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Ingreso en la Academia de Zaragoza.- Alumno de la XVII promoción de la Academia General Militar de Zaragoza, en 1960 recibió el empleo de alférez de artillería y, dos años después, se licenció como teniente en Segovia.
Formación en Estados Unidos.- En 1965 realizó en Fort Bliss (Texas) un curso de oficial táctico de misiles "Hawk". A finales de ese mismo año fue destinado al I Grupo de Misiles "Sam" del Regimiento de Artillería Antiaérea Nº 74 de Jerez de la Frontera.
Acceso a la Escuela de Estado Mayor.- Con el cargo de capitán, en 1969, formó parte de la Promoción 68 de la Escuela de Estado Mayor, centro que abandonó tras completar sus estudios en 1972. En este periodo estuvo en cuarteles de La Coruña, Jerez de la Frontera y Algeciras.
Su primer contacto con Tenerife.- En septiembre de 1979, coincidiendo con su ascenso a comandante, accede al Estado Mayor de la Jefatura de Tropas de Santa Cruz de Tenerife. Continúa su formación en la República Federal de Alemania (Baumholder) y en Estados Unidos (Virginia). Asciende a teniente coronel cuando se encuentra en Fort Leavenworth (Kansas), donde culmina otro ciclo de su amplia carrera militar.
Destinado en la embajada de España en Turquía.- Ya con el cargo de coronel, en 1992 es asignado agregado de defensa, militar, naval y aéreo de la embajada de España en Turquía. En 1995 recibe el cargo de general de brigada, pero continúa en Ankara hasta que acepta ser inspector del arma de artillería en Madrid.
Misión de paz en suelo balcánico.- En agosto de 1995 le entregan el puesto de jefe de estado mayor y logística y personal del cuartel general de las fuerzas de paz de la ONU (UNPF) en la antigua Yugoslavia.
Regreso a casa.- El Ministerio de Defensa hace oficial que Emilio Abad Ripoll es el nuevo jefe de Estado Mayor del Mando y Zona Militar de Canarias en Santa Cruz de Tenerife, cargo que desempeña hasta su pase a la reserva en febrero de 1999.
Su experiencia en el museo.- En julio de 2001 es nombrado director del Centro de Historia y Cultura Militar de la Zona de Canarias, con sede en Santa Cruz de Tenerife, hasta que en febrero de 2005 pasa a la situación de retirado.
JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
La lluvia nos sorprende en uno de los bordes del parque García Sanabria de la capital tinerfeña. Miles de gotas, de un grosor importante y templadas por el efecto del sol, caen por sorpresa mientras sobre la cordillera de Anaga se produce una explosión de colores a medida que el arco iris moldea su silueta. Confiesa que es un hombre de sur. Nació en Melilla, en 1940, pero se siente tinerfeño desde que en septiembre de 1979 le "entregaron los galones" de comandante y vino destinado al Estado Mayor de la Jefatura de Tropas de Santa Cruz de Tenerife. Compartimos café e historias con Emilio Abad Ripoll, ex jefe del Estado Mayor del Mando y Zona Militar de Canarias en la provincia occidental.
-¿Qué es lo que más echa de menos desde su retirada en 2005?
-El contacto con la gente, pero al seguir colaborando con el Centro de Historia y Cultura Militar no he logrado romper del todo con los lazos que me unen al Ejército.
-¿Cómo se observa el papel del Ejército desde la visión de un civil?
-Lo sigo viendo como algo que no llega a ser comprendido por la sociedad. A pesar de los esfuerzos que se hacen desde dentro para que la gente nos conozca mejor, no se están obteniendo los resultados que se persiguen. ¿El Ejército? Es un gran desconocido para la gente.
-¿Por qué razón se hizo militar y no ingeniero, médico o abogado?
-Cuando era niño quise hacerme ingeniero porque, sinceramente, las matemáticas siempre se me dieron bien, pero me hice militar y la verdad es que no me he arrepentido nunca de la decisión que tomé el verano en el que terminé el Bachillerato. Entonces, mi padre ya era brigada; mi tío, teniente coronel; mi abuelo y mi bisabuelo también hicieron carrera en el Ejército, en resumen, que en mi caso sí que hubo algo de herencia o una cuestión genética.
-¿Un militar nace o se hace?
