A RAÍZ DE UNA COMUNICACIÓN nuestra en la Academia Aragonesa de Jurisprudencia y Legislación, a raíz de ese "magno" centenario del nacimiento del gran filósofo y jurista aragonés del siglo XX, Luis Legaz Lacambra -por cierto, que no entra en la Memoria Histórica "Oficial" (¿)-, se me preguntó, por algún académico numerario, sobre cierta obra de Legaz referente al tema "Amistad, Amor y Justicia". Fue, en efecto, en los últimos años de sus tratados, monografías, traducciones, etc., que se incorporaron a la Biblioteca y Despacho que se custodia en el Palacio Larrinaga, de Zaragoza, de una entidad financiera, que es muy visitada por numerosos universitarios, especialmente extranjeros. La pregunta de mi compañero tenía su enjundia. Porque Legaz, en los años 1930, becado por la Junta de Ampliación de Estudios, después de licenciarse en Derecho, con un expediente extraordinario, y hablar cuatro idiomas, convivió con Hans Kelsen en Viena, e hizo en España la traducción, recensión y crítica de las tesis del profesor y diplomático centroeuropeo, basada en la "teoría pura del Derecho". Pretendía situar la Norma Fundamental como una arquitectura formal, en que se basase la Constitución, y que aquélla quedase inmune a las ideologías, corrientes sociales o éticas dejando fuera -al menos de momento- a la Justicia. Pese a todo, la II Guerra Mundial desmontó todo el planteamiento neopositivista. Fue la gran aportación, entonces, de Legaz, junto a Recasens Siches y Cossio en Argentina.
Legaz fue más allá de Kelsen, aunque se impregnara de él. Su prestigio en el mundo, a través de sus tratados y estudios, le permitió ser durante muchos años vicepresidente de los Congresos Mundiales de Filosofía Jurídica y Social. La influencia de Verdross y de Ortega y Gasset le dieron personalidad propia en lo jurídico.
¿Por qué Legaz se acercó y penetró en el coloso del neopositivismo de su tiempo, antes de conquistar la cátedra de Derecho Natural y de Filosofía del Derecho, en la Universidad de La Laguna (Tenerife), desde las bases iusnaturalistas? Este era uno de los puntos de nuestra comunicación. Ahora viene el sentido del interrogante: ¿hay, o no, un cambio de actitud en Legaz, con el discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Políticas y Morales, "Amistad, Amor y Justicia"? Ha habido varias respuestas que acaso no se comprendan bien, si no se advierte que Legaz Lacambra, además, pertenecía a la generación del 27, de juristas aragoneses -como Larraz o Lorente Sanz- que tratan, como la generación literaria o sacerdotal -San Josemaría Escrivá, por ejemplo-, de dejar de trompetear sobre las angustias de España para hacer una obra o iniciarla hacia el año 1927, en una tarea regeneracionista. Sin dejar de analizar y aún criticar las bases neopositivistas de Kelsen, siempre viendo al Derecho como forma de vida social -influencia orteguiana- desde un punto de vista de la Justicia.
Y aquí viene ese complemento o reflexión, que a veces se torna en iluminación agustiniana: "Lo que por amor el hombre se conoce y quiere ha sido pensado y querido por Dios desde la eternidad. El amor de Dios nos fuerza, no para constreñirnos como cosas, sino para obligarnos a ser libres". El final del discurso de Legaz es el siguiente: "Con amor y justicia deben tratarse entre sí los hombres y los asuntos humanos. No hacerlo así es desamor, que desata el odio o la violencia de los demás. La ley del amor y de la justicia obliga a todos, también a los demás.
Legaz ya no habla del poder o del Estado, como Kelsen. Por eso, desde esa línea de la reflexión, me apunto -en esta hora fuerte de España- a lo que llamara el profesor Jorge de Esteba "Una aberración política y legal forzada por el Gobierno" (El Mundo, de 7-5-2007), referida a la situación que se avecina en el País Vasco y Navarra, a raíz de la posición de un "pacto" y aún "defensa" del terrorismo, para alcanzar un poder, fuera de las vías de un Derecho y Justicia, en donde esté presente el Amor. Pero eso nos llevaría lejos.
* Vicepresidente de la Sección
de Derecho de la Real
Academia de Doctores
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