construcción de la Autopista del Sur, realizada gracias a las mañas del presidente a la hora de financiar las obras que acometía. Madrid, es decir, la metrópoli, por aquellas fechas, como el resto de España, estaba subyugada por el régimen anterior. Una pandilla de ilustres ineptos nos visitaba de vez en cuando y con esa altivez que siempre ha caracterizado al godo (traducida por aquí como soberbia boba), sólo dejaban promesas que jamás se cumplirían. El bueno y astuto del presidente Galván Bello comenzó a utilizar la fórmula de adelantar los dineros. Cuando la obra estaba a mitad de camino, invitaba a alguno de aquellos rebenques y los comprometía, esto es, ponía el cascabel al gato. La obra se terminaba y el Estado cumplía. La conclusión de esta vía terminó con el aislamiento del Sur y, con el redescubrimiento de Los Cristianos (apenas el hostal Reverón y algunos apartamentos de nuestros buenos amigos la familia Tavío), apareció la primera urbanización que, además, respetaba el medio ambiente. Ten-Bel significó mucho en el origen de los nuevos espacios de esparcimiento. Los que la frecuentábamos estábamos convencidos de que las cosas iban a marchar por el buen camino. El entorno se había cuidado al máximo y la tranquilidad, el buen clima, las perfectas instalaciones y las exquisitas atenciones así lo corroboraban. El tiempo y otras formas, una vez más, echarían por tierra las ilusiones.

Dando un salto de cuarenta años nos situamos el otro día en lo que, desde 1999, se denomina como Costa Adeje. Y, la verdad, nos llevamos dos sorpresas: la primera no constituyó una total impresión, pues ya conocíamos parte de lo allí edificado. La segunda sí fue positiva... con algún pero. El pasar unos días en alguno de los formidables hoteles que se han abierto en la zona de El Duque (establecimientos, plazas, playas, centros comerciales, apartamentos, calles... llevan este nombre en reconocimiento al que fuera propietario de todas aquellas inmensas fincas), nos pone en contacto con uno de los destinos turísticos preferidos por los europeos. Se palpa que todos están empeñados en mantener la calidad. Pero, con ser cierta esta constancia, no es aconsejable dirigir la mirada hacia lo alto. Allí, en las montañas, han proliferado los mayores adefesios que se puedan imaginar. Auténticos nichos habitados sirven de horroroso telón de fondo a un magnífico escenario donde los "cinco estrellas" están junto al paseo que va desde La Caleta hasta Los Cristianos, un auténtico desafío para quienes prefieran caminar respirando la brisa marina. Pero, según nos confirman, La Caleta tiene también sus días contados. De pueblo de pescadores, las urbanizaciones y el campo de golf ya lo rodean y en el horizonte existe, cómo no, el proyecto de un gran puerto deportivo (otro más). Costa Adeje, la costa, también está masificada. Cuando se camina y se observa la importante cantidad de bares, restaurantes, pizzerías (muchas), casinos, hoteles de cinco, cuatro y tres (los menos) estrellas, advertimos que nos encontramos en otro mundo. Nada tiene que ver todo esto con El Chicharro. Pensamos allí en Santa Cruz como algo muy lejano y en el Puerto de la Cruz como la otra cara de la moneda. El presidente Galván Bello no suponía esto. La vida tradicional (pesca y cultivos) terminó. El turismo lo succiona todo. Malo.

...

 Última hora:

 Últimas galerías:

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: