Gastronomía
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ROGELIO QUINTERO PROFESOR DE COCINA

Sabrosos recuerdos

1/jun/07 08:03
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ME ENCONTRABA en una terraza en la Punta del Hidalgo mitigando el calor que sufrimos semanas atrás, disfrutando junto a unos amigos de unos camarones y unas cervecitas. Miraba la pizarra en la que se detallaban los platos que ofertan el concurrido local en el que se practica una cocina familiar y sabrosa.

Al leer morena frita, me trasladé en el tiempo, me sumergí en el sabroso recuerdo de una que me preparó hace ya años mi amigo Antonio en Tazarte, un perdido pueblito del sur grancanario. Antonio, pescador, al igual que su familia, ofrece sus capturas en su pequeño restaurante acariciado por las olas de un plácido mar.

Recuerdo cuando pescó una enorme morena con un lazo sujeto a un palo en la misma orilla, mientras cantaba la popular canción "morenita pintá, que viene el macho y se come la carná", junto a los silbidos de rigor.

Como comprenderán, la morena no metía su cabeza en el lazo por la voz de Antonio (por cierto horrorosa), sino por la sangrante cabeza de albacora que situó entre las piedras y que volvía locas a las susodichas: les hacía perder la cabeza, nunca mejor dicho. Luego mostraba un trozo de carnada situada al otro lado del lazo y ¡zas! al balde. Aunque, nunca he descartado que los pobres bichos quisieran poner fin a su vida y acabar con la tortura a las que las sometía mi amigo con sus cantos.

Luego, quitó la piel y las espinas como sólo los pescadores saben hacer, con la ayuda de una tacha clavada en la pared, un afilado cuchillo y una tela de saco de los de antes, los de ahora no valen.

Abrió la morena y la dispuso sobre papel de aluminio, la roció con un mojo de perejil y terminó con unos granillos de sal. Cubrió el pescado con el aluminio y cerró los bordes hasta formar un paquete hermético. Luego lo pasó a la parrilla para que minutos después la bolsa comenzará a inflarse y la morena a cocinarse al vapor.

Cuando consideró que ya estaba, la apartó del fuego y abrió la bolsa, dejando escapar aromas a mar y frescura que todavía tengo registrado en la memoria. La carne increíblemente libre de espinas, de una textura delicada, sabor exquisito y jugoso en extremo. ¡Espectacular!

Hace ya algunos años que no me paso por Tazarte, espero que Antonio siga preparando tan magistralmente este marinero plato. Iré próximamente para disfrutar con esos buenos amigos y de su deliciosa morena entre otros condumios y registrar nuevamente esos sabores y aromas. Espero tenga las morenas en el balde cuando llegue o que haya afinado su voz. Hasta la próxima.

rquinter@telefonica.net

 

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