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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Alcalde para siempre

22/may/07 01:37
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SE PREGUNTA ISAAC VALENCIA, alcalde villero desde hace tiempo, por qué no puede presentarse a las elecciones de 2011 si otros llevan más tiempo. Indudablemente. Cuando los primeros homínidos salieron de África, hace miles y miles de años, descubrieron asombrados que en una isla atlántica ya existía un alcalde de un entonces inexistente ayuntamiento, que respondía al nombre de Domingo Calzadilla. Sobra decir que cuando una hecatombe nuclear acabe con el planeta entero, o cuando el cambio climático nos arrase del todo con sus violetos huracanes, Calzadilla continuará siendo alcalde de Arafo.

Lo de Isaac Valencia en La Orotava no es tan largo. Este año cumplirá 27 en el Ayuntamiento de la Villa, todos ellos como primer edil salvo los cuatro primeros en los que fue concejal de Urbanismo; acaso una escuela para lo que ha hecho después, ya en su faceta de máximo mandatario. Dicho de otra forma, y recurriendo a cálculos que he esbozado en esta sección alguna vez, habida cuenta que durante los diez o doce primeros años de su vida cualquier está en babia -o cuando menos le importa muy poco quién es su alcalde-, nadie que tenga menos de 37 primaveras sobre sus costillas conoce otro regidor orotavense que no sea Valencia. ¿Esto es bueno o malo? Esa es la gran pregunta.

La Orotava, desde luego, funciona. Síntoma inequívoco de que una gestión municipal prolongada -siempre que sea sensata; simplemente sensata- resulta más eficaz que cambiar cada cuatro años; y a veces incluso antes de que transcurran los cuatro años que median entre el principio y fin de una legislatura. Basta ver lo que ocurre en el Puerto de la Cruz, ciudad que a día de hoy es una pálida muestra de su otrora esplendor. Asunto distinto es que perpetuarse en un cargo público más de tres décadas -Valencia ya amenaza con repetir en 2011; preciso es recordarlo- resulte sano para el funcionamiento democrático de las instituciones. En principio, si los electores pueden castigar a un mandatario no renovándole su confianza, nada impide, inclusive desde un punto de vista estrictamente moral, premiarlo con la permanencia. Sin embargo, algún inconveniente debe haber cuando quienes saben mucho de democracia lo prohíben taxativamente. Ocurrió con Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y uno de los políticos mejor considerado en Estados Unidos. Su acertada gestión de los asuntos municipales, de forma especial tras los atentados contra las Torres Gemelas, hizo que muchos se plantearan un cambio legislativo para que pudiese acceder a un tercer mandato. Al final pesó más el criterio de la limitación.

La gestión de Isaac Valencia tiene aciertos y sombras. Asuntos que no voy a mencionar hoy, a unos días de la cita con las urnas, simplemente porque parecería de mal gusto. Un mandato largo como el suyo también genera detractores. El otro día me comentaba un coburgo cabreado que sólo "por joderlo" pensaba votarle a IPO; el gran quitasueño del actual mandatario villero. Aunque no creo que eso le haga mucho daño. El poder le viene a Valencia de las medianías, y allí los coburgos convencen tan poco como IPO. Quizá lo peor para una democracia no sea la carencia de alternancia, sino la inexistencia de alternativas útiles.

rpeyt@yahoo.es

 

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