-Las dos cosas. Aún recuerdo la noche en la que le dije a mi padre que quería ser militar. Estábamos sentados en la puerta de casa tras la cena y él me comentó que se alegraba de la decisión, aunque añadió que "satisfacciones materiales iba a tener muy pocas pero, si eres bueno", dijo, "alguna vez te podrá llegar una satisfacción moral". ¡No se equivocaba! Muchas de las vivencias que he acumulado desde 1958 son impagables.
-¿Por qué se hizo artillero?
-No lo sé, porque en mi familia tradicionalmente todos fueron del cuerpo de Infantería. Era la oveja negra, entre comillas, pero nunca me he lamentado de aquella decisión.
Bajo el terror de ETA
Para un militar, al igual que para un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, lucir un uniforme en el periodo más sangriento desatado por ETA suponía exponerse a un atentado o a la pérdida de un compañero de promoción. En el caso del ex general de brigada Abad Ripoll existe alguna que otra herida abierta por una despedida prematura de un amigo.
-¿Qué sentimientos le generaba el reguero de muertes provocado por los terroristas durante más de dos décadas y media en España?
-Nunca llegué a experimentar una sensación de odio hacia ETA porque soy cristiano, pero casi. El día que los terroristas asesinaron a Julián Ezquerro, que había sido compañero mío de Estado Mayor, se me vino el mundo abajo. Era el alma de la clase y tardé mucho en asimilar su pérdida. Aquel goteo continuo de muertes era insufrible. Lo peor era escuchar las voces de los que protegían a los pistoleros argumentando que ése era nuestro cometido. No señores, nosotros no
estábamos allí para que nos pegaran un tiro en la nuca.
-Otra fecha clave en la historia reciente de este país fue el 23-F de 1981. ¿Qué recuerdos guarda de aquel intento de golpe de Estado y, segundo, le sorprendió el asalto del teniente coronel Tejero?
-Supuso una sorpresa enorme. Yo era el jefe de operaciones de la Jefatura de Tropas de Santa Cruz de Tenerife y entonces contábamos con cinco mil soldados repartidos entre las cuatro islas de la provincia. Aquella tarde estaba dando clases a los alumnos que se preparaban en el Militar de La Cuesta para ingresar en la Academia. La noticia me la dio una vecina nada más llegar a casa. Recuerdo que me dijo que acababa de oír por la radio que unos guardias civiles o unos terroristas, en aquel momento no supo decirme quiénes eran, habían entrado con armas en el Congreso. Llamé a mi superior, que era el teniente coronel Hilario Martín Jiménez (que luego llegó a general), y me ordenaron que me presentara en Capitanía. Allí estuvimos en estado de alerta uno y, más tarde, en alerta dos. Para el 99% de mis compañeros aquel intento de golpe de Estado fue inesperado.
-¿En las actuales circunstancias, con un Ejército profesional, y una sociedad española que, poco a poco, se ha ido desligando de su tradición militar, usted habría tomado la misma decisión que en 1958?
-Creo que sí. Yo habría entrado en el Ejército. Ahora mismo tengo un sobrino que salió como teniente de Infantería el pasado verano y si él ha tenido la vocación de entrar, probablemente, mi decisión sería la misma que tomé hace cincuenta años.
-¿Qué le ha dado su profesión?
-Momentos irrepetibles. Me ha dado la oportunidad de conocer a gente maravillosa y un montón de países. El Ejército, además de permitirme relacionarme con militares de más de cincuenta naciones, me ha formado como persona. Soy consciente de que también me ha quitado tiempo para mi familia.
-Además de restarle algo más de tiempo de su vida familiar, ¿le ha quitado mucho más?
-Principalmente me quitó ratos para estar mucho más cerca de mis hijos, pero que ahora estoy intentando recuperar con los nietos. He tenido la fortuna de tener a mi lado una mujer maravillosa que asumió perfectamente la situación y apoyó todas mis decisiones. No es fácil combinar la vida familiar con esta profesión. Un militar es como un futbolista, tiene que tener siempre hecha la maleta porque nunca sabe adónde lo van a mandar. Eso sí, gana mucho menos dinero. Es duro tener que coger a tu mujer y a tus seis hijos y volver a cambiar de vida por un ascenso. El mayor de mis hijos, por ejemplo, en sus primeros cuatro años de su etapa escolar estuvo en cinco centros distintos, en cinco ciudades diferentes, tuvo que reconstruir su círculo de amigos un montón de veces.
-¿Después de estar viviendo 28 años en la Isla, imagino que ya se siente un tinerfeño más?
