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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Un premio infame

29/may/07 24:40
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CREO EN LOS PREMIOS que le concede a un deportista el inexorable veredicto de un cronómetro exacto, o de una inextensible cinta métrica. Nadie puede arrebatarle a un atleta el mérito de llegar a la meta una milésima antes que sus rivales, o de saltar un centímetro más alto que sus contrincantes. Lo mismo cabe decir para quienes levantan un kilogramo más que el otro, o lanzan la jabalina un metro más lejos. Lo demás lo pongo en duda. Incluso en el fútbol muchos goles están desprestigiados por la sospecha de la ilegalidad reglamentaria. En este contexto, comprenderán ustedes que reniegue de considerar serio cuanto galardón conceda un jurado. Hasta con los Nobel se ha dado el caso, en determinadas ocasiones, de que las coyunturas políticas contasen más que el mérito de los galardonados. Y si ni los formales suecos se libran a veces de estas farsas, cabe imaginar qué puede suceder por latitudes no tan serias como las nuestras. Aunque en realidad no hace falta imaginarlo. Basta ver qué ha ocurrido durante veinticinco años con el Premio Príncipes de Asturias. Galardón que se concede con frecuencia a personas ya importantes con el fin no de prestigiar al homenajeado, sino al propio premio. Eso sí, incluyendo algunas excepciones para que no se note. Verbigracia, el laurel adjudicado a Fernando Alonso por correr mucho con un coche que no hemos fabricado nosotros -no sabemos; no sabemos ni ensamblar un triciclo-, mientras que otros deportistas se desloman entrenándose sin recibir la menor ayuda. Bien es verdad que no tienen el mérito, como el tipo que va rápido, de haber nacido en tierra de príncipes y princesas.

En este infame camino de recompensar al que conviene y no al que lo merece, se puede ir bastante más lejos. Un periplo que nos acerca a nuestro entorno vernáculo y atlántico. Porque esta noche se entregan los premios Canarias. Entre ellos el de Comunicación, que recibirán los trabajadores de TVE-C. Galardón para el que también había propuesto el Cabildo de Tenerife, por unanimidad, al editor y director de EL DÍA .

Nada voy a objetar respecto al mérito de los colegas televisivos para tan "alta" distinción. No hace falta. Ellos mismos la han calificado como una tomadura de pelo, después del escaso o nulo esfuerzo del Gobierno regional para que se mantuviese el centro de producción de programas de Tenerife. No habérselo concedido a José Rodríguez, después de haberlo propuesto, sólo admite el calificativo de infamia. "No todos los nominados a un Oscar reciben la estatuilla", me dijo alguien hace unas semanas cuando le afeé este asunto. Cierto, pero no es el caso. Rodríguez Ramírez nunca ha pedido que se lo den ni lo hará, pese a contar en su currículo con el mérito de configurar un periódico -hoy todo un grupo multimedia- que admiran sus amigos y envidian sus detractores. Sobraba este intento de humillarlo. Afortunadamente, no ofende quien quiere.

Huelga decir que vivimos una época donde prolifera el amiguismo, el peloteo, la sumisión y el callar para no ofender a quien mañana puede hacernos un favor. Una comedia denigrante interpretada a diario por personajes mezquinos o directamente miserables, empezando por el jurado que pretendió la afrenta. Un mínimo de dignidad supondría no entregar el premio de este año, además de no volverlo a conceder mientras no se le otorgue a quien lo merece.

rpeyt@yahoo.es

 

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