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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Alarcó calcula mal

11/jun/07 01:07
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Antonio Alarcó es un individuo singular, acaso aprovechable para el asunto público si no lo perdiera su egolatría. Característica que a estas alturas me importa tanto como el croar de un batracio en una noche sin luna. Pero como me pagan para que comente la política de estos alrededores, debo decir que al doctor Alarcó lo pierde su vanidad. Lo están perdiendo, de forma concreta, los cinco consejeros que -incluidos él mismo- ha obtenido el PP en el Cabildo de Tenerife. Su antecesor significativo en el Palacio insular -y aclaro esto porque Ángel Llanos no encabezó, en su momento, la lista de los populares al Cabildo, aunque luego fue consejero de Relaciones Institucionales con sueldo y secretaria- supo hacerse imprescindible cuando no lo era. En la pasada legislatura Ricardo Melchior contaba con mayoría absoluta y, por lo tanto, no precisaba el apoyo del PP. Otra cosa es que le conviniese tenerlo. El bi-doctor, en cambio, va camino de lo contrario: a Melchior no le va a quedar más remedio que prescindir de él aunque necesite al PP para la estabilidad del Cabildo.

La primera pretensión de Antonio Alarcó fue la vicepresidencia. Después de todo, si Llanos va a ser el primer teniente de alcalde de Santa Cruz, él no puede contentarse con menos. No obstante, el cargo al que aspira Alarcó le supondría hacerse cargo del Cabildo siempre que su titular esté ausente. Una circunstancia que no tiene mayor importancia en el caso del Ayuntamiento, pues Zerolo rara vez sale de Santa Cruz. De vez en cuando va a un hermanamiento por ahí, y poco más. El presidente del Cabildo, en cambio, también es senador y debe ir a Madrid casi todas las semanas. Lapsos en los cuales el vicepresidente lo sustituye de hecho. Razón más que suficiente para que esta tarea la desempeñe una persona de su propio partido. Bermúdez o quien sea -eso lo decidirá en su momento-, pero no Alarcó. Por eso le ha dicho al doctor que sus aspiraciones son imposibles.

Le queda al PP la posibilidad de asumir alguna de las áreas de trabajo. No obstante, la gestión de los recursos insulares requiere dedicación plena. Algo imposible en el caso de Antonio Alarcó, pues no quiere abandonar su profesión de cirujano; al menos hasta que Soria lo ponga adecuadamente en una lista y salga senador. Posibilidad que de momento tiene difícil, si bien ese es otro tema.

Complicada por materialmente imposible su investidura como vicepresidente, Alarcó ha propagado la eventualidad de un entendimiento con Santiago Lenin Pérez para jubilar a Melchior. A cuánto es capaz de llegar el vanitas vanitatis et omnia vanitas. Complicado lo veo. No sólo porque su partido jamás se lo permitiría, sino porque Melchior guarda un as en la manga llamado Vicenta Díaz. La hasta ahora alcaldesa de Güímar, también consejera electa del Cabildo, se entiende muy bien con el presidente de la Corporación. Si se ve forzada a abandonar el PP por persistir en su pacto con los socialistas güimareros, podría ser la consejera número 15 que necesita Melchior para su mayoría absoluta. Componenda que convertiría al bi-doctor en absolutamente prescindible. No está Alarcó en situación de exigir demasiado.

rpeyt@yahoo.es

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