UNA MALA NOTICIA. Eso es lo que piensa Román Rodríguez del posible pacto secreto ?un secreto a voces? entre el PP y CC para gobernar estas islas. Lo que no cuenta Román es que ese acuerdo entre nacionalistas canarios y populares nativos no depende de que sea una afrenta o un anhelo, según se mire. Ocurre con este asunto lo mismo que con el mar de fondo: sus olas las ha generado un temporal a miles de kilómetros de distancia.
La fuerte marejada política que se avecina en Canarias no está naciendo, sin embargo, tan lejos. En realidad se trata de dos personas y un mismo partido. Por un lado, Alfredo Pérez Rubalcaba. El ministro del Interior ha tenido que tragarse muchos sapos durante los dos últimos años a cuenta del proceso de paz. El penúltimo, y el más grande, la excarcelación de un criminal que tiene en su currículo veinticinco asesinatos. Digo el penúltimo porque el último cáliz que pretende hacerle beber Zapatero ?el otro hombre del asunto? se llama Navarra. Entregarle Navarra a la izquierda nacionalista vasca, para hablar con propiedad. Rubalcaba es uno de los más hábiles fontaneros del PSOE, si excluimos a Domingo Medina. Aunque tal maestría no significa que pueda venderle con facilidad a la ciudadanía, incluida la ciudadanía socialista, la conveniencia de batasunizar Navarra a cambio de darle otro puyazo al PP. Más aún: Rubalcaba ni siquiera está convencido de que pueda venderse esa componenda a sí mismo.
¿Quién de los dos ganará? Difícil pregunta sin una bola de cristal a mano, aunque parece que lo de Nafarroa toma cuerpo. Caben, desde luego, algunas aproximaciones. Al ministro del Interior le asiste sólo la fuerza de la razón. Un arma demasiado débil cuando median los intereses políticos, incluso en el caso de que esa opinión suya la suscriba medio Partido Socialista. A Zapatero, en cambio, lo atenaza la necesidad. Sabe muy bien que permitir un gobierno del PP en Navarra supone no sólo liquidar su tan querido proceso de paz, sino incluso exponerse a un serio atentado de ETA. Un golpe con víctimas mortales tras lo cual el actual presidente del Gobierno, como me comenta un amigo, tendría que buscar trabajo y residencia en un suburbio de Shangai porque en España no podría ni salir a la calle.
Al final, si Rodríguez Zapatero impone su criterio y Na Bai gobierna en Navarra, Soria y Rivero sacarán de la gaveta el pacto que ya tienen firmado. Si es UPN quien asume el poder, a Soria le dirán desde la calle Génova que siga donde está. Eso sí, el PSOE no le apoyará la moción de censura en el Cabildo, porque sin sueldo no pueden dejarlo.
Esta es la mala noticia y no lo que dice el resentido de Román. Porque en resumidas cuentas, después de tanto lío con "lo nuestro" por parte de unos, y con la tan cacareada "regeneración" de los otros, el futuro inmediato de estas Islas no lo están decidiendo los canarios nacionalistas, socialistas o populares, sino el capricho de un presidente a la baja empeñado en mantener un proceso de paz en el que ya no cree nadie, y un Rajoy demasiado obtuso para comprender que el tipo del talante lo maneja como una marioneta. Un PP con altura de miras no se prestaría a estos enjuagues denigrantes para Canarias, y dejaría que Soria negociase abiertamente con CC lo que debe acordar. O al menos le permitiría que dijese abiertamente lo que ya ha pactado.
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