-En 1979, vinimos con la idea de estar un tiempo, completar un ciclo más y regresar a Andalucía porque habíamos estado muchos años en Jerez y Algeciras, pero nos empezamos a sentir muy cómodos y se nos hizo muy difícil volver a hacer las maletas. Tuve la suerte de tener unos jefes magníficos y la familia fue consolidando sus raíces en esta tierra. Ahora sólo tenemos una hija viviendo en Sevilla, el resto de la familia la tenemos aquí.
-¿Qué fue lo que le enamoró de Tenerife?
-La amabilidad de la gente y el clima. Soy un hombre de sur que ha vivido en el norte, pero que se siente más cómodo en el sur. Mi unión con la Isla de Tenerife fue como una especie de flechazo. ¡El primer día ya me enamoró!
-¿Qué sensación le produce ver cómo antiguas instalaciones militares tinerfeñas comparten ahora competencias con otras administraciones, están cerradas o incluso en una situación de abandono?
-Quizás por la formación que he tenido, soy partidario de concentrar las tropas en una única base. ¿Por qué? Simplemente, porque con un gran cuartel el ahorro que se produce es enorme. En 20 cuarteles tienes que tener 20 cocinas, al menos cuatro puestos de guardia, lo que supone 80 centinelas en un único cometido. Lo que me da pena es que no se cuiden los restos de lo que valía la pena, es decir, las cosas valiosas que existen en esos cuarteles que están cerrados o abandonados.
-¿Cree que no se ha cuidado el legado militar insular?
-Si la instalación está bien me da pena que no se conserve. Es una lástima ver derrumbada la torre de San Andrés. Si hubiera quedado así después de un ataque entendería que nadie tocara ni una sola de sus piedras, pero por una riada que se la llevó por delante. ¡Es triste! Las personas que pasan por allí y miran aquella estructura desmoronada y rodeada de basura se llevan una imagen muy negativa que es difícil de recuperar por mucho que te molestes en explicarles el significado que tiene para la ciudad aquella fortaleza. Lo mismo se puede decir de los restos del baluarte de San Francisco, al ladito mismo del Auditorio, porque no se sabe o no se da el uso que se merecen estos edificios. San Juan, la Casa de la Pólvora... Tenerife tiene muchísimos atractivos de la arquitectura militar, pero la mayor parte de ellos están en unas condiciones de conservación malas o, por lo menos, algo delicadas.
-¿La joya de la corona está en el museo de Almeyda?
-Junto con el edificio de Capitanía es, sin duda alguna, el edificio más interesante que tenemos. En Almeyda hemos logrado reunir un auténtico regalo visual para el pueblo de Santa Cruz de Tenerife, para la Isla y para Canarias. Yo tuve el honor de ser el director del Centro de Historia y Cultura Militar de la Zona Militar de Canarias y fue una etapa enriquecedora. En España sólo hay otros seis centros parecidos: en Barcelona, en La Coruña, en Palma de Mallorca, en Sevilla, en Valencia y aquí, pero no todos lo tienen en la misma localización que el nuestro. Sólo en el fondo histórico de Capitanía hay más de dos millones de documentos a disposición de todas las personas que estén interesadas en conocer un capítulo de la vida militar del Archipiélago. Cada vez que miraba los registros de visitas del museo de Almeyda se me caía el alma a los pies. La mayoría de los visitantes eran escolares o extranjeros. Es una pena que Tenerife no conozca los tesoros de Almeyda. Vienen muchos más ingleses que chicharreros y, la verdad, no lo comprendo.
-Si finalmente los originales de esos archivos militares viajan a la Península, ¿se puede generar un gran contratiempo?
-El cañón "Hércules" está dónde está gracias al esfuerzo conjunto que hicieron políticos y militares, aunque también hay que decir que hubo una dosis de suerte importante. Según las normas archivísticas que existen en España, todos los documentos tendrán que irse a la Península a corto plazo. ¿Qué pasará el día que un vecino de Granadilla vaya a hacer una consulta y no encuentre el documento que está buscando? Pues que posiblemente tendrá que tomar un avión e irse a Ávila. He recomendado al Gobierno de Canarias varias veces que inicie un proceso para poder digitalizar los textos que, cuando ya no estén los originales, por lo menos quede una referencia aquí. Pero el tiempo pasa y lo cierto es que estamos perdiendo una magnífica oportunidad de conservar un patrimonio único.
