ASOMBRADO por el llenazo de los salones del Casino de Tenerife a pesar de época de elecciones con pega de carteles, a pesar del día de san Isidro con la cata de vino, y a pesar de que ese mismo día/misma hora el presidente del Cabildo presentaba su candidatura en el Auditorio, robándome montones de amigos, políticos, de la empresa y de lo que sea porque la política lo puede todo. Agradecido, sin embargo, a Ricardo Melchior por su cariñosa carta lamentando la coincidencia de actos y deseándome toda clase de éxitos, cosa que no hicieron otras autoridades y candidatos invitados.
Agradecido a los que ocuparon las primeras filas: José Rodríguez Ramírez, Ignacio González Martín, y el ¡único! presidente de cuantas sociedades soy socio o frecuento, Vicente Villacañas, del Náutico de Güímar. Y, cómo no, al presidente Domingo Febles y todo su "equipo" del Casino de Tenerife, por su apoyo incondicional al acto, por sus cariñosas palabras y, como siempre, por su magnífica introducción.
Complacido con los que con protocolaria antelación excusaron su presencia y con los que en el imprevisto del momento mandaron un mensaje o me dieron un "toque". Decepcionado con aquellos amigos/as, paisanos y/o militares, a los que no les dio la gana de ir, máxime cuando acudieron viejos amigos del "cole" y, más aún, con matrimonios que se atrevieron a coger la guagua desde el Puerto de la Cruz. Ya he dicho varias veces, y las que me quedan, que la verdadera amistad no consiste en verse todos los días, sino acudir en el momento preciso para el abrazo emocionado.
Emocionado con casi todos los medios informativos, especialmente el GRUPO EL DÍA, por la difusión sobre mi obra. Alegre, porque tras la publicación de mi libro, ya he recibido dos avisos (2) telefónicos (casi seguro que de sectores o ámbitos distintos) no sé si sólo para el insulto o para la amenaza, llamándome español, esquirol, franquista -cosa que ya me habían dicho antes- pero a la que esta vez añaden xenófobo y racista (?) y partidista: ¿de quién? Contento, digo, porque veo que más de uno y de dos ya están leyendo "Canarias hoy, en la España actual". Muchas gracias. Gracias a todos.
Pero en lo actual: las elecciones, que es lo que interesa ahora, preocupadísimo porque mosquea mucho que mientras que el fiscal general del Estado impide y prohíbe las denuncias sobre los unos en pro, dice, del sosiego y buen andar de las elecciones, admite y permite el que otros y otras vayan esposados a la cárcel (cámaras de televisión incluidas) causando, además de alarma social, estupor por el trato diferencial.
Más que diferencias, las dudas que me han entrado de quiénes son los que deciden las situaciones carcelarias de los delincuentes y asesinos: ¿el médico de cabecera, la enfermera, el carcelero, el director de la prisión, el director del hospital o la trompa de Eustaquio? O, ¿algún juez quizá?
Asustado porque, aparte de lo que estoy diciendo por escrito, me da la sensación de que el mismísimo y Excmo. Sr. ministro de Justicia, ¿igual para todos los españoles? en vez de permanecer encerrado en su despacho, quieto, silente y con la venda en los ojos para el sosiego de todos, me da la sensación, repito, de que con sus declaraciones públicas "políticosocio- costumbristaspartidistas" pueda inclinar el fiel de la balanza y no guarde el ansiado y discreto equilibrio que deseamos "todos" los ciudadanos. Cosa que, jurídicamente hablando, acongoja y, más aún, anímica y moralmente.
Por eso, moralmente debo aconsejar a aquellos empresarios querellados o delincuentes encarcelados que abran el ojo y no se les ocurra ponerse en huelga de hambre si no tienen ninguna amenaza que ofrecer, porque seguro que se quedarán en los huesos y morirán esqueléticos.
De vuelta a Canarias, ya en la cercanía de la arena amarilla del Sáhara, ojo a los aficionados a la política rastrera de la querella, la denuncia sin pruebas y al insulto fácil y de intromisión en la vida privada -al más puro estilo de don José Blanco, uséase, Pepiño "in albis"- no sea que en donde quieran buscar cárceles y mazmorras aparezcan los mártires sobre pedestales más altos todavía.
Y ya termino con lo que siempre digo en la radio: ¡no se crean las encuestas! Y, repito: ojo, no les salga el tiro por la culata.
En ese sentido, queridos lectores y electoras, mi consejo en estas votaciones es que abran bien el ojo, me refiero al izquierdo o al derecho, según se mire, que el otro cuanto más cerrado o apretado mejor. No sé si me explico. Después de las elecciones relájense u aflójense. De nada.
* Escritor, avisador y ojeador
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