NI CORTA NI PEREZOSA, que va otra vez esa mujer enérgica y pizpireta con sus tenis deportivos de cámara de aire y, eso sí, traje liviano y algo oscurito para la ocasión, que todavía guarda debido respeto al difunto de su marido.
Como pasó con aquel viaje a La Coruña, a Doña Josefa le brillaban las pupilas cuando enfiló hacia el "finger" que daba a la inmensidad del aeropuerto milanés de Malpensa, donde la esperaba Tía Adri.
¡Qué ilusión esa cristiana! que casi se marcó un vals con su anfitriona de Lago Maggiore cuando ésta dejó por imposible su singular boquilla con medio cigarrito, que terminó guardando en el bolso.
-Ciao, Josefa, come stai?-preguntó también emocionada Tía Adri, que no dejaba de observar de soslayo los tenis psicodélicos de esa tan entrañable tinerfeña.
-¿Que si quiero come'? Qué cosas se te ocurren, mija, que ahora me zampaba yo sin chistar y de buena gana, después de tanta revoltura del avión del demonio, unos quesitos de esos de ustedes o esa polenta de las montañas. Ay qué rico, Santa María y José, con eso que es de pimiento.
-Alora... peperonata.
-No, no, nada de nata, Adri.
-Formaggio.
-¿Qué qué?
Nada, que Doña Josefa le cogerá el truco a cuatro palabras en italiano en esos días, que "grazie" lo pronunciará con gracia, y en el Fiat Panda de David Toscano hacia Stressa, no quita ojo a los paisajes de las "isolas", dando respingo ante los carteles ("uscita", qué bonito nombre para una gatita y no el de ese majadero de Micifú) y las mansiones del príncipe Borromeo.
Doña Josefa se cambia de calzado -para alivio de su amiga italiana- y le insta, apresurada, a ir a comerse un arrocito.
-¿Risotto cara?
-Ya me reiré, ya, cuando tenga la barriguita llena, que si Greñamillo viera estos quesos se indigestaría sólo con mirarlos.
Doña Josefa desconecta de problemas y apuros con nietos e hijos, y hasta se toma su copita de Chianti con mucha pausa, degustando todo lo que de bueno le llega a la mesa y fijándose en todo:
-Mira, a birra le falta la "i", sin sospechar que es el anuncio de una cerveza. Pero con el lenguaje universal de la comprensión y la paciencia, detalla a Tía Adri las mañas del último conejo salmorejo que le preparó a la familia por el día de Santa Clara, que la doña no rompe la promesa, en esa fecha, de reunir a todos sus seres queridos, incluido Greñamillo y, cómo no, también Micifú.
Entre chupito y otro, la cristiana elige un dedal de amaretto. Argumenta que lo que le faltaba a ella, una grappa en la barriga.
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