-¿Usted cree que se han perdido muchos tesoros de este tipo?
-No queda ni un solo cañón de los noventa y pico que defendieron la noche del 25 de julio la fachada de Tenerife. El que está en el museo es algo más moderno, otro -similar al anterior- ya lo ha pedido el Ayuntamiento de Icod de los Vinos para realizar un monumento en el barrio de Santa Bárbara. El resto fueron enterrados, se arrojaron al mar o se fundieron. El propio Tigre estuvo a punto de irse como cañón de salvas a Las Palmas. Si no es por la afortunada intervención del cónsul de Venezuela, que lo halló tirado en el muelle de esta capital junto con otros cañones, se habría ido y, quizás, algún día lo habrían troceado o simplemente fundido. Lo que quiero decir con todo esto es que tenemos que cuidar nuestro patrimonio militar para entender el papel tan importante que ha tenido Tenerife en episodios muy puntales de la historia de este Archipiélago. Si no conocemos lo que fuimos, no podemos conocer lo que somos.
Memoria histórica
El general Abad Ripoll es un gran aficionado de la historia y la literatura. Forma parte de la "Tertulia Amigos del 25 de Julio" -en la actualidad es su presidente- y de la asociación "Hidalgos de Nivaria". En su hoja de servicios, además de aparecer un montón de destinos y cursos formativos, se hace referencia a las condecoraciones que ha tenido que recoger en casi 50 años de actividad militar: Gran Cruz, Placa, Encomienda y Cruz de la Orden de San Hermenegildo, Gran Cruz y dos Cruces al Mérito Militar, Cruz al Mérito Aeronáutico, Cruz de Plata de la Guardia Civil, la Medalla de las Fuerzas de Paz de la ONU y, por último, la Encomienda al Mérito Civil.
-Un militar debe ser un buen estratega, ¿no?
-Tiene que ser un buen táctico porque hoy en día se abusa demasiado del término estrategia. Estrategia es planear todo para ganar la guerra, no elaborar una jugada en un partido de fútbol antes del lanzamiento de una falta. Eso es una escaramuza que, a veces, sale bien.
-¿Y debe conocer la historia?
-Las dos, la historia general y la historia militar. Ambas deben ir en paralelo para tener una visión más amplia del pasado.
-Hablando de guerras, historias y piezas de museo, ¿la derrota del almirante Horacio Nelson en aguas tinerfeñas es un verdadero filón para los aficionados a la literatura militar?
-El tiempo que permanecí como director del museo, al menos en dos ocasiones, algunos de los ingleses que visitaron Almeyda preguntaron dónde tenemos el brazo derecho del almirante Nelson. Hay una página web británica en la que se cuenta que está enterrado junto al altar mayor que preside la catedral de Santa Ana de Las Palmas. Pero la verdad es que suena raro que aquella noche los ingleses le dieran a los españoles como trofeo el brazo de Nelson, que luego los tinerfeños se lo hubieran regalado sin problemas a los de Las Palmas y, sobre todo, a pesar de que es conocido que los católicos tienen en áreas concretas de sus templos lo que se conocen como las reliquias de los santos. ¡Nelson fue un gran hombre, pero no un santo!
-¿Cómo reaccionan los británicos cuando conocen los episodios que se dieron en esta capital?
-Los ingleses siempre muestran mucho interés por averiguar datos de aquel episodio porque la mayoría de sus textos de historia pasan casi de puntillas por encima de la derrota que sufrió Nelson en Tenerife. Luego, una vez aquí, se llevan una enorme sorpresa cuando observan que uno de los militares más brillantes que han tenido fue vencido en esta tierra. Aquella fue una derrota sin paliativos, es decir, que nunca podrán argumentar que fue como el partido de fútbol, que se gana en el último minuto y con un penalty injusto.
-Por último, ahora mismo anda metido en la organización de unas conferencias en las que se explicará el significado de la "primera cabeza de león" que aparece en el escudo de Santa Cruz de Tenerife.
-Así es, son tres sesiones organizadas por la "Tertulia Amigos del 25 de Julio" -los días 4, 5 y 6 de julio, a las 20:00 horas, en el salón de plenos del Ayuntamiento capitalino- en el que se los conferenciantes (Juan Tous Meliá, Daniel García Pulido y Manuel Hernández González) hablarán del ataque de Robert Blake a la capital tinerfeña, el 30 de abril de 1657.
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