EL INFORME ANUAL de Cáritas en la diócesis tinerfeña, presentado el pasado viernes por el director de la ONG cristiana y el obispo, vuelve a poner de manifiesto que la pobreza sigue aumentando en las islas occidentales ?al igual que en la orientales, según el informe de aquella demarcación?, poniendo en una difícil posición al Gobierno canario, que ya lleva muchos años manejando un presupuesto multimillonario y ejerciendo competencias suficientes como para modelar la sociedad canaria según su modelo y, en definitiva, disponiendo de instrumentos suficientes como para, al menos, atenuar mucho más la pobreza.
Sin embargo, lo que ocurre es todo lo contrario, y como cada año las cifras son más negativas, no tardarán los Servicios Sociales autonómicos, y hasta el Instituto Canario de Estadística, el Istac, en desmentirlas o en rebajarlas considerablemente, como han hecho en otras ocasiones. Ciertamente, algunas veces se han manejado conclusiones en los informes de Cáritas que no se pueden corresponder con la realidad que ve cualquier ciudadano. Por ejemplo, resulta difícil cuadrar la cifra de 400.000 canarios bajo el umbral de la pobreza con las tasas espectaculares de consumo que se registran. Pero hay otros datos que sí son seguros y no por menos espectaculares dejan de ser igualmente graves. Es el caso de las 27.734 personas a las que Cáritas tuvo que atender el año pasado. Y atender en este caso significa proporcionarles lo más elemental, empezando por alimentos. Si tenemos en cuenta, como han señalado los responsables del informe, que detrás de muchas de estas solicitudes hay una familia detrás, o un compañero o una pareja, y que la cifra es mayor que la del año anterior, la evolución de la pobreza en Canarias es cada vez peor y podríamos estar hablando, sólo en la provincia tinerfeña, de casi 40.000 personas que no tienen ni para comer o un techo bajo el que dormir. Y no sólo Cáritas se dedica a atender a este tipo de personas. Hay más instituciones que también tienen sus propias estadísticas, aunque no sean tan altas.
Llegados a este punto, nos preguntamos si es ésta la "felicidad" que nos prometió el presidente canario al principio de la legislatura. ¿Se quedaría dicha felicidad en Las Palmas? Y ya que sus compañeros han puesto tantas esperanzas en un Estatuto de Autonomía que, según ellos, va a mejorar la vida de los canarios, que al menos hagan un texto que nos procure libertad y bienestar a todos, no sólo a los canariones, y, por ese camino, a ver si nos llega la felicidad. Pero somos escépticos ?ya lo hemos dicho? con lo que se prepara. Por esa vía seguro que no se acabará con la pobreza